Desde la heterodoxia

Wall Street amenaza el legado de Obama

Preocupado y abatido por la situación de nuestra querida España, donde cada día queda más claro que aquellos que generaron la crisis, especialmente las élites bancarias, se van a ir de rositas, trataba de buscar un halo de esperanza fuera de nuestro país. Sin embargo, y para mi desazón, fuera de nuestras fronteras también pintan bastos.

Se acaba de publicar este mes un nuevo informe por parte de un think tank próximo al partido demócrata tremendamente crítico con Obama. Bajo el título, “Wall Street Record Threatens Obama Legacy, algo así como “el récord de Wall Street amenaza el legado de Obama”, nos recuerda la falta de acción y exigencia en lo que respecta a Wall Street por parte de la administración demócrata. El informe, publicado por el think tank Campaign for a Fair Settlement, es probablemente el análisis más crítico realizado por una coalición alineada tradicionalmente con los grupos demócratas.

El informe se abre con una lista condenatoria de hechos difícilmente discutibles. La Administración Obama aún no ha procesado a un solo banco relevante o ejecutivo de alto nivel por el fraude generalizado que condujo al colapso del sistema. Apenas se han impuesto sanciones administrativas a los altos ejecutivos, y las multas impuestas a los bancos han sido tan pequeñas que suponen un coste absolutamente insignificante para sus negocios.

El documento continúa desgranando cómo los acuerdos alcanzados han dejado bajo el control de los propios bancos la prestación de socorro y restitución a los propietarios de viviendas, dándoles en realidad crédito para que sanearan sus balances en vez de prevenir las ejecuciones hipotecarias. Todavía peor, lejos de mostrar signos de haber sido castigados, los mayores bancos son ahora todavía más grandes, debilitando los elementos clave de los proyectos de ley de reforma financiera aprobados a raíz del colapso.

El segundo mandato de Obama empieza mal

Cabría pensar que con el segundo y último mandato de Obama las cosas empezarían a cambiar. Sin embargo, los signos no pueden ser más desalentadores. Con la ausencia de cualquier tipo de mención a Wall Street o a los bancos, tanto en su segundo discurso inaugural como en el del Estado de la Unión de 2013, Obama parece estar actuando como si la crisis ya no existiera, en vez de hacer frente y curar las heridas aún supurantes derivadas del desmadre bancario y financiero.

Así, por ejemplo, las declaraciones del nuevo secretario del Tesoro, Jacob Lew, sugieren que el riesgo de los bancos sistémicos, los sujetos al riesgo moral “demasiado grande para quebrar" se ha solucionado en parte, cuando en realidad estudios recientes confirman como dichos bancos se benefician por mantener esa condición, obteniendo un subsidio implícito.

Cuando se analizan todos los resultados de la administración de Obama en sus relaciones con Wall Street, la conclusión no puede ser más desalentadora, el statu-quo se mantiene, y la vida apenas ha cambiado para los grandes bancos. Continúan haciendo dinero a manos llenas, mientras que el resto de la economía se ha quedado estancada y atascada, sin visos de recuperación sostenible y estable en el tiempo.

Lo peor de todo es que son absolutamente ciertas las siguientes palabras recogidas en el informe: “La ironía de todo esto es que las áreas en las que la administración Obama ha recibido más críticas por su manejo de redención de cuentas a Wall Street no son el resultado de diferencias irresolubles con el Congreso. En cambio, son zonas casi totalmente bajo el control exclusivo de la administración a través de sus poderes ejecutivos, principalmente a través de las distintas agencias”.

Por qué hay que someter al sector bancario

Obviamente, ustedes pueden preguntarse por qué mi obsesión por la ausencia de una actuación contundente hacia nuestros bancos o el comportamiento de Wall Street. La realidad es que los bancos sistémicos, auténticos monstruos enormes, dominan por completo nuestra economía, y cuando meten la pata, de manera que perjudican a los demás, incluso cuando se viola flagrantemente la ley, el hecho de que nunca se vean seriamente castigados significa que no tienen incentivos para refrenarse. Hasta que los gobiernos no corrijan este problema, el resto de la economía va a seguir sufriendo, y el riesgo de futuras crisis financieras seguirá creciendo.

Siempre he mostrado mi admiración profunda por Franklin Delano Roosvelt (FDR). Al iniciar la campaña electoral que le llevó a su segundo mandato, FDR ofreció en el viejo Madison Square Garden un discurso vibrante, donde hizo una descripción del gobierno del dinero organizado: “Durante casi cuatro años ustedes han tenido un gobierno que, en lugar de entretenerse con tonterías, se arremangó. Vamos a seguir con las mangas levantadas. Tuvimos que luchar contra los viejos enemigos de la paz: los monopolios empresariales y financieros, la especulación, la banca insensible, los antagonismos de clase, el sectarismo, los intereses bélicos. Habían comenzado a considerar al gobierno como un mero apéndice de sus propios negocios. Ahora sabemos que un gobierno del dinero organizado es tan peligroso como un gobierno de la mafia organizada. Nunca antes en nuestra historia esas fuerzas han estado tan unidas contra un candidato como lo están hoy. Me odian de manera unánime, y yo doy la bienvenida a su odio. Me gustaría que mi primer gobierno fuera recordado por la batalla que libraron el egoísmo y la ambición de poder. Y me gustaría que se dijera que durante mi segunda presidencia esas fuerzas se encontraron con la horma de su zapato”.

Franklin Delano Roosevelt, un político excepcional, cuando se enfrentó a una decisión similar a la de Obama o Rajoy hoy, tomó la elección acertada, a través de una avalancha de decisiones ejecutivas. Pero lo más importante que hizo no fue lanzar el New Deal, sino cortar las alas a la industria financiera a través de la ley Glass Steagall. ¿Quién será nuestro FDR?


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