OPINIÓN

Trump, piensen lo mejor y prepárense para lo peor

Las distintas propuestas económicas de Donald Trump se aproximan a un New Deal “a la Roosvelt”.

Donal Trump durante un mitin de campaña.
Donal Trump durante un mitin de campaña. EFE

En su momento detallé el programa económico de Donald Trump, profundamente keynesiano, diametralmente opuesto a la deriva libertaria de gran parte del Partido Republicano. Es necesario dar un paso más, ver qué posibles impactos económicos globales tendría la implementación conjunta de dichas medidas y cuál sería el efecto de medio y largo plazo en los mercados financieros globales. Pero permítanme una previsión, no se implementará.

Donald Trump incluye un plan de gasto en infraestructuras públicas de hasta un billón de dólares

Las distintas propuestas económicas de Donald Trump se aproximan a un New Deal “a la Roosvelt”. En primer lugar, se incluye un plan de gasto en infraestructuras públicas de hasta un billón de dólares. En segundo lugar se propone la subida del salario mínimo a 10 dólares la hora. Ambas medidas reactivarían el ciclo de inversión, estancado en la actualidad, y aumentaría la demanda efectiva. Si se financiara vía bancos centrales, no aumentaría la deuda, y, unido a lo anterior, se generaría inflación, lo cual beneficiaría a los deudores, de manera que en términos reales disminuiría. Alejaría además el miedo a la deflación por deuda. Este escenario permitiría recuperar los márgenes bancarios.

Glass Steagall, acuerdos de libre comercio, y áreas geográficas

Otro elemento significativo de las propuestas económicas de Donal Trump era el apoyo explícito al restablecimiento de la Ley Glass-Steagall. Esta ley, aprobada en 1933, en plena Depresión, separó la banca tradicional de la banca de inversiones con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de alto riesgo. Pero ya saben ustedes lo que pasó, los Clinton, junto con un grupo nutrido de congresistas republicanos y demócratas obedientes, anularon las protecciones establecidas por Franklin Delano Roosevelt en los días más oscuros de la Gran Depresión. Si se restableciese la Glass-Seagall, cosa que dudo, se reduciría la asunción de riesgos excesivos y disminuiría la excesiva financiarización de la economía global. Las presiones de los suyos, el Partido Republicano, lo hace prácticamente inviable. Pero ojalá.

El mayor peligro para el crecimiento económico global se deriva de la política comercial que pudiera seguir el nuevo ejecutivo yankee

Sin duda alguna el mayor peligro para el crecimiento económico global se deriva de la política comercial que pudiera seguir el nuevo ejecutivo yankee. Si la retórica sobre la globalización simplemente supone paralizar acuerdos de libre comercio, no tendría por qué impactar de manera negativa en el volumen de comercio global. El objetivo de estos acuerdos, tremendamente opacos, no es el comercio. Pretenden, por un lado, la privatización de servicios públicos, de manera que ya no puedan renacionalizarse (clausula trinquete o ratchet); y, por otro, disminuir y empeorar las exigencias y los requisitos laborales y medioambientales. Por lo tanto, su paralización sería beneficiosa para la ciudadanía. Si, por el contrario, se vuelve a una política arancelaria, habría una contracción del comercio mundial y aumentarían las tensiones chino-estadounidenses, con acción-reacción vía tipo de cambio.

Para analizar el impacto por áreas geográficas habrá que ver si el nuevo gobierno estadounidense, tal como recoge el programa de Trump, se dedica de lleno a la política interior y adopta una posición menos intervencionista, en un mundo cada día más multipolar. Si fuera así, asumiendo que no se vuelve a una política arancelaria, habría zonas claramente ganadoras, por ejemplo Rusia, e incluso la propia China, que reafirmaría su dominio en el sudeste asiático. Respecto a Europa, si al final los Estados Unidos ceden todo el protagonismo a Alemania, aumentarían las probabilidades de desintegración del euro, y, sin soberanía monetaria, España, altamente endeudada, se vería afectada muy negativamente.

Impacto en los mercados financieros

Bajo este análisis, asumiendo que ya hay una burbuja en casi todos los activos financieros, las consecuencias en los mercados según riesgo podrían ser las siguientes. En unos mercados bursátiles sobrevalorados, si no hay aumentos de aranceles con la correspondiente guerra cambiaria, podrían aceptarse múltiplos de valoración más altos. Por el contrario, si se inicia una política de aumento de aranceles, la sobrevaloración bursátil implicaría reversiones en los múltiplos de valoración ya no solo a la media sino a niveles de un solo dígito (“overshooting”), lo que implicaría descensos brutales en el medio y largo plazo, que podrían llevar al S&P 500 al entorno de 800-1000.

En todos los escenarios el dólar estadounidense se apreciaría, especialmente contra emergentes si hubiera una vuelta a los aranceles

Respecto a la renta fija, los tipos de interés oficiales repuntarán en todos los casos, y ello afectará negativamente a los bonos, tanto soberanos como corporativos, salvo, que de una vez por todas se utilice la Teoría Monetaria Moderna. En todos los escenarios el dólar estadounidense se apreciaría, especialmente contra emergentes si hubiera una vuelta a los aranceles. En este caso, cuidado con las devaluaciones programadas del yuan.

Por áreas geográficas Estados Unidos lo haría mejor que Europa. Dentro de Europa habría un empeoramiento relativo de países deudores (España). Respecto a Emergentes, todo dependerá de la política arancelaria. Sin nuevos aranceles, las bolsas y bonos emergentes lo harían mejor que el resto en términos relativos.

Al final, como siempre, habrá que ver y esperar, aunque ya saben mi lema favorito: piensen lo mejor y prepárense para lo peor.


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