Desde la heterodoxia

¿Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos? ¡No, gracias!

Las negociaciones alrededor del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos reflejan el enésimo intento de las élites extractivas de mantener sus tasas de ganancia a costa de sus conciudadanos. Como cualquier grupo mafioso organizado que se preste, bajo la penumbra de la luz de las velas, tratan de llegar a acuerdos tácitos ocultos al margen de todo control democrático. Y de esa manera imponernos un nuevo trágala, en nombre de la enésima postmodernidad. ¡Ya se encargarán sus medios de comunicación, los muy demócratas, de vender la burra!

En realidad detrás de las negociaciones del Tratado de Comercio Transatlántico se esconde una profunda vulnerabilidad de quien lo propone. Por un lado, el promotor del mismo, los Estados Unidos, cuya deuda es impagable y ya nadie quiere financiar. Barack Obama, en sus últimos viajes por Asia y Europa, se ha dedicado a mendigar y “amenazar” a unos y a otros. Pretende que le sigan financiando una deuda pública y privada impagable, que se acerca inexorablemente a los 60 billones de dólares, más de la mitad de la deuda planetaria.

Además, en última instancia, los Estados Unidos tratan de evitar que su divisa, el dólar, pierda el estatus de moneda reserva global. Las compras acumuladas interanuales de deuda soberana estadounidense por parte de extranjeros han pasado de rondar los 800.000 millones de dólares en 2010 a apenas unos cicateros 100.000 millones actuales. ¿Se imaginan qué pasaría si el dólar abandonara el estatus actual?

El instinto de supervivencia de las élites

Pero el intento de acuerdo comercial también refleja la vulnerabilidad de las élites capitalistas occidentales. Al igual que a mediados de los 90, han aprovechado la actual crisis sistémica para diseñar una nueva huida hacia adelante a través de una política monetaria excesivamente expansiva que ha conllevado un nuevo proceso de endeudamiento, esta vez de deuda soberana, y la madre de todas las burbujas.

La expansión monetaria, la devaluación interna, y el crecimiento de la deuda soberana ilegítima les han permitido recuperar la caída de la tasa de ganancia del capital y, sobre todo, seguir financiación un gigantesco proceso de acumulación y adquisición de riquezas por todo el globo, en favor de las grandes multinacionales y de la “superclase”. Se trata de un proceso de acumulación y generación de desigualdades sin parangón en los últimos 50 años, especialmente por y para una gerencia empresarial que apenas representa el 1 por diez mil de la población –véase la ingente obra de Thomas PykettiLe Capitel au XXIe Siecle”.

Sin embargo, la desigual distribución de la renta, la sobrevaloración global de los distintos activos financieros e inmobiliarios, junto a los límites físicos y energéticos del planeta, abortaran este nuevo intento de fuga hacia delante. Por eso ya tienen preparado nuevas formas de mantener las tasas de ganancias. Y es aquí donde entra en juego el Tratado de Comercio Transatlántico. Entre otras cosas presupone, a través de la información aportada en documentos secretos que han salido a la luz, y que hemos ido conociendo estos días, nuevas privatizaciones y liberalizaciones de servicios públicos -educación, sanidad, agua, energía, transporte…- para que los mismos que nos han arruinado continúen ganando dinero.

Si se implementara esa hoja de ruta, y espero que una contundente contestación de la ciudadanía europea lo impida, supondría un empeoramiento adicional de los servicios básicos. Lo siento, pero el servicio ferroviario de Reino Unido o los Estados Unidos deja mucho que desear, la sanidad estadounidense es una de las más caras y menos eficientes del mundo, véase el Índice Bloomberg de salud, donde aparece por debajo de Irán.

Área monetaria del hemisferio occidental

Pero hay otro problema adicional. China se ha hartado definitivamente del dólar, y a lo largo de los últimos meses ha ido poniendo las bases de lo que supondrá la ruptura de una de las grandes tendencias globales de largo plazo. Nos referimos al final del dólar como moneda reserva global. Dicha ruptura viene precedida, sin embargo, por la terminación de otra tendencia relativa a los últimos 15 años, y, por lo tanto de medio plazo. Las compras masivas de deuda gubernamental estadounidense por parte de China, el principal país acreedor del mundo, se acabaron.

Estas tendencias han llevado a las elites occidentales y sus apéndices operativos a diseñar a la desesperada una estrategia orientada a facilitar la creación de un área monetaria del hemisferio occidental, unificando el euro y el dólar, en el intento de mantener un privilegio que no tiene ningún otro estado planetario: imponer en todas las transacciones comerciales y financieras globales esta nueva moneda. Tratarán de mantenerla como unidad de reserva para las áreas del planeta que tienen superávit frente al área OCDE. Sin embargo, ya es tarde. La economía de China ya tiene plena capacidad de bloqueo y de imposición de los Derechos Especiales de Giro, para atacar la sobredosis de dólares, y evitarlos como reserva internacional, haciendo imposible la estrategia “euro-dólar”.

Dentro de la Unión Europea, tanto las élites financieras británicas, y sus paraísos fiscales, como las elites industriales alemanas, impulsan este diseño monetario, especialmente estas últimas porque les permitiría acceder nuevamente a un mercado mundial donde pasar a exportar sin riesgos de divisas. Y de paso actualizar la naturaleza real de las políticas de “austeridad fiscal expansiva”: reducción del gasto público, profundización de las privatizaciones, desfiscalización continua de las actividades empresariales, endurecimiento de las prestaciones públicas, debilitamiento de las legislaciones laborales, y un largo etcétera. Ergo, ¿Tratado de Libre Comercio Transatlántico?, ¡No, gracias!


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