Desde la heterodoxia

Timothey Geithner, ese pájaro de mal agüero

Cuando el Partido Republicano, que legaba la herencia de George Washington Bush, perdió las elecciones presidenciales en noviembre de 2008, no pude reprimir una alegría incontrolada, como la inmensa mayoría de ciudadanos de buena fe. Estados Unidos, y el mundo en general, cerraban una página negra de su historia. A Bush le sustituyó Barack Obama. El otrora senador por el estado de Illinois cautivó con un discurso en el que la palabra cambio ancló las esperanzas de millones de ciudadanos, deseosos de dejar atrás la administración neoconservadora de George W. Bush, con sus múltiples guerras y una crisis económica en ciernes.

Sin embargo, cual precavido que soy, y después de tantas desilusiones, decidí esperar a los nombramientos del nuevo equipo económico de Obama, que es el pequeño ámbito donde puedo opinar algo, para ver si realmente se iba a producir un cambio.

Cuál fue mi desilusión al ver que Obama nombraba secretario del Tesoro a Timothey Geithner, y como economista jefe de los asesores económicos de la Casablanca a Lawrence Summers. Se trata de dos hombres al servicio de Wall Street, y, claro está, iban a defender los intereses de su amo. Y debo reconocer que han hecho muy bien eso de servir a su amo. A partir de aquí mis esperanzas en Barack Obama decayeron exponencialmente. Vamos que si deseaba ver en la figura de Obama un nuevo Roosvelt lo tenía claro, “rien de rien”, que dirían los franceses.

Sobre Lawrence Summers ya se ha escrito mucho. Sin embargo, sobre Timothey Geithner se ha hablado menos. Simplemente me centraré en dos hechos que tiene que ver con Europa. Ambos reflejan que con semejantes amigos Europa no necesita enemigos.

Rescate irlandés: la interferencia de Geithner

En un magnífico artículo publicado en el Irish Time Morgan Kelly, un académico irlandés, detalla las discusiones sobre el rescate irlandés de finales de 2010. Frente al interés del FMI de que hubiera quitas -magnifica visión de la actual crisis económica y financiera del mal logrado Strauss Kahn-, el BCE, y el hombre de Wall Street, Timothy Geithner, se opusieron.

Geithner, junto con el BCE, en su labor de “independencia” siempre han defendido a los acreedores, cuando las experiencias más exitosas, especialmente el rescate bancario sueco de 1992, quienes lo pagaron básicamente fueron los acreedores.

De nuevo tanto Geithner, como el BCE, han servido perfectamente a su amo: ¡que los ciudadanos incautos paguen los estropicios de la banca! La receta es conocida, amargo aceite de ricino: ajustes presupuestarios, rebajas salariales, incrementos de la jornada laboral, retraso en la edad de jubilación, y un largo etcétera de pérdida de tantas conquistas que costaron sangre, sudor, y lágrimas a nuestros antepasados, y que algunos desalmados quieren ahora desmantelar.

Grecia: el acuerdo secreto de Geithner con dirigentes de la Unión Europea

En una reciente entrevista Michael Hudson, profesor de economía en la Universidad de Missouri y asesor económico de distintos gobiernos –China, Islandia, y Lituania entre otros-, pone de manifiesto el papel del pájaro Geithner en la crisis griega. En otoño de 2011, resultaba evidente que Grecia no podría saldar su deuda pública. La UE sacó la conclusión de que había que depreciar esa deuda en un 50%. La alternativa a eso era la quiebra sobre el total de la deuda.

Esta quita griega del 50% parecía radical, pero los bancos europeos ya habían cubierto sus apuestas y subscrito seguros de impagos: los bancos norteamericanos se hacían cargo de buena parte de esos seguros. En diciembre de 2011 el secretario del Tesoro de Obama, el señor Geithner, viajó a Europa para reunirse con los dirigentes europeos y exigirles que Grecia depreciara su deuda sobre la base de quitas voluntarias por parte de bancos y acreedores. Explicó que los bancos norteamericanos habían apostado a que Grecia no quebraría, y que, por lo mismo, su situación patrimonial neta era tan precaria que, si tenían que pagar por su mala apuesta, irían a la quiebra.

Geithner amenazó con cargarse a los bancos y a las economías europeas, quería evitar que los bancos estadounidenses pagarán por los seguros colateralizados de impagos (CDOs) y por otras apuestas en las que habían vertido miles de millones de dólares.

Los europeos estallaron de indignación. Pero Geither terminó por ofrecerles un trato: la Casa Blanca permitirá la quiebra de Grecia. Pero los EEUU necesitaban tiempo. Convino en abrir una línea de crédito de la Reserva Federal (FED) al Banco Central Europeo (BCE). La Fed suministraría dinero para prestar a los bancos en el ínterin cuando las finanzas de los gobiernos europeos desfallecieran. Se daría tiempo a los bancos para que pudieran deshacer sus garantías de quiebra. Al final, el BCE sería el acreedor.

El BCE y presumiblemente la Fed cargarían con los costes, “a expensas del contribuyente”. Los bancos estadounidenses y también los europeos evitarían así cargar con unas pérdidas que se llevarían por delante su situación patrimonial neta. Un nuevo regalo para los bancos, y nuevos ajustes para los ciudadanos.

Obama no es Rooslvelt

Siempre he mostrado mi admiración profunda por Franklin Delano Roosvelt (FDR). Al iniciar la campaña electoral que le llevó a su segundo mandato, FDR ofreció en el viejo Madison Square Garden un discurso vibrante, donde hizo una descripción del gobierno del dinero organizado. Simplemente incorporo aquella parte del mismo donde FDR aludió al gobierno del dinero organizado, tan peligroso como la mafia:

“Durante casi cuatro años ustedes han tenido un gobierno que en lugar de entretenerse con tonterías, se arremangó. Vamos a seguir con las mangas levantadas. Tuvimos que luchar contra los viejos enemigos de la paz: los monopolios empresariales y financieros, la especulación, la banca insensible, los antagonismos de clase, el sectarismo, los intereses bélicos. Habían comenzado a considerar al gobierno como un mero apéndice de sus propios negocios. Ahora sabemos que un gobierno del dinero organizado es tan peligroso como un gobierno de la mafia organizada. Nunca antes en nuestra historia esas fuerzas han estado tan unidas contra un candidato como lo están hoy. Me odian de manera unánime, y yo doy la bienvenida a su odio. Me gustaría que mi primer gobierno fuera recordado por la batalla que libraron el egoísmo y la ambición de poder. Y me gustaría que se dijera que durante mi segunda presidencia esas fuerzas se encontraron con la horma de su zapato”.

Pues eso, Obama no es Roosvelt.


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