OPINIÓN

Segundo aniversario del OXI

El ejemplo de Grecia demuestra que el euro tal como está diseñado no funciona, es inútil. Se reduce a una mera relación acreedor-deudor, donde el sur de Europa está condenado a la miseria.

Segundo aniversario del OXI.
Segundo aniversario del OXI. EFE

Se cumplen dos años del OXI, el intento de la ciudadanía griega de no someterse al dictado de poderes no democráticos. Es la enésima historia de cómo las aspiraciones de mejoras de un pueblo, en este caso el griego, fueron abruptamente finiquitadas por la guillotina de unas élites incapaces de asumir su alícuota parte de responsabilidad. Es la historia de un saqueo, y un ejemplo clarividente del fracaso de la Unión Europea.

En el momento actual estamos en un período de transición, falsa ilusión, que ha permitido a la Unión Europea ganar tiempo. Pero no nos engañemos, o se modifica radicalmente la concepción de la misma tal y como la conocemos ahora –ojalá Emmanuel Macron enarbole esta bandera de manera activa-, o, cuando vengan mal dadas, volveremos a las andadas. Pero retrocedamos en el tiempo al segundo aniversario del OXI.

Como detalla Yanis Varoufakis, fue la Troika quien le había organizado un pánico bancario antes incluso de que se trasladará al ministerio

Después de que los dos partidos tradicionales –PASOK y Nueva Democracia-, animadores principales de la Troika, arruinaran el país, llegó  Syriza al poder. Desde el minuto cero le hicieron la vida imposible. Como detalla Yanis Varoufakis, fue la Troika quien le había organizado un pánico bancario antes incluso de que se trasladará al ministerio, amenazándole con el cierre de los bancos tres días de que asumiera el ministerio. Como señala Yanis, ”la Troika se mostró inmensamente entusiasta de culpar a sus víctimas, y en violar y vilipendiar a cualquiera que se atreviera a resistir su brutalidad”. En esas mismas fechas se publicó el Informe de la Oficina de Evaluación Independiente del FMI. Suponía una crítica brutal a los supuestos y asunciones económicos de la Troika y todo lo que hasta ese momento se había hecho. ¿Sirvió de algo? ¡No! Al revés, tras la llegada de Syriza, doble taza.

Syriza se equivocó -estuvo acertado Yanis en salir del gobierno y presentar su dimisión-. El acuerdo alcanzado con la Troika supuso una humillación, una imposición que no  solucionaba el problema de fondo, una deuda impagable. Pero había que dar un escarmiento a quien osara levantar la voz ante semejante panda de incompetentes y analfabetos económicos. Aunque en realidad esa panda defendía los intereses de clase de los auténticos responsables de la crisis sistémica, el sistema bancario. Estoy ansioso de ver que proponen los teutones cuando alguno de sus bancos estrella acabe colapsando en un futuro no muy lejano.

El ejemplo de Grecia demuestra que el euro tal como está diseñado no funciona

El ejemplo de Grecia demuestra que el euro tal como está diseñado no funciona, es inútil. Se reduce a una mera relación acreedor-deudor, donde el sur de Europa está condenado a la miseria. Lo que se derivó de dicho acuerdo, aceptado incomprensiblemente por Syriza, fue más austeridad, más recortes de pensiones y salarios, más privatizaciones, más pobreza. Grecia debía haber abandonado el euro

Retrocedamos a 2013

Ya en 2013, concretamente el 5 de junio, en un documento interno confidencial del FMI publicado por el Wall Steet Journal, el organismo multilateral reconocía que la troika –FMI, Comisión Europea y el BCE- subestimó los efectos negativos de las políticas de austeridad aplicadas en Grecia. Siendo muy grave las consecuencias perversas del austericidio, hay algo todavía peor, que roza la desvergüenza y deslegitima el papel de las instituciones europeas y de los gobiernos nacionales.

El FMI admitía en dicho informe que incumplió sus propias reglas al no darse cuenta que la creciente deuda de Grecia era insostenible. A partir de esta idea, el organismo multilateral se mostró muy crítico con el retraso en la reestructuración de la misma, que se produjo en mayo de 2012, dos años después del acuerdo inicial de rescate a Grecia. Ello se debió a la actitud indeseable de algunos países de la Eurozona, cuyos bancos tenían demasiada deuda soberana helena. Nos referimos, claro está, a Alemania y a Francia. Y sólo después de que sus bancos redujeran considerablemente su exposición a dicha deuda gubernamental, aceptaron, mejor dicho, promovieron, una reestructuración de la deuda estatal griega, que se trasladó básicamente a los ahorradores griegos, ya de por sí suficientemente vilipendiados y humillados por las políticas de la troika.

Se favoreció a todos aquellos que tomaron posiciones de riesgo -bancos alemanes, franceses, estadounidenses e ingleses- con el fin de obtener rendimientos más altos a los de su deuda soberana

Se hizo todo lo contrario a fomentar políticas económicas de crecimiento y estabilidad, tendentes a rescatar de facto a los ciudadanos griegos. En realidad se favoreció a todos aquellos que tomaron posiciones de riesgo -bancos alemanes, franceses, estadounidenses e ingleses- con el fin de obtener rendimientos más altos a los de su deuda soberana. Y son ellos quienes deberían haber asumido las consecuencias de la insostenibilidad de la deuda pública griega. Cuando lo único que se hace es someter a la población a un durísimo programa de austeridad, con el fin de evitar pérdidas a inversores privados que asumieron mucho riesgo, la situación, además de inmoral, ralla lo delictivo. Y de aquellos barros estos lodos, porque no crean ustedes que todos estos energúmenos asumieron su mea culpa, ¡qué va!, y así año tras año, austeridad tras austeridad, humillación tras humillación.

El auténtico problema, Alemania

Alemania es el problema. De manera persistente presenta una insuficiencia crónica de demanda, y su objetivo es colocar fuera sus excedentes de producción para alcanzar el pleno empleo (superávits por cuenta corriente), mediante mejoras de su competitividad a través de una disciplinada clase trabajadora. Estos superávits se traducen en déficits para el resto de países, que reciben el ahorro alemán, generándose burbujas financieras y procesos de endeudamiento en los países del Sur. Cuando al final las burbujas acaban estallando, se entra en una dinámica perversa acreedor-deudor, que acaba hundiendo al deudor.

Como Alemania no quiere incurrir en un déficit por cuenta corriente, saludable para el resto, la solución requiere una extinción de la deuda

Como Alemania no quiere incurrir en un déficit por cuenta corriente, saludable para el resto, la solución requiere una extinción de la deuda porque ésta inhibe la demanda y lastra el dinamismo de la economía. ¿Cómo se puede extinguir esta deuda en el seno de la UEM? Varias posibilidades: quiebra de los deudores, expropiación del patrimonio de los países deudores (privatizaciones, recortes salarios y pensiones), o el default. Pero siempre hay una alternativa, que los países del Sur se salgan del euro. De esta manera el crecimiento hipertrófico de la deuda cesaría y la existente podría pagarse sin conflicto, de forma acordada entre países deudores y acreedores, si a éstos, los acreedores, les interesa cobrarla. Conforme pasa el tiempo, y ante la negativa a un proceso de reestructuración de la deuda, hasta aquellos que defendíamos nuestra permanencia en el euro empezamos a tener nuestras serias dudas.


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