Desde la heterodoxia

Por qué la Reserva Federal debe subir los tipos de interés

Sí, es cierto, estamos en un mundo en clara desaceleración económica, a punto de entrar en recesión. Pero a pesar de ello, apostamos y deseamos que la Reserva Federal suba los tipos de interés. La razón es muy sencilla, la nueva burbuja que han generadoha ido demasiado lejos. Si tienen un mínimo de sentido común, los Bancos Centrales deberían deshacer parte del desastre que han montado. Ya no solo se trata de una sobrevaloración en los activos de riesgo y/o un aumento extraordinario de las desigualdades –dichos activos están en pocas manos–. El problema que han generado es más profundo. La deuda soberana podría generar pérdidas notorias globales, no solo por el riesgo de tipos de interés, sino, sobre todo, por riesgo de impago. La transferencia de riesgos privados a balances de entidades públicas –más deuda pública y balances de bancos centrales atestados de deuda– ha sido brutal.

Cuanto más se infle la actual burbuja en los mercados financieros, tanto peor será el desastre que nos aguarda

Por eso, cuanto más tarden en pinchar el bluf que han generado, cuanto más se infle la actual burbuja en los mercados financieros, tanto peor, mayor será el desastre que nos aguarda, que ya de por sí será suficientemente dramático. La próxima crisis global que ya nos acecha será dirigida por el estallido de algún activo de riesgo soberano. Concretamente el próximo momento “Ponzi” en el proceso de inestabilidad financiera “a lo Hyman Minsky” será el colapso de uno de los principales países desarrollados –España podría ser uno de ellos–. En este contexto, al igual que pincharon una burbuja inmobiliaria que había ido demasiado lejos, deben de subir tipos de interés ya. Pero antes es obligado extraer varias lecciones de política económica y ajustar cuentas con las élites políticas, económicas y académicas que han permitido semejante aberración.

Ajustando cuentas

La política económica implementada en la mayoría de las democracias occidentales desde el inicio de la actual crisis sistémica se diseñó al margen de la defensa de los intereses de la ciudadanía. Se empeñó en reconstituir el sistema existente con el objetivo último de favorecer de manera permanente a la clase dominante, los más ricos, los intereses corporativos, mientras que dejaban a los ciudadanos, especialmente a los más pobres, con una sensación de impotencia y desesperación política.

A diferencia de la mayoría de los ciudadanos, la élite bancaria y financiera tenía la mayor parte de su riqueza financiera en activos de deuda y derivados de todo tipo, que se hubiese evaporado casi por completo si en plena crisis de 2008 se hubiesen dejado caer a los bancos. Si se hubiese reestructurado el sistema bancario y se hubiera reducido su tamaño acorde con la economía real, hubiesen sido los más ricos y poderosos los grandes perdedores. Obviamente no lo toleraron. En su lugar, diseñaron una estructura de ahorro para la economía en la que su riqueza se mantenía, así como las instituciones que la controlaban, pero lo hicieron a costa de la ciudadanía. Entre esas instituciones, muñidoras del ajuste de cuentas con la ciudadanía, están, obviamente, los Bancos Centrales.

En el diseño de la estrategia colaboró activamente la ortodoxia académica, englobada en el Consenso de Washington. Ésta propuso, utilizó, y continúa usando, dos líneas básicas de política económica en lo que ya calificamos como una cínica perversión de las mismas, perturbando el uso para el cual fueron diseñadas. Se dice que con ello se pretendía estimular la demanda, cuando en realidad se fomentó la especulación, la pobreza y la miseria.

Por un lado, una política monetaria expansiva al servicio exclusivo de lasélites, especialmente las bancarias, como venimos denunciando desde estas líneas. Se trata de la peor droga de diseño generada en las últimas décadas, la expansión cuantitativa. Da una sensación de tranquilidad y protección cuando en realidad lo único que genera es un estado de nirvana, una mera ilusión óptica, vía inflación de activos. Paralelamente, se produjo una pavorosa expansión de la deuda pública en la práctica totalidad de las democracias occidentales con el objetivo último de financiar a terceros, sanear sus desaguisados. De ahí que el próximo Lehman Brothers será uno de los grandes países occidentales, cuya caída arrastraría al resto. Obviamente este colapso también se llevaría por delante al sistema bancario occidental.

La Reserva Federal sabe que está atrapada en su mentira. Si no sube los tipos de interés hará más sistémica la crisis

El gran dilema

Eh ahí el dilema de la Reserva Federal. Sabe que está atrapada en su mentira. Si no sube los tipos de interés hará más sistémica la crisis; las consecuencias cuando las múltiples burbujas finalmente estallen serán todavía peores. Pero si sube ahora los tipos de interés, se producirán importantes pérdidas en los mercados financieros, tanto en los activos de más riesgo como en los de deuda soberana, y posiblemente diversos bancos sistémicos y algún que otro país podrían tener serios problemas.

La economía global ya se está desinflando; el ciclo secular de los últimos 30 años se agota, se acabó. La pregunta es si se quiere realmente aprovechar la situación para crecer todos juntos o, por el contrario, las élites siguen aprovechando la crisis sistémica para ajustar cuentas con la ciudadanía. Si optan por ello, corren el riesgo de que finalmente la ciudadanía les pase por encima. Los gobiernos deben empezar a reconocer que la equidad y la desigualdad, y la necesidad de compartir los beneficios del crecimiento más ampliamente son temas cruciales del futuro. Si no lo hacen, el polvorín social les acabará estallando. Y realmente queda menos tiempo del que creen disponer. En realidad ya no controlan nada.


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