Desde la heterodoxia

Reino Unido y EE.UU. están peor que Europa

La semana pasada el gobernador del Banco de Francia, Christian Noyer afirmó que antes que recortar el rating a Francia la amenaza debería dirigirse a Gran Bretaña, cuya situación económica es más delicada. Reino Unido tiene más déficit público, acumula más deuda, presenta una mayor inflación, y crece menos que Francia.

Noyer vuelve a poner encima de la mesa una vieja disputa: las agencias de rating, así como los análisis económicos y estadísticos que se ofrecen desde Wall Street y la City, están al servicio de los países anglosajones.

En los últimos dos años asistimos a continuos reproches hacia Europa por parte de las autoridades económicas estadounidenses y británicas. Y qué decir de los medios de comunicación anglosajones, así como de las previsiones económicas de los diversos bancos de inversión ubicados en la City y Wall Street. El tema de la desintegración del Euro, empieza a ser cansino, si detrás no ocultara, algo más grave, la brutal acumulación de deuda privada y pública de Estados Unidos y Reino Unido, que no podrán pagar, y la degradación económica, política, y social en la que ya están inmersos.

La crisis griega

La crisis griega, en mayo de 2010, fue utilizada para desviar la atención del importante riesgo británico originado por una situación presupuestaria explosiva y una situación política peligrosa. El Reino Unido implantó un plan de drásticos recortes presupuestarios en los trimestres que siguieron a la llegada al poder de David Cameron, que hasta el mismísimo FMI, mucho menos ideológico que hace algunos años, vacilaría en imponer a Gran Bretaña. Sin embargo, la economía inglesa ha sido incapaz de disminuir el déficit público, a pesar de los recortes, y se encuentra completamente estancada, el PIB del tercer trimestre de 2011 creció un 0,5% interanual, prácticamente en recesión.

¿Cuál es el problema de Reino Unido? La excesiva acumulación de deuda pública y privada, la segunda mayor del planeta en porcentaje sobre el PIB, alrededor del 500%, y que no podrá pagar. Como consecuencia se produce un desendeudamiento en los sectores privados, donde las familias disminuyen el consumo y las empresas reducen proyectos de inversión, y empiezan a funcionar los estabilizadores automáticos, es decir, menos ingresos fiscales, y, a pesar del duro ajuste fiscal, más gastos. Resumiendo, más deuda pública sobre PIB.

Estados Unidos pierde la AAA

A partir del verano de 2011 de nuevo surge el tema recurrente de Grecia, con el subsiguiente contagio a Portugal, Irlanda, Italia, y España. Qué casualidad, ello coincide con el estancamiento y la ausencia total de generación de empleo de la economía estadounidense, y las previsiones, desde instituciones e inversores independientes, de que podría entrar en recesión. Además Standard and Poor’s degradó su calificación financiera a AA+. Y todo ello en un contexto que puso de manifiesto al mundo el estado de parálisis general de su sistema político, incapaz de implementar seriamente la más mínima medida de reducción de sus déficits.

¿Cuál es el problema de los Estados Unidos? El mismo que en Reino Unido, la brutal acumulación de deuda privada y pública, que se acerca, utilizando los datos de la Reserva Federal, al 400% del PIB. Gran parte de la mejoría de Estados Unidos desde finales de 2009 se debió, por un lado, a los impulsos fiscales que Estados Unidos implementó en 2010, frente a los duros ajustes fiscales de los países occidentales más relevantes; y, por otro, a la política monetaria de la FED, que vía expansión cuantitativa, generó una inflación de activos.

Sin embargo, la insostenibilidad del rápido crecimiento de la deuda pública, al igual que el fracaso de la expansión cuantitativa de la FED, al estar en trampa de la liquidez, hace que este repunte en la actividad económica sea efímero. Estados Unidos replicará el patrón de Reino Unido, una vez que la política fiscal expansiva se vuelva simplemente neutral.

Presión sobre Europa

En este contexto, Estados Unidos y Reino Unido sugieren a Europa que continúe e implemente medidas de política económica que han fracasado en ambos países, como son una expansión del balance del BCE, y una recapitalización de los bancos europeos con dinero público, sin limpiar balances ni tocar acreedores. Además, reclaman un ajuste fiscal en los países periféricos del sur de Europa, y un control salarial en los mismos.

Existe una clara alternativa a las recetas propuestas, que forzosamente pasaría, en países como España, Reino Unido, o Estados Unidos, por una reducción del tamaño del sector bancario, obligando a que la mayor parte del coste del ajuste del sistema financiero global recaiga sobre los acreedores, siguiendo la experiencia del rescate sueco de 1992 o la experiencia islandesa 2008.

Como consecuencia del reconocimiento del menor valor del activo del sistema bancario, y su ajuste en el pasivo a través de los acreedores, se produciría una reducción de la deuda privada y pública mediante quitas de deuda para familias y empresas, siguiendo la experiencia del Home Owner´s Loan Corporation de Roosvelt en la Gran Depresión.

Los mercados deben asumir sus riesgos integramente

En un proceso de construcción europea lleno de visiones contradictorias sobre los métodos y soluciones, la vieja Europa, al final, acabará poniéndose de acuerdo, pero bajo dos premisas cada día más exigidas por los ciudadanos europeos. Por un lado, salvar bancos privados no sirve para resolver la crisis y es necesario que los mercados asuman sus riesgos íntegramente, y, por otro, derivado de lo anterior, los acreedores privados asumirán tanto en deuda pública como bancaria las correspondientes quitas.


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