Desde la heterodoxia

Reiniciando la democracia

Si echamos una mirada en derredor de nuestro país inmediatamente cunde el desánimo. La democracia está siendo devorada desde dentro, a marchas aceleradas. Lo peor es que había señales de advertencia, muy claras, pero las ignoramos. En la década de los 80 las élites empezaron a fraguar el gran negocio, y de una manera muy sutil iban perfeccionando su capacidad de presionar e influir, guiados por un instinto de clase depredador y el diseño de una conspiración continua contra la ciudadanía, contra la democracia. Ese proceso se ha acelerado tras la crisis sistémica de 2008. Mientras todo iba bien, y había algo que repartir a la plebe, más o menos todo iba cuadrando. Pero cuando ya no hay nada que repartir y además se trata de rescatar y ayudar a los que mandan la cosa cambia. Sale a la luz la gran mentira.

La “superclase” hace tiempo que decidió que la democracia era una amenaza para su riqueza y poder, y empezó a maquinar como neutralizarla

La “superclase” hace tiempo que decidió que la democracia era una amenaza para suriqueza y poder, y empezó a maquinar como neutralizarla, obviamente sin dar la sensación de que lo estaba haciendo. Hay que sustentar la apariencia externa de democracia, con el fin de mantenernos tranquilos y entretenidos, a la vez que se elimina cualquier sustancia de ella. En nuestro país, como en la inmensa mayoría de las democracias de nuestro entorno, determinadas fundaciones, grandes corporaciones e individuos profundamente ricos se dedican a financiar, directa o indirectamente, centros de pensamiento que simplemente producen estudios con resultados sesgados a su ideología y sus intereses. Pero ahora ya no hay sutileza que valga, han entrado a saco en los grandes medios de comunicación escritos y hablados, y en la mayoría de ellos, mediante un riego generoso de euros, solo se da voz a aquellos que justifican lo que hay y que incluso hacen que el sistema parezca hasta piadoso. Además si hace falta se les crea puestos ad hoc.

Lo sustantivo es mantener todo como está con el fin de continuar aplicando de manera sistemática aquellas políticas distópicas empeñadas en reconstituir el sistema existente. El objetivo no es otro que favorecer de manera permanente a la clase dominante. Para eso, y por eso, el interés de la ciudadanía en participar en la vida pública lo han rebautizado como "populismo mal informado”.

El fracaso del proceso de selección natural

Desde un punto de vista económico, para ayudar a encubrir este continuo latrocinio, se necesitaba un determinado brillo intelectual atractivo. Así intelectuales públicos y subvencionados fueron reclutados para convertir la globalización, el neoliberalismo y el consenso de Washington en un sistema de creencias teológicas. La ciencia sombría de la economía se convirtió en un milagro de la fe. Wall Street y la City brillaban como la nueva tierra prometida, pero muy pocos percibieron que aquellos ángeles que bailaban alrededor de sus cabezas eran realmente chamanes. La codicia se transformó en una virtud.

Se ha evaporado más un 30% de la riqueza promedio de las familias

Pero al final la inmensa mayoría de la gente acabó perdiendo. Se ha evaporado más un 30% de la riqueza promedio de las familias. Muchas familias no solo no han salido de la crisis, sino que se adentran más profundamente en ella. Todavía tienen que cargar con una deuda onerosa; sus salarios se ven menguados; y sus pensiones de jubilación futuras, y aún no lo saben, serán anémicas. Todo esto fue cínicamente definido como una mejora en el proceso de selección natural. Chorradas. Esta doctrina de "progreso" nos lleva de nuevo a la selva.

En teoría política existe suficiente literatura que advierte contra el poder de las facciones privilegiadas para capturar la maquinaria de las democracias. Hay que desconfiar, incluso detestar, el poder privado concentrado, y es necesario erigir salvaguardias para evitar que éstos subviertan el principio moral y político básico de toda democracia, y que debería comenzar así: "Nosotros, el pueblo". Pero las hienas han acabado devorándonos. Las grandes empresas, esas que no pagan un euro de impuestos, pobrecitas ellas, y sus colaboradores, generosamente regados con dinero por doquier, han contado con el apoyo del establishment político para legitimar una desigualdad creciente en la renta y riqueza, para proteger las redes de privilegios y monopolios de las principales industrias. Una mención especial merecen los medios de comunicación, en su mayoría quebrados, pero generosamente  financiados por la superclase. Algunas editoriales de ciertos medios producen sonrojo.

Aquellos que defendían como algo bueno la creciente desigualdad han fracasado, sus teorías, mitos y dioses son falsos

Yo personalmente no dejo de sorprenderme de cómo una pequeña facción privilegiada guiadapor una codicia extrema, y políticamente protegida, nos llevó al borde de una segunda Gran Depresión. Para, a continuación, culpar gobierno, a los más débiles e indefensos, a los menos formados, a los más pobres, y a los inmigrantes de nuestros problemas. Ya saben cómo ha acabado todo, ellos más ricos y poderosos que nunca. Y la ciudadanía perpleja y empobrecida. Pero ahora toca levantarse y actuar. Aquellos que defendían como algo bueno la creciente desigualdad han fracasado, sus teorías, mitos y dioses son falsos. Pero la sociedad debe reconocerlo y “botarles”. Solo de esta manera podemos reiniciar la democracia.


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