Desde la heterodoxia

Reforma laboral: miente, miente que algo quedará

El Gobierno de Rajoy a la hora de explicar los “logros” de su reforma laboral parece seguir a pies juntillas la tristemente célebre frase de Joseph Goebbels, miente, miente que algo quedará”. Frente a las incoherencias en las afirmaciones de distintos miembros del ejecutivo español, los datos que publica el Instituto Nacional de Estadística son tozudos. Se ha acelerado la destrucción de empleo, aumenta el número de trabajadores descontentos que abandonan el mercado laboral, se han reducido los salarios y la renta disponible de los trabajadores hasta el extremo de hacer caer la tasa de ahorro en plena recesión. Además, el aumento de la productividad es aparente, obedece solo a la brutal destrucción de empleo.

Por eso no se entienden ciertas frases huecas, vacías de contenido, fruto de la improvisación y de la verborrea que caracteriza la acción del actual ejecutivo. Veamos dos muestras de ejemplo. Recientemente Rajoy dixit: “Yo creo que la reforma laboral ha sido muy positiva, ha flexibilizado mucho la economía, nos ha hecho ganar competitividad, ha dado lugar a que en vez de despedir a la gente muchas empresas han hecho suspensiones o cambios en la jornada, y ahora estamos en un proceso de evaluación para ver los efectos de la reforma laboral”. O miente, o no sabe lo que dice.

Y para redondear las frases vacías nuestro inefable ministro de economía, Luis de Guindos, reiteró que las empresas españolas recurren, "cada vez más", a los "instrumentos de flexibilidad para, en vez de despedir gente, utilizar otras alternativas". De Guindos consideró que la regulación y normativa laboral española son "de las más adecuadas" para que la economía nacional pueda crear empleo "en el futuro". "Estamos en un momento de recesión y la normativa laboral y la reforma laboral de hace algo más de un año lo que han hecho, y hay estudios al respecto que lo demuestran, ha sido moderar la destrucción de empleo". ¡Toma ya!

La destrucción de empleo se ha acelerado

Veamos como dichas afirmaciones no soportan la prueba de los datos. Tal como puede verse en el cuadro 1, donde se recoge desde el lado de la contabilidad trimestral la variación interanual de los puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo, desde que se implemento la reforma laboral de Báñez y compañía, el empleo de la economía desciende a un ritmo anual del 4,7%, lo que supone una reducción neta de más de 800.000 puestos de trabajo a tiempo completo en un año, frente a caídas del 1,7% en 2011. Primera mentira: no solo no se ha moderado la destrucción de empleo, sino que ésta se ha acelerado y multiplicado casi por 3.

Los datos de la EPA del primer trimestre de 2013 corroboran este perfil. Se superaron los 6,2 millones de parados, con un incremento en el número de desempleados de 237.400. Sin embargo, el descenso en el número de ocupados fue todavía mayor, de 322.300, situándose éstos en los 16.634.700. La razón está en el número de trabajadores descontentos con la actual situación laboral y que se dieron de baja como población activa, concretamente 85.000, de manera que la población activa descendió hasta 22.837.400.

Cuadro 1.- Puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo: tasas de variación interanual.

La mejora de la competitividad es aparente, obedece a la destrucción de empleo

Como puede observarse en el cuadro 2, la productividad aparente del trabajo, es decir, la variación de la producción menos la variación de horas trabajadas, repuntó un 2,9% interanual, consecuencia de la fuerte aceleración del desempleo, tal como reflejaba el cuadro 1. El coste laboral unitario, entendido como la diferencia entre la variación de la remuneración por asalariado y el incremento de la productividad, cayó un 5,8% interanual. La mejora de la competitividad no obedece, por lo tanto, a una mejora del capital productivo sino simple y llanamente al aumento del desempleo y a un descenso de rentas salariales, en definitiva, lo peor de cada casa.

Cuadro 2.- Rentas. Preciso Corrientes. Tasas de variación interanual.

La piedra angular de la política económica del Gobierno, la reforma laboral, es un absoluto fracaso. Se diseño con la intención de abaratar los salarios para crear empleo. Pero se olvidaron de dos cosas. Primero, de la demanda efectiva. Sin demanda no hay nada, sin crecimiento económico todo es mentira. Las empresas viendo el percal que les esperaba aprovecharon la reforma laboral para despedir, y punto. Segundo, en aquellos países que funcionan ocurre lo contrario, es decir, los salarios suben y mejoran la productividad vía capital, aquella que en nuestro país literalmente se ha hundido por procesos de sobreinversión en sectores improductivos.

Salario mínimo y nivel de empleo

Utilizando el concepto de demanda efectiva se demuestra de manera sencilla que para aumentar la ocupación no hace falta una reducción de salarios reales. Al contrario, la subida del salario mínimo y el alza del salario medio van a tener efectos positivos sobre la actividad económica y la ocupación, contrariamente a lo que afirman los adeptos del pensamiento único.

La propia Organización Internacional del Trabajo (OIT) instó a sus 185 Estados miembros a adoptar políticas sobre salario mínimo como un medio para reducir la pobreza laboral y ofrecer protección social a los trabajadores vulnerables. Tal como afirmó recientemente el Director General de la OIT, Guy Ryder “Los salarios mínimos ayudan a proteger a los trabajadores con salarios bajos y previenen una disminución de su poder adquisitivo que perjudicaría a la demanda interna y la recuperación económica”.

Es curioso ver cómo los países con salarios mínimos más altos, -Países Bajos, países escandinavos, Australia, Nueva Zelanda- son aquellos que presentan menores tasas de paro y mayores tasas de empleo. Lo dicho, “miente, miente, que algo quedará”.


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