Desde la heterodoxia

Reforma financiera: otra oportunidad perdida

La reforma del sistema financiero español del nuevo gobierno supone una oportunidad perdida para sanear, de una vez por todas, la banca de nuestro país. Lo único positivo es el reconocimiento de que las provisiones recogidas en los balances bancarios eran insuficientes. Todo lo demás es fruto de la improvisación, tanto en el procedimiento utilizado, la cuantía de saneamiento estimada, así como en los aspectos técnicos desarrollados.

Además, y eso es muy grave, no hay un cambio sustantivo de la propiedad y de los equipos directivos de las entidades que finalmente serán rescatadas, y que presidieron su descapitalización o la consintieron.

Para el saneamiento de la banca el gobierno desechó finalmente la creación de un banco malo, que bien podría haber sido el propio fondo de garantía de depósitos, y que en última instancia sería el encargado de comprar todos los activos tóxicos del sistema bancario. Por contra, la banca deberá sanear su riesgo inmobiliario aumentando en unos 50.000 millones de euros sus provisiones, permaneciendo los activos tóxicos en su balance, manteniéndose la opacidad y la falta de transparencia.

Cuantía insuficiente

La cifra de 50.000 millones es absolutamente ridícula. Tomando datos de Banco de España, el volumen total de préstamos a los sectores no financieros de la economía española a finales de 2011 se situaba alrededor de los 2 billones de euros. La cartera de créditos hipotecarios es superior a los 660.000 millones de euros. ¿Ustedes creen que sobre dos billones de euros en préstamos, sólo hay que provisionar 50.000 millones de euros? Veremos que no.

Según un informe interno de una entidad española, solo la valoración del suelo de las cajas alcanzaba los 59.000 millones de euros al cierre del ejercicio de 2010. Concretamente 50.000 millones es el valor del suelo del sector de cajas de ahorro descontando a La Caixa e Ibercaja.

Pero lo peor no es eso, nadie habla de las distintas sociedades filiales creadas por las cajas y cargadas de riesgo inmobiliario. Sólo Bankia dispone de 250 de esas filiales. En torno a estas sociedades hay mucha opacidad. Hay tres fuentes de riesgo sobre las que no se sabe cómo y cuanto se ha provisionado. En primer lugar qué han puesto las cajas; en segundo lugar, aquello que ha puesto el promotor con crédito de las cajas; y, finalmente la propia promoción.

Las provisiones sobre los activos inmobiliarios no problemáticos del 7% son un sinsentido. Salvo que el ministro se refiera a las muy voluminosas refinanciaciones de créditos malos con capitalización de intereses, que llevan a computar como válidos un capital y unos ingresos parcialmente ficticios. Vamos que se consideran créditos buenos multitud de préstamos que en realidad ya son morosos y sobre los que habría que provisionar mucho más.

Pero es que además el problema no es solo inmobiliario, la mora alcanza cifras próximas al 10% del total de préstamos de la banca. Qué pasa con los préstamos a Prisa, Sacyr, Ferrovial, FCC…

Nuestros cálculos se aproximan a los 200.000 millones de euros, cuatro veces más que la cifra de Guindos.

No hay un saneamiento de las entidades con problemas

En el caso de fusiones y consolidación del sector, los saneamientos exigidos se realizarán durante dos ejercicios, y en vez de ir contra beneficios irá contra reservas o patrimonio. En caso de acudir a la financiación del Fondo de Restructuración Ordenada Bancaria (FROB), lo podrán hacer a través de bonos convertibles contingentes.

En este planteamiento hay dos errores de planteamiento. En primer lugar, las normas contables exigen que todo saneamiento se haga contra resultados y no contra reservas, salvo en el caso de resultados negativos. Al hacerlo contra reservas no se reduce el beneficio, que se exagera, se pagan impuestos por una realidad contable falsa, y además ¡podrían pagar hasta dividendos!

En segundo lugar, cuando las entidades necesitadas acuden a pedir financiación al FROB, se les está dando un préstamo, no inyectando capital. Pero es que sólo se puede amortizar pérdidas con capital.

Al final con la reforma propuesta por el nuevo gobierno se prolonga el status quo actual, basado fundamentalmente en apoyos de liquidez y no de capital efectivo. Se sigue confundiendo el mero cumplimiento formal del marco regulatorio de las entidades con su saneamiento.

No se castiga ni a la propiedad ni a la dirección

Para evitar problemas de riesgo moral, cualquier propuesta de saneamiento o rescate del sistema financiero debería implicar un cambio sustantivo de la propiedad y de los equipos directivos de las entidades rescatadas, que presidieron su descapitalización o la consintieron.

Sin embargo, se mantiene el status quo de quienes generaron el problema, y solo se modifica parcialmente la política de retribución de quienes por su avaricia crearon la actual crisis sistémica. Ello no es suficiente, a los ejecutivos de las entidades saneadas se les debe echar a la calle. Qué intereses espurios se están protegiendo.

El esquema elegido sí que tendrá un coste para los contribuyentes

Las entidades inviables a cambio de recibir ayudas terminarán integradas en otras más solventes que garanticen la viabilidad del nuevo proyecto. A cada entidad en apuros que vaya a ser adjudicada se supone que se le debe asignar o un esquema de protección de activos, que cubra las minusvalías generadas por sus activos tóxicos inmobiliarios, como el que se ofreció en la subasta de la Caja del Mediterráneo; o, directamente, se les concederán ayudas del FROB por una cuantía equivalente. En ambos casos, las ingentes cantidades del saneamiento las acabaremos pagando los contribuyentes, especialmente bajo nuestros cálculos de necesidades de alrededor de los 200.000 millones de euros.

Se trata, en definitiva, de otra oportunidad perdida, posiblemente la última, para reformar nuestro sistema financiero. El ingrediente más importante para una recuperación sostenida de la economía es la reforma de los abusos que permitieron una espectacular burbuja especulativa y una mala asignación del capital productivo, poniendo de manifiesto los efectos negativos de los monopolios y los fraudes financieros en la economía real.


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