OPINIÓN

Reflexiones finales sobre la deriva catalana

Los problemas que afectan a los ciudadanos tanto en Cataluña como en el resto de España, derivan de un injusto sistema económico basado en la especulación y el control de vastos sectores de la economía por oligopolios.

Reflexiones finales sobre la deriva catalana.
Reflexiones finales sobre la deriva catalana. Generalitat

Parecía imposible, pero la realidad nos ha acabado desbordando, por lo menos a mí, debo reconocerlo. El episodio de este viernes, donde el gobierno de la Generalitat se ha hecho el harakiri, ha sido la traca final. ¿Cómo ha sido posible tanto despropósito? ¿Cómo se puede entender que una parte de la ciudadanía catalana, de manera activa, haya sido copartícipe de un proceso autodestructivo de semejante calado? Aún no son conscientes de que a partir de ahora las reglas del juego han cambiado, de que ya nada podrá ser igual. La deslealtad institucional, el pasarse por el forro la legalidad constitucional, pasará factura a todos aquellos que desde su arcadia imaginaria soñaron con un imposible, la independencia de Cataluña. Pero además afectará al devenir del resto de españoles. Si no estamos atentos y empezamos a ser exigentes con nuestros políticos, nos la querrán meter doblada, por enésima vez.

Durante las últimas semanas, hemos analizado desde distintas aristas le deriva catalana. Porque no hay nada casual, aquí convergen todos los problemas que como país nos devoran en nuestro devenir diario. En primer lugar, la profunda debilidad y decadencia de España, reflejada en unas élites zafias, corruptas que van a querer aprovechar el “regalo” que les ha ofrecido los separatistas sediciosos para apoltronarse sine die. El Totalitarismo Invertido patrio ha encontrado la excusa perfecta para intentar que todo siga igual. Es necesaria una participación ciudadana activa, crítica, que evite que nuestro futuro se determine en reuniones “secretas” donde, bajo la tenue luz de las velas, se repartan componendas.

Ni siquiera fueron capaces de aguantar y seguir la propia hoja de ruta que algunos les habían marcado, de una manera muy inteligente, y que no pasaba por declarar ahora la independencia

En segundo lugar la huida hacia adelante de la élite catalana, política y económica, que cuando percibió que ya no podía medrar, se echó al monte y optó por la sedición. Ni siquiera fueron capaces de aguantar y seguir la propia hoja de ruta que algunos les habían marcado, de una manera muy inteligente, y que no pasaba por declarar ahora la independencia. Pero cuando soliviantas a una parte de tu pueblo para que desde la calle presionen, ofreciéndoles un relato, que se lo creen a pies y puntillas, ya nada se atiene a criterios racionales. Es lo que tiene el romanticismo, la búsqueda de la arcadia feliz, donde el subjetivismo, la exaltación irreal de las tradiciones nacionales, regionales, locales e incluso individuales alcanza cotas inimaginables.

Pero además, y en tercer lugar, hay un trasfondo internacional. A río revuelto, ganancia de pescadores. Este desmadre patrio sin duda ha sido aprovechado por ciertos intereses geoestratégicos para debilitar a Europa. Sigo alucinando con la deriva informativa de dos medios de comunicación, The New York Times y, sobretodo, The Washington Post, esos mismos que aún no han asimilado el resultado electoral de las últimas elecciones presidenciales de su país. Son instrumentos del Totalitarismo Invertido estadounidense. Desde hace muchos años, con el inicio de la Gran Recesión, ciertas élites estadounidenses intentan desestabilizar Europa. Parece mentira, porque el diseño de la actual Europa fue una creación de los Estados Unidos tras la 2ª Guerra Mundial. Pero la degradación de la democracia norteamericana produce estas cosas. El relato es muy sencillo. Desde posiciones francesas y alemanas, en su momento, se pretendió un gran mercado euroasiático, que incluyera a Rusia e incorporará a la nueva potencia emergente, China. El gran damnificado serían los Estados Unidos. Y ese temor, aunque ha aflojado, aún sigue presente, de ahí la necesidad de desestabilizar Europa.

Algunas reflexiones políticas

Algunos me han criticado que no haya sido equidistante, que haya sido duro con los sediciosos, y que apenas haya echado en cara nada al actual ejecutivo o al Régimen del 78. Creo que eso es no entender el problema de fondo. Desde el momento en que los nacionalistas catalanes dieron un paso más allá de lo legalmente asumible, el cumplimiento de su hoja de ruta suponía la descomposición de España. Por lo tanto, desde el primer momento, desde mi análisis, habría que frenarles con todas las de la ley, porque su objetivo final simple y llanamente era el más nefasto para el futuro de nuestros hijos y nietos.

Frente al Totalitarismo Invertido y las élites extractivas, el Estado todavía contiene recursos para el control democrático de la economía y las finanzas de una nación

Pero no es óbice para que una vez que el soufflé del “prusés” empiece a desinflarse, la ciudadanía española comience a ser mayorcita y asuma las riendas de su futuro. La solución para nuestro país pasa por un proceso constituyente, de regeneración, donde, frente al Totalitarismo Invertido, los ciudadanos recuperemos la soberanía nacional. Aquellos que aspiren a dirigir la España democrática, incluida Cataluña, tienen la obligación de someter a la consideración del pueblo español sus proyectos para refundar el Estado. Frente al Totalitarismo Invertido y las élites extractivas, el Estado todavía contiene recursos para el control democrático de la economía y las finanzas de una nación.

Los problemas que afectan a los ciudadanos tanto en Cataluña como en el resto de España, derivan de un injusto sistema económico basado en la especulación y el control de vastos sectores de la economía por oligopolios, como los bancos, y monopolios como las eléctricas y otros, así como por un sistema fiscal que castiga a los productores de riqueza y premia a los que viven del trabajo ajeno y se apropian de la plusvalía del suelo creada por el progreso social, violando la letra y el espíritu de nuestra Constitución. La única forma de mejorar la situación de los que viven de su trabajo, tanto en Cataluña como en el resto de España, es modificando este sistema. Pongámonos manos a la obra. Ya hemos malgastando excesivo tiempo y energías, sin atacar la verdadera raíz de los problemas.


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