OPINIÓN

¡Recuperemos el papel de la economía como ciencia social! (II)

¿Por qué neoconservadores, neoliberales, economistas neoclásicos, élites económicas, medios de comunicación tienen tanta aversión al uso de la política fiscal?

¡Recuperemos el papel de la economía como ciencia social! (II)
¡Recuperemos el papel de la economía como ciencia social! (II) Uwe Anspach

La pérdida de peso de la economía como ciencia social, hasta en algunos momentos aproximarse a la irrelevancia, se debió al intento de la ortodoxia dominante de derivar la macroeconomía a partir de la microeconomía. Han fracasado. Después de tantos años, mejor dicho, de varias décadas, los economistas clásicos y sus distintas derivaciones no son capaces de asimilar lo obvio, la absoluta superioridad técnica, moral y económica de los viejos keynesianos, y sus herederos actuales, los postkeynesianos. Si hurgamos un poco, encontraremos la clave. El objetivo era estratégico, de altos vuelos. Crear una versión de la economía que permitiera la mayor acumulación de riqueza de la historia en unas pocas manos, tal como ha acabado ocurriendo. Como siempre, los intereses de clase. Y, sobre todo, ocultar a la ciudadanía la herramienta más importante para alcanzar el pleno empleo, la política fiscal.

Un sistema sin una política fiscal activa significativa supone colocar en el asiento del conductor a los hombres de negocios

La pregunta que surge es inmediata, ¿por qué neoconservadores, neoliberales, economistas neoclásicos, élites económicas, medios de comunicación tienen tanta aversión al uso de la política fiscal? Como detallamos en su momento, Michal Kalecki ya en 1943 en “Political Aspects of Full Employment” exponía tres razones por las que a las élites no les gustaba, y sigue sin gustarles, la idea de utilizar la política fiscal como instrumento de política económica.

Un sistema sin una política fiscal activa significativa supone colocar en el asiento del conductor a los hombres de negocios. “Esto le da a los capitalistas un poderoso control indirecto sobre la política del gobierno”. Además, en segundo lugar, el gasto público pone en tela de juicio un principio moral de la mayor importancia para la élite: “Los fundamentos de la ética capitalista requieren que te ganarás el pan con el sudor -a menos que tengas los medios privados suficientes-”.

Pero sin duda alguna la razón más importante es que a las élites no les gustan las consecuencias del mantenimiento del pleno empleo a largo plazo. “Bajo un régimen de pleno empleo permanente, el miedo dejaría de desempeñar su papel como medida disciplinaria… La disciplina en las fábricas y la estabilidad política son más apreciadas por los líderes empresariales que los beneficios. Su instinto de clase les dice que el pleno empleo duradero es poco sólido... y que el desempleo es una parte integral del sistema capitalista normal".

A las élites no les gustan las consecuencias del mantenimiento del pleno empleo a largo plazo

En realidad, la batalla es de mayor calado. Se trata de determinar si el sector público tiene o no un papel en la economía, de mantener el “estado de bienestar”, de tener prestaciones sociales o leyes de pobres, de tener un buen sistema laboral o el modelo de Bangladesh. Los defensores de la austeridad intentan cambiar el modelo social, privatizar todo -incluida la sanidad y la educación-, forrarse a nuestra costa. Y para ello el papel de ciertos “expertos” es clave, porque al manipular y ocultar el origen de la crisis permiten que esta agenda se alcance, aun a costa de los ciudadanos.

Sistemas Complejos

La conclusión más importante, por lo tanto, es que la macroeconomía no puede derivarse de la microeconomía. Pero demos un paso más. Tal como sostiene Steve Keen en su último libro “Can We Avoid Another Financial Crisis?”, sí que existe una manera de derivar modelos macroeconómicos partiendo de fundamentos sobre los cuales todos los economistas deben estar de acuerdo. Pero para hacer esto, los economistas tienen que adoptar un concepto que hasta la fecha la corriente principal ha evitado: la complejidad.

El descubrimiento de que los fenómenos de orden superior no pueden ser extrapolados directamente de los sistemas de orden inferior es una conclusión común en las ciencias genuinas de hoy en día: es conocido como el problema de "emergencia" en sistemas complejos. Las características dominantes de un sistema complejo provienen de las interacciones entre sus entidades, más que de las propiedades de una sola entidad considerada aisladamente.

La capacidad de reducir todo a simples leyes fundamentales no implica la habilidad de partir de esas leyes y reconstruir el universo

La falacia en la creencia de que los fenómenos de nivel superior (como la macroeconomía) tenía que ser, o incluso podría ser, derivada de fenómenos de menor nivel (como la microeconomía) las señaló claramente en 1972 el Premio Nobel de Física Philip Anderson: “La principal falacia en este tipo de pensamiento es que la hipótesis reduccionista no implica de ninguna manera una versión "construccionista": la capacidad de reducir todo a simples leyes fundamentales no implica la habilidad de partir de esas leyes y reconstruir el universo.”

Los economistas convencionales han probado accidentalmente a Anderson. En primer lugar, por su intento de reducir la macroeconomía a la microeconomía aplicada, demostrando que era imposible; y, en segundo lugar, ignorando esta prueba y, en consecuencia, desarrollando modelos macroeconómicos a partir de fundamentos microeconómicos irrelevantes, sin duda la mayor estafa de los últimos setenta años.

La imposibilidad de adoptar un enfoque "construccionista" de la macroeconomía, como lo describió Anderson, significa que si hemos de derivar una macroeconomía decente, debemos empezar por el nivel de la macroeconomía misma. Este es el enfoque de los teóricos de sistemas complejos: trabajar a partir de la estructura del sistema que están analizando, ya que esta estructura, debidamente presentada, contendrá las interacciones entre las entidades del sistema que le dan sus características dominantes.

El fracaso de la economía se debe a la insistencia de los principales economistas en las falsas estrategias de modelización

El fracaso de la economía se debe a la insistencia de los principales economistas en las falsas estrategias de modelización consistentes en derivar la macroeconomía por extrapolación de la microeconomía y de asumir que la economía es un sistema estable que siempre regresa al equilibrio después de una perturbación. Abandonar estos falsos procedimientos de modelización no conduce a una incapacidad para desarrollar modelos macroeconómicos a partir de un "núcleo macroeconómico analítico ampliamente aceptado". Los macroeconomistas neoclásicos han intentado derivar la macroeconomía desde el lado equivocado -el del individuo más que de la economía- y lo han hecho de una manera que pasó por alto los problemas de agregación que conlleva pretender que un individuo aislado puede escalarse al nivel agregado. Es más sensato, y puede que más sencillo, proceder en la dirección inversa: partimos de afirmaciones agregadas, que son verdaderas por definición, y luego las vamos desagregando cuando se requiera más detalle. En otras palabras, existe un "núcleo" en las definiciones mismas de la macroeconomía.

Como señala el bueno de Keen, es posible desarrollar, a partir de principios que ningún macroeconomista puede cuestionar, un modelo que haga cuatro cosas que ningún modelo de equilibrio general dinámico estocástico (DSGE en inglés) puede hacer: generar ciclos endógenos; reproducir la tendencia a la crisis que Minsky sostuvo era endémica al capitalismo (inestabilidad financiera); explicar el crecimiento de la desigualdad en los últimos 50 años; y predecir que la crisis será precedida, como lo fue, por una "Gran Moderación" en el empleo y la inflación. Pero de eso ya hablaremos en el siguiente blog.


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