OPINIÓN

¿Recuperación económica?: la gran mascarada

Quienes están acumulando capital de forma desaforada en los últimos 30 años son los terratenientes, no Silycon Valley u otros titanes tecnológicos. Son los propietarios de suelo urbanizable, que se encuentran en una posición única para extraer rentas a la ciudadanía y con ello hundir aún más los salarios.

¿Recuperación económica?: la gran mascarada.
¿Recuperación económica?: la gran mascarada.

Todo es una mascarada, un montaje. El sistema financiero, roto; la inversión privada inexistente; la pobreza, creciente; la acumulación de capital, neo-feudal. Lo último, lo del Popular. No hay recuperación alguna, todo es una construcción artificial, casi farsa por y para el uno por ciento más rico, y nadie más. Nada podría ser más obvio sobre la base de los resultados económicos de los últimos veinte años. Desde la crisis monetaria asiática y la primera burbuja tecnológica del 2000, Occidente solo sobrevive generando inflaciones de activos que simplemente benefician al 1% más rico. Y España con sus burbujas inmobiliarias, un alumno aventajado. Todo lo demás, teatro del Barroco.

¿Por qué estamos atrapados en este ciclo de generación burbujas y sus estallidos, sin recuperación sostenible?

¿Por qué estamos atrapados en este ciclo de generación burbujas y sus estallidos, sin recuperación sostenible? La respuesta es muy sencilla. Debido a una política monetaria y fiscal distorsionada, que continúa creando riqueza de papel y entregándola a la superclase -el 1% más rico-, inflando los activos financieros, poniendo un martillo sobre los salarios y permitiendo que los monopolios depredadores sigan expandiéndose y financiando sus posiciones de poder. Y aquellos que justifican un estímulo de arriba hacia abajo, puro pensamiento feudal, dicen chorradas, una más a unir a la idea de desregular para crear mercados eficientes. No hay ningún efecto riqueza que levante todos los barcos. Es mentira.

Entonces, ¿por qué el “establishment” y sus voceros mediáticos mantienen una posición tan agresiva de negación de la realidad después de todos estos años de fracaso? Muy sencillo. La superclase está siendo remunerada no por ver aquello que deberían ver, la realidad, sino por manejar y manipular una situación de farsa completa. Y la mayoría de los denominados expertos y de nuestros políticos se limitan a seguir el dictado de aquellos a pies y puntillas, no vaya a ser que sufran el exilio del acceso a las salas de privilegio y poder. Por eso la generación de nuevas burbujas va a continuar. La reforma no vendrá de los viejos partidos establecidos o de aquellos que la propia superclase financia y promociona. El dinero y el impulso de la hipocresía y la codicia son demasiado atractivos.

El mundo fantasioso de las burbujas

Las políticas económicas significativas del neoliberalismo nos han llevado al actual estancamiento secular. Occidente, bajo el marco de las actuales políticas económicas, solo puede sobrevivir con tipos de interés reales negativos. Pero la implementación de dichas políticas monetarias activa distintas burbujas financieras y/o inmobiliarias. Ello supone de antemano reconocer el fiasco de una de las hipótesis más falsas del actual paradigma dominante: la eficiencia de mercados. Además, pone de manifiesto cómo las élites económicas y políticas diseñaron, en ausencia de subidas salariales, un sistema encaminado a sostener una expansión artificial de la demanda.

La implementación de una política monetaria excesivamente expansiva conlleva procesos de endeudamiento y la activación de distintas burbujas financieras a cual más grande

La implementación de una política monetaria excesivamente expansiva conlleva procesos de endeudamiento y la activación de distintas burbujas financieras a cual más grande. Primero la tecnológica, después la inmobiliaria, y finalmente la de los balances de los Bancos Centrales. Ello permitió, a su vez, la financiación de un gigantesco proceso de acumulación y adquisición de riquezas por todo el globo a favor de los más ricos. Sin embargo, sabemos que cualquier intento de fuga hacia delante vía burbujas acabará siendo abortado. Y ahora también

¿Y España, qué?

Aquí, más de lo mismo, la gran mascarada, otra burbuja inmobiliaria. Lo que está ocurriendo en ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia con los alquileres turísticos promovidos por distintos vehículos de inversión, incluidos fondos buitres, se parece al viejo oeste, no hay ley alguna. Y el gobierno y las élites patrias encantados de conocerse, sonrientes, ufanos, incapaces de entender la dinámica económica patria. Salarios miserables, rentistas en plena faena, oligopolios y monopolios depredadores. Y un aspecto preocupante, una ruptura inter-generacional. Jóvenes sin futuro, pensionistas sosteniendo el Régimen.

Pero vayamos a lo último, a la burbuja en alquileres y vivienda en nuestra querida España. Cuando desagregamos el capital para saber qué está provocando el aumento de sus retornos que vio Piketty en su libro el Capital del Siglo XXI, observamos algo brutal, feudal. Matthew Rognlie del MIT en “A note on Piketty and diminishing returns to capital”, cuando separa el capital en sus distintos componentes observa que el único factor con retornos crecientes en los últimos 60-70 años es la tierra, las propiedades inmobiliarias. Quienes están acumulando capital de forma desaforada en los últimos 30 años son los terratenientes, no Silycon Valley u otros titanes tecnológicos. En las grandes áreas metropolitanas se observa que los propietarios de suelo urbanizable se encuentran en una posición única para extraer rentas a la ciudadanía y con ello hundir aún más los salarios. Pero aquí paz y después gloria, no pasa nada, hasta que estalle esta nueva burbuja de muy corto recorrido, profundamente distópica.

A diferencia de los impuestos sobre la renta, sobre las ventas o sobre los beneficios empresariales, el impuesto sobre el valor de la tierra no tiene ninguna posibilidad de asfixia de la actividad económica

La solución al problema ya fue ideada hace más de 100 años por un economista de San Francisco, Henry George. La tierra, y a través de ella de los inmuebles, tienen valor porque las distintas administraciones públicas proporcionan "bienes públicos", desde escuelas, hasta centros sanitarios, pasando por el transporte público, parques y sistemas de alcantarillado. Henry George, Joseph Stiglitz, Richard Arnott, Fernando Scornik o Fred Harrison han demostrado que si el valor de un lugar proviene de los bienes públicos, entonces tiene sentido gravar el valor de la tierra en sí para pagar por cosas como la infraestructura. En otras palabras, las personas que reciben el beneficio del gasto público deben ser también los que paguen los costes.

A diferencia de los impuestos sobre la renta, sobre las ventas o sobre los beneficios empresariales, el impuesto sobre el valor de la tierra no tiene ninguna posibilidad de asfixia de la actividad económica. La razón es muy sencilla, la cantidad de tierra es fija, por lo que no hay carga impositiva excesiva, es un impuesto neutral. Y, como el propio Henry George señaló, el impuesto redistribuye la riqueza de los ricos a los pobres sin castigar la creación de riqueza. Y más cuando se ha demostrado que son estos nuevos terratenientes del siglo XXI, propietarios del suelo, quienes diariamente sorben la sangre a la ciudadanía. Ya es hora de parar a estos vampiros.


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