OPINIÓN

Reconstruyendo la macroeconomía (III)

Las relaciones más simples posibles pueden revelar las propiedades básicas de un sistema dinámico complejo, en este caso la economía misma.

Reconstruyendo la macroeconomía (III).
Reconstruyendo la macroeconomía (III). mauro mora

La macroeconomía no se puede derivar de la microeconomía. Quien obvia la imposibilidad de adoptar un enfoque "construccionista" de la macroeconomía demuestra, por un lado, una profunda incompetencia intelectual; y, por otro, unos oscuros ideales guiados por intereses de clase y motivos claramente ideológicos. En realidad los economistas neoclásicos querían la revancha de su fracaso en la Gran Depresión. Pero no les bastó con ello, sino que nos dieron dos tazas más con su incapacidad para prever, diagnosticar y solucionar la Gran Recesión.

Los macroeconomistas neoclásicos intentaron derivar la macroeconomía desde el lado equivocado

Como ya explicamos, los macroeconomistas neoclásicos intentaron derivar la macroeconomía desde el lado equivocado, pasando por alto los problemas de agregación que conlleva pretender que un individuo aislado puede escalarse a nivel agregado. Es más sensato, y más sencillo, proceder en la dirección inversa: partamos de afirmaciones agregadas, que son verdaderas por definición, y luego las vamos desagregando cuando se requiera más detalle.

Partiendo de identidades básicas

Las tres definiciones básicas a partir de las cuales se puede derivar un modelo macroeconómico rudimentario son, por un lado, la tasa de empleo, entendida como la proporción entre el empleo y la población total, y que es un indicador del nivel de actividad económica y del poder de negociación de los trabajadores. Por otro, la relación entre los salarios y el PIB, como un indicador de la distribución de los ingresos. Finalmente, como insistió Minsky, la relación entre la deuda privada y el PIB. Cuando se ponen en forma dinámica, estas definiciones conducen, tal como sostiene Steve Keen en su último libro “Can We Avoid Another Financial Crisis?”, no sólo a enunciados "intuitivamente razonables", sino a afirmaciones que son verdaderas por definición. Veámoslas:

  • La tasa de empleo (el porcentaje de la población que tiene un empleo) aumentará si la tasa de crecimiento económico (en porcentaje anual) excede la suma del crecimiento de la población y del crecimiento de la productividad laboral;
  • La participación porcentual de los salarios en el PIB aumentará si las demandas salariales exceden el crecimiento de la productividad laboral; y
  • La relación entre la deuda y el PIB aumentará si la deuda privada crece más rápidamente que el PIB.

Se trata de simple identidades. Si queremos convertirlas en un modelo económico, tenemos que postular algunas relaciones entre las entidades clave del sistema: entre el empleo y los salarios; entre el beneficio y la inversión; y entre la deuda, los beneficios y la inversión.

La mayor parte de su complejidad proviene del hecho de que sus componentes interactúan y no del comportamiento en sí de un individuo o componente bien especificado

Un modelo simple puede explicar la mayor parte del comportamiento de un sistema complejo, porque la mayor parte de su complejidad proviene del hecho de que sus componentes interactúan y no del comportamiento en sí de un individuo o componente bien especificado. Por lo tanto, las relaciones más simples posibles pueden revelar las propiedades básicas de un sistema dinámico complejo, en este caso la economía misma.

Las relaciones posibles más simples son las siguientes. El PIB es un múltiplo del stock de capital instalado; el empleo es un múltiplo de la producción; la tasa de variación del salario es una función lineal de la tasa de empleo; la inversión es una función lineal de la tasa de ganancia; la deuda financia la inversión en exceso más allá de los beneficios; y la población y la productividad del trabajo crecen a tasas constantes.

Construyendo un modelo simple macro de partida

El modelo resultante tiene sólo 3 variables, 9 parámetros y no hay términos aleatorios. Es cierto que se omiten muchas características obvias del mundo real, que se irán introduciendo después. Sin embargo, incluso en este nivel tan simple, su comportamiento es mucho más complejo que el más avanzado modelo neoclásico de equilibrio general dinámico estocástico (DSGE en inglés), debido, al menos, a tres razones.

En primer lugar, las relaciones entre las variables de este modelo no se limitan a ser simplemente aditivas, como lo son en la gran mayoría de los modelos DSGE. Ello supone que los cambios en una variable pueden originar cambios en otras, dando lugar a cambios en las tendencias que un modelo DSGE lineal jamás capturará. En segundo lugar, no se descarta que no se alcance un equilibrio: se considera que puede ocurrir toda una gama de resultados, y no sólo aquellos que son compatibles o conducen al equilibrio. En tercer lugar, el sector financiero, completamente ignorado en los modelos neoclásicos o, en el mejor de los casos, tratado simplemente como una fuente de "fricciones" que ralentizan la convergencia al equilibrio, se incluye de manera simple pero fundamental en este modelo mediante la confirmación empírica.

El modelo genera dos resultados factibles, dependiendo de cómo los capitalistas estén dispuestos a invertir. Con una baja propensión a invertir, el sistema tiende a estabilizarse: el coeficiente de deuda sube de cero a un nivel constante, mientras que los ciclos en la tasa de empleo y la participación salarial convergen gradualmente a valores de equilibrio. La diferencia entre la estabilidad y la inestabilidad es el factor que Minsky insistió que era crucial para entender el capitalismo, pero que está ausente de los modelos generales neoclásicos: el nivel de la deuda privada. Si se estabiliza en un nivel bajo, la economía no experimentará grandes problemas; pero si alcanza un nivel alto y no se estabiliza nos llevará a períodos de graves crisis económicas (de ello deberíamos haber aprendido, ¿verdad?).

La participación de los trabajadores en el PIB disminuye a medida que aumenta el coeficiente de endeudamiento

El modelo produce otra predicción que también se ha convertido en un dato empírico: la creciente desigualdad. La participación de los trabajadores en el PIB disminuye a medida que aumenta el coeficiente de endeudamiento. Si la tasa de deuda se estabiliza, la desigualdad también se estabiliza, ya que las cuotas de ingreso alcanzan valores de equilibrio positivos. Pero si el coeficiente de deuda sigue aumentando -como lo hace con una mayor propensión a invertir-, la desigualdad sigue aumentando también. Por lo tanto, el aumento de la desigualdad no sólo es una "aspecto negativo" en este modelo, es también el preludio de una crisis.

La dinámica de la creciente desigualdad es más evidente si se introducen como variables los precios y los tipos de interés nominales. A medida que la deuda aumenta a lo largo del ciclo, una parte creciente de la renta que va a los banqueros es compensada por una menor participación de los trabajadores en la renta total, de modo que si bien la participación de los capitalistas fluctúa, permanece relativamente constante en el tiempo. Sin embargo, a medida que los salarios y la inflación se reducen, la composición de la deuda en última instancia acentúa la caída de los salarios y la participación en los beneficios se derrumba. Antes de que se produzca esta crisis, la creciente cantidad de rentas que por el servicio de la deuda va a los banqueros es compensada precisamente por la disminución de la participación de los trabajadores, de modo que la participación en los beneficios permanece efectivamente constante y aparentemente el mundo parece completamente tranquilo para los capitalistas. ¡Craso error!

Conclusión

Partiendo de identidades que siempre se cumplen, Steve Keen consiguió un modelo macro sencillo que hace cuatro cosas que ningún modelo de equilibrio general dinámico estocástico, por muy complicado y complejo que sea, puede hacer: generar ciclos endógenos; reproducir la tendencia a la crisis “a la Minsky”, y que es endémica al capitalismo (inestabilidad financiera); explicar el crecimiento de la desigualdad en los últimos 50 años; y predecir que la crisis será precedida, como lo fue, por una "Gran Moderación" en el empleo y la inflación.


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