Desde la heterodoxia

Rajoy, deje ya de engañarnos

Señor Rajoy, usted cada día se supera. Mire que había fechas para presentar el triste balance de su año al frente del Gobierno y no se le ocurre otra cosa que hacerlo el día de los Santos Inocentes. Me imagino que ese era su objetivo, que no le tomáramos en serio. Pero no estamos para risas, sus decisiones generan miseria, pobreza, ruindad. Y qué decir de sus justificaciones y argumentaciones, muy acorde con el contenido de su discurso, vacío.

La verborrea, la improvisación y, sobre todo, la ignorancia supina sobre los males económicos que afligen a nuestro país, son las señas de identidad de su ejecutivo. Y ya ni hablemos de principios, donde dije digo, digo Diego, y no se preocupen, si no les gustan tengo otros. Nos trata como necios, nos miente, cuando la inmensa mayoría de la ciudadanía sabe perfectamente lo que está pasando.

A ustedes no les preocupa el bienestar de sus conciudadanos porque si fuera así no harían lo que están haciendo. Con sus medidas económicas protegen a unas élites extractivas económicas y financieras insolventes, se arrodillan ante nuestros acreedores, se pliegan por ideología a toda una batería de recortes y políticas económicas impuestas desde la troika. Nos están empobreciendo a una velocidad récord. Quiero pensar que no se enteran de las consecuencias de sus actos, porque en caso contrario serían miserables.

Analizando los datos, no las palabras

Casi doce meses después de la investidura de Rajoy, todos los indicadores económicos, financieros y sociales han acelerado su deterioro. El crecimiento interanual se sitúa en -1,6% frente al 0,0% de finales del año 2011; el empleo desciende a un ritmo interanual del 4,6% en comparación con caídas del 2,9% a finales del año pasado; la remuneración de los asalariados disminuye respecto al año anterior a tasas del 5,5% frente a descensos del 1,3% al cierre de 2011; la prima de riesgo ha pasado de niveles alrededor de 300 puntos básicos a los 400 actuales. En la Francia de Hollande, por poner un ejemplo, se ha reducido de 180 puntos básicos a los 60 actuales, financiándose a mínimos históricos.

Pero lo más humillante es que después de sus políticas de austeridad y recortes, la Deuda Pública de nuestra querida España se incrementará a cierre de 2012 en más de 10 puntos porcentuales. Al no haber crecimiento económico, como consecuencia de sus políticas de austericidio fiscal y de rentas, los ingresos impositivos se han hundido, situándose alrededor del 35% de nuestro PIB. Además, el rescate del sistema bancario español se ha hecho a costa del erario público, computando como deuda y déficit público.

El fracaso estrepitoso de su reforma laboral

Llama la atención el profundo desconocimiento de los datos por parte de su ministro de economía, Luís de Guindos, que hace unas semanas afirmó sin despeinarse que España mejora su competitividad por recortes salariales, no por destrucción de empleo. Obviamente esta afirmación es categóricamente falsa. La productividad está creciendo alrededor del 3% interanual por una destrucción de empleo superior al 4%, y esa es la razón básica de la mejora de nuestros costes unitarios laborales. La remuneración de los asalariados cae un 5,5% interanual, no tanto por el descenso de la retribución por asalariado sino por la masiva destrucción de empleo.

La piedra angular de la política económica del gobierno, la reforma laboral, es un absoluto fracaso. Se diseño con la intención de abaratar los salarios para crear empleo. Pero se olvidaron de dos cosas. Primero, de la demanda efectiva. Sin demanda no hay nada, sin crecimiento económico todo es mentira. Las empresas viendo el percal que les esperaba aprovecharon la reforma laboral para despedir, y punto. Segundo, en aquellos países que funcionan ocurre lo contrario, es decir, los salarios suben y mejoran la productividad vía capital, aquella que en nuestro país literalmente se ha hundido por procesos de sobreinversión en sectores improductivos.

Las élites vivieron por encima de sus posibilidades

Pero lo peor ya no es solo el absoluto desconocimiento de lo que mueve la economía. Desde el gobierno y sus satélites han tratado de engañar a la ciudadanía introduciendo dos ideas completamente falsas. En primer lugar, no hay alternativa a sus medidas económicas. Basta con echar una ojeada a los mercados financieros para comprobar la falacia de dicha afirmación. Sólo desde sus mentiras, su ineficacia, y una incapacidad sin límites para entender mínimamente lo que está pasando se puede plantear semejante aseveración. En segundo lugar han cacareado hasta la extenuación que los españoles han vivido muy por encima de sus posibilidades y ahora toca sangre, sudor, y lágrimas. De nuevo desconocen quienes han llevado a este país a un endeudamiento neto externo récord: el sistema financiero y las grandes empresas no financieras.

La deuda total de la economía española, la suma de valores distintos de acciones y el saldo vivo de préstamos, ascendía a finales del primer trimestre de 2012a 4,3 billones €, o lo que es lo mismo, un 405% de nuestro PIB. Mientras que la deuda de las familias representaba a cierre de ese año el 81% del PIB, los empréstitos de las sociedades no financieras y de las entidades financieras alcanzaban, respectivamente, el 134%, y el 110% del PIB. El resto, alrededor del 80,3% del PIB, correspondía a las administraciones públicas.

El sector privado español presenta una recesión de balances, al estar endeudado alrededor de un colateral que no para de caer, y el sector financiero, quien fue quien concedió dicha deuda es insolvente.

Diagnóstico y propuestas erróneas

El gobierno aún no ha entendido lo que es una crisis de deuda privada. Si el problema de la economía española, como venimos advirtiendo en este blog, es la deuda privada, y como corolario la insolvencia bancaria, por qué narices se opta por restricciones fiscales o ajustes salariales. Por cuestiones dogmáticas, ya que el reconocimiento de que el problema actual de la economía es la deuda privada y la insolvencia bancaria supondría poner de manifiesto el vacío intelectual y el escaso soporte empírico de la mayoría de las teorías macroeconómicas y microeconómicas bajo las que las élites políticas y económicas actuales se educaron. Pura cuestión de supervivencia. Sin embargo, tendrán que reciclarse. Por ello, me ofrezco a darles unas clases teóricas.

En esas hipotéticas clases, les explicaría como en la actual crisis económica, la flexibilidad de precios y salarios que tanto jadean en el entorno de Rajoy es desestabilizadora. En vez de ayudar a enderezar la economía hacia el pleno empleo, en realidad reduce la demanda efectiva (paradoja de costes). La economía es dirigida por la demanda y no por las restricciones que dependen de la oferta.

También les argumentaría que es totalmente falso que un aumento del ahorro público y privado genere un aumento de la inversión y actividad económica, y baje los tipos de interés. Al revés hunden la actividad económica, disminuyen los ingresos fiscales y las rentas de empresas y familias. Como corolario surgen dudas sobre la solvencia final de nuestra economía (paradoja del ahorro).

Señor Rajoy, sólo hay dos procedimientos para restaurar la solvencia de nuestra deuda: o la austeridad, o una reestructuración ordenada de las mismas. Como advierte Willem Buiter, economista jefe de Citi, y tal como ya he reflejado en algún que otro blog “no tenemos mucha experiencia sobre la voluntad de los electores en tiempos de paz de soportar años de austeridad, crecimientos económicos negativos, y aumento del desempleo, pero eso es lo que se conseguirá, salvo que se opte por una reestructuración de la deuda, pública y privada”.

Señor Rajoy usted corre el grave riesgo de terminar el mandato que obtuvo de las urnastransformando una crisis de deuda privada en una quiebra de deuda soberana. En ese caso ya sabe que papel le tocara ocupar en nuestra historia. Si le sirve de consuelo, con la más absoluta sinceridad, por el bienestar de nuestros hijos, deseo y espero que mis malos augurios no se cumplan y que el 2013 sea mejor que el año que estamos a punto de acabar.


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