Desde la heterodoxia

Propuestas para limitar la deuda

El montante de deuda de las administraciones públicas acaba de superar el billón de euros a finales de 2014, según el protocolo de déficit excesivo, lo que supone un incremento de 300.000 millones de Euros, bajo Rajoy “el austero”. Si atendemos a las Cuentas Financieras de Banco de España, a cierre del tercer trimestre de 2014, dicha cifra supera en realidad los 1,4 billones de euros, lo que supondría un incremento de casi 600.000 millones de euros. Este segundo criterio es menos laxo y preferible, una vez se obvian ciertas duplicidades. Con estos datos se demuestra que bajo el gobierno de Rajoy no ha habido austeridad alguna, la deuda pública se ha disparado como nunca antes en nuestra historia reciente.

En realidad, como venimos manteniendo desde estas líneas, se está produciendo un despilfarro de dinero público en favor de intereses espurios, mientras desde el ejecutivo se incentivan devaluaciones salariales, recortes en el gasto social, un empeoramiento sin parangón en los servicios públicos, un deterioro masivo de las condiciones laborales de la ciudadanía, y una perdida continua y constante de derechos. Parte de la deuda privada, la de la superclase, origen de la actual crisis sistémica, se está lavando vía deuda pública.

El papel de la deuda privada y la banca

El origen de la actual crisis sistémica se debe al papel que jugó la deuda privada en la economía. Y en este proceso de expansión de la deuda privada la banca tuvo un rol relevante, introduciéndose un problema de riesgo moral. Los beneficios bancarios son impulsados por el volumen de deuda. La banca cuanto más se apalanca, más gana; y en el caso de que se produzcan bruscos descensos en el precio del colateral que alimenta su deuda, pelillos a la mar, el Estado acaba rescatándola, contaminando e incrementando la deuda pública. ¡Menudos liberales, eh!

No vale con confiar en que los bancos aprenderán de la crisis y se comportarán de manera más responsable. Tienen un deseo innato de extender deuda y tratarán de convencer a sectores no bancarios para asumirla

No vale con confiar en que los bancos aprenderán de la crisis y se comportarán de manera más responsable. Tienen un deseo innato de extender deuda y tratarán de convencer a sectores no bancarios para asumirla. Y la aceleración de la deuda es la fuente de las burbujas o inflaciones de activos. Por lo tanto hay que romper el nexo precio de activos-deuda para frenar las burbujas. Para ello hay que reducir el atractivo de la especulación apalancada en los precios de los activos, pero sin ahogar la demanda de deuda para inversión. Destacan en este sentido distintas propuestas, como las del economista postkeynesiano Steve Keen, las realizadas por los economistas del FMI Jaromir Benes y Michael Kumhof, y las presentadas recientemente en el último informe de la consultora global Mc Kinsey.

¡Rompamos el vínculo deuda-inflación de activos!

Dentro de las propuestas de Steve Keen destaca aquella que pretende reducir las burbujas inmobiliarias-“The Pill: Property Income Limited Leverage”-. El máximo que se puede prestar para comprar una casa se establecerá no en base al salario, lo que genera burbujas, sino como un múltiplo del potencial de rentas que genere la propiedad en sí misma, el alquiler. El exceso del precio sobre el préstamo sería realmente los ahorros del comprador, y un aumento en el precio de una casa significaría una caída en el apalancamiento, en lugar de un aumento en el apalancamiento, como ahora. No sería un bucle de retroalimentación. El argumento es aplastante. Si se dan los préstamos en función del salario, y suben los precios, la gente tenderá a pedir más deuda, a apalancarse más, generalmente alargando plazos. Sin embargo, si hay una restricción al volumen de deuda que se puede obtener para comprar un piso, como un porcentaje máximo del alquiler, una vez alcanzado ese máximo las subidas de precios irán contra el ahorro de los compradores y el nivel de apalancamiento será mucho menor. Con ello se limitarían las subidas de los precios de las casas.

Los economistas Jaromir Benes y Michael Kumhof, publicaron finales de 2012 un interesante artículo bajo el título “The Chicago Plan Revisited”. Según el mismo, uno podría a la vez reducir la deuda privada, impulsar el crecimiento, estabilizar los precios, y convertir a los banqueros en meros comparsas de la realidad económica. Se podría hacer limpiamente, sin dolor, por mandato legislativo, mucho más rápido de lo que nadie imagina. Bastaría con reemplazar el actual sistema de dinero creado por la banca privada por dinero creado por el Estado. Para ello habría que acabar con la banca de reserva fraccional. Si los prestamistas se ven obligados a respaldar con reservas el 100% de los depósitos, la banca pierde el privilegio exorbitante de crear dinero de la nada. El país recuperaría el control soberano sobre la oferta monetaria. No habría más quiebras bancarias, y los ciclos de expansión y contracción del crédito serían mucho más suaves.

El último informe de la consultora global McKynsey sobre la evolución de la deuda globalpropone algunos cambios de política económica, y que algunos venimos aconsejando para nuestro país. Por un lado desincentivar endeudamientos especulativos, eliminando los incentivos fiscalesa la deuda, como la deducción en el impuesto sobre la renta de los intereses hipotecarios, y, sobretodo, eliminando cualquier deducción fiscal de los pagos de intereses corporativos. Por otro lado, crear procedimientos o maneras que permitan a los países reestructurar su deuda soberana. Destacan también, en este sentido, las propuestas del ministro de finanzas heleno Yanis Varuofakis.

Sí que hay, por lo tanto, propuestas razonables encima de la mesa, pero llevamos mucho tiempo perdido. Sin embargo en los medios patrios ni una palabra. ¿Por qué? ¿Hasta cuándo?


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