Desde la heterodoxia

Política monetaria, banca y teoría monetaria moderna

La política monetaria implementada por la mayoría de los bancos centrales está llena de contradicciones. Tal como se ha implementado hasta ahora, sin utilizar activamente la herramienta fiscal, es ineficiente. Simplemente se implementó pensando en ganar tiempo, de manera que el crecimiento económico y de rentas se restableciera, y así, por el mero devenir del crono, desinflar y solucionar los gravísimos problemas del sector bancario. Sin embargo ello no ha ocurrido. La falta de audacia, los intereses de clase, y la incompetencia económica y política, prolonga la crisis sistémica y alarga los problemas de un sector, el bancario, que languidece, y tarde o temprano se verá sometido a un nuevo ajuste de empleo y/o rescate.

No solo ha sido el BCE. Durante los últimos años, otros bancos centrales han situado también sus tipos de interés oficiales en niveles negativos

Este proceso, paradójicamente se acelera cuando a mediados de 2014, el Banco Central Europeo (BCE) inició una fase de profundización del tono acomodaticio de la política monetaria, en la que, entre otras medidas, situó por vez primera uno de sus tipos de interés oficiales, el de la facilidad de depósito, por debajo de cero. La adopción de esta medida fue acompañada de reducciones posteriores, de tal forma que, en la actualidad, dicho tipo de interés se sitúa en el –0,4 %. Pero no solo ha sido el BCE. Durante los últimos años, otros bancos centrales –los de Suecia, Dinamarca y Suiza y, más recientemente, los de Japón y Hungría– han situado también sus tipos de interés oficiales en niveles negativos.

Descensos en los márgenes bancarios

Si se analiza el impacto sobre las entidades de crédito, se observa una asimetría en la respuesta de los tipos de interés del crédito y de los depósitos de los clientes, registrándose una mayor caída de los primeros que de los segundos. Esta evolución asimétrica se ha traducido en un descenso de los márgenes entre la rentabilidad del crédito y el coste de los depósitos de las nuevas operaciones, desde junio de 2014, tanto en la UEM como en España, siendo el efecto algo más pronunciado en nuestro país, donde se partía de niveles más elevados. Sin embargo, en términos de los márgenes asociados a los saldos vivos, que son los que afectan más directamente a la cuenta de resultados de las entidades, las variaciones han sido muy moderadas en el conjunto de la UEM y prácticamente nulas en España.

Los efectos potencialmente negativos sobre la cuenta de resultados de las entidades financieras tenderán a ser más importantes en aquellos casos en los que predomine la financiación minorista y en los que la remuneración de los activos se actualice rápidamente, bien porque el grueso de los préstamos sea a corto plazo o porque esté referenciada a los tipos de interés de mercado a corto plazo. En este sentido, cabría esperar que estos efectos fueran en España comparativamente más elevados que en el conjunto de la UEM, ya que tanto el peso de la financiación minorista como la proporción de préstamos a tipo variable son mayores en nuestro país que en el promedio del área del euro.

Con el fin de superar la actual crisis sistémica, la política económica debería combinar una expansión fiscal con una relajación monetaria

La ortodoxia considera que desde el punto de vista de los efectos macroeconómicos, este posible impacto negativo sobre los resultados de los bancos tiene su contrapartida en una mayor renta neta del resto de sectores —hogares y empresas no financieras—, por la vía de unos menores pagos netos de estos a los intermediarios financieros (intereses de los créditos menos rendimientos de los depósitos). Se considera que este canal comporta un cierto impacto redistributivo de la renta, cuyos efectos netos agregados dependerán de la situación relativa de los agentes económicos, incluidos los bancos y el sistema financiero en general. Esa redistribución mejoraría la situación de los deudores al reducir sus pagos por intereses y podría contribuir a un descenso de la morosidad, que afectaría positivamente a la cuenta de resultados de los bancos, lo que mitigaría los efectos negativos sobre el margen de intereses. Pero se olvidan de lo básico, las rentas salariales no han acompañado en su subida. La deflación en casos extremos personifica la caída de precios, disminución de los salarios y la falta de demanda.

Inyectar dinero a familias y gobierno

En el trasfondo, la salida en falso de la actual crisis sistémica. En su momento no se hizo aquello que era óptimo y eficiente, económica y socialmente, para hacer frente a los orígenes y las causas que llevaron a la economía mundial a la actual crisis sistémica. Se prefirió ganar tiempo y defender los intereses de quienes la generaron, la élite bancaria. Por eso ahora estamos en una situación parecida a 2007.

Con el fin de superar la actual crisis sistémica, la política económica debería combinar una expansión fiscal con una relajación monetaria. Surge así una distinción importante entre la expansión cuantitativa y, por ejemplo, la última propuesta de Ben Bernanke que detallamos en su momento, y que está detrás de la mejora de los mercados de riesgo de las últimas semanas. Ésta última combina una relajación monetaria extrema y una expansión fiscal: se trataría de  inyectar directamente dinero a las familias y al gobierno.  Aunque con mucho retraso, se trata de un avance importante. Sin embargo, se debe dar un paso más. Se debe asumir de una vez por todas la Teoría Monetaria Moderna (TMM).

El consenso sobre la austeridad no se basa en ninguna comprensión lógica del sistema monetario moderno

Según la TMM, el consenso sobre la austeridad no se basa en ninguna comprensión lógica del sistema monetario moderno e ignora deliberadamente muchas de las opciones reales que están a disposición de los gobiernos emisores de moneda “fiat”. Los gobiernos que emiten sus propias monedas ya no tienen que financiar su gasto, ya que los gobiernos emisores de moneda nunca pueden quedarse sin dinero. El culto a la austeridad se deriva de la lógica del patrón oro y no son aplicables a los sistemas monetarios “fiat” modernos. Ya no es necesaria la maquinaria institucional creada para la emisión de bonos soberanos en los mercados privados. A pesar de ello, los gobiernos sufren intensas presiones para mantener comportamientos y estructuras institucionales que limitaban sus capacidades de gasto. Por eso, hay que derribar toda esa maquinaria privada creada para emitir deuda soberana innecesaria pero muy útil para repudiar el papel del gasto público y de la política fiscal. Cuando eso ocurra mejoraremos todos, familias, empresas, y hasta los mismos bancos.

Imagen: Fabian Blank


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