Desde la heterodoxia

Pauperización de los trabajadores y acumulación de capital

El gobierno Rajoy –campeón nacional en subidas de impuestos, tasas y demás precios públicos a las clases medias y bajas- nos la ha vuelto a meter doblada. A escondidas, de tapadillo, cual filibusteros, la Ley de Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2014 incluye un aumento adicional de las bases de cotización a la Seguridad Social de trabajadores asalariados y autónomos.

En el caso de los autónomos, para 2014, la base mínima ya no será de 875,70 euros, que es la actualización normal, sino de 1.061,79 euros, que corresponde con el primer grupo de cotización del Régimen General. Por tanto, la cuota mínima (29,90%) mensual a pagar será 317,48 euros en lugar de los 261,83 que hubiera correspondido de no haberse realizado este cambio. Es decir un mayor importe mensual de 55,65 euros.

Respecto a los asalariados, más de lo mismo, además de fomentar una rebaja salarial, inédito en un país medianamente desarrollado, el nuevo régimen del Gobierno obliga a computar conceptos extra-salariales que hasta ahora estaban exentos de cotizar, como las ayudas para la guardería, los cheques de comida, los seguros privados o las aportaciones a planes de pensiones. En definitiva menos renta para las familias.

Pero no se vayan a pensar ustedes que estas cosas pasan solo por estos lares. Otros gobiernos, básicamente de signo conservador, se quieren unir también a tamañas gestas para ver quien finalmente la monta más gorda. En Reino Unido, sin ir más lejos, ese desastre de canciller llamado George Osborne, bajo cuya batuta las islas británicas solo han conocido la recesión, anunció esta semana recortes masivos por 25.000 millones de libras concentradas básicamente en las clases trabajadoras.

Se han propuesto separar a la ciudadanía en dos grupos, por un lado aquellas élites políticas y económicas que no asumen las consecuencias de sus “hazañas”, por otro una ciudadanía cada vez más pauperizada, poco menos que “obligada” a pagar los desmanes de aquellos. Estamos, en definitiva, ante una clara lucha de clases.

Las raíces de la actual crisis sistémica

Las raíces de la crisis no se encuentran en el gasto del sector público, si no en un proceso de cambio en el equilibrio del poder político y económico hacia los intereses de la élite. Para incrementar la tasa de ganancia del capital se favoreció un deterioro de gran parte de la industria manufacturera, o bien se promocionó su traslado a países con mano de obra más barata; el movimiento sindical fue atacado y casi diezmado; los salarios se han deprimido y han caído en términos reales a lo largo de más de tres décadas.

Entonces, claro está, para compensar el vaciamiento de la economía, los bajos salarios y el aumento del subempleo, el crédito se convirtió en la solución a corto plazo para estimular la demanda. Y de aquellos barros estos lodos: una brutal crisis de deuda impagable y un sistema bancario quebrado. Pero en vez de solucionar los problemas, estas élites, que al principio de la crisis estaban acorraladas, han sido capaces de revolverse panza arriba, “convencer” a una clase política mediocre y hacernos creer que la culpa es nuestra, que el Estado del Bienestar es insostenible.

Mientras que las ganancias en la última década fueron más altas que en las tres décadas precedentes, el desempleo y el subempleo se han convertido en una forma de vida para millones de trabajadores. Simplemente analicen la evolución del empleo en nuestro país donde además de los descensos en la población activa, aumento del número de parados, lo poco que se genera es temporal y a tiempo parcial. Donde antes había un trabajo a tiempo completo con un salario más o menos digno, ahora hay tres con salarios y condiciones laborales miserables. Jamás pensé que tras el estallido de la crisis, típica ejemplo de inestabilidad financiera minskyana, llegaríamos a donde hemos llegado. Nos indica una sociedad enferma hasta la médula. Pero la partida finalmente les saldrá muy cara, no les quepa ninguna duda.

Ruptura del consenso keynesiano

Todo este proceso es el resultado de un tipo de "globalización" sustentado en mentiras y falacias económicas. Simplemente acuérdense de esos estudios basados en correlaciones espurias entre salarios reales y empleo; del fracaso estrepitoso de una política monetaria expansiva que solo genera inflaciones de activos; y qué decir de las mentiras en torno a la austeridad fiscal expansiva. Como señala David Rothkopf en su libro “The Global Power Elite and The World They are Making”, lo que se ha producido es un saqueo de las naciones por parte de una élite mundial que él denomina la superclase.

La crisis económica no se debe al derroche de dinero en los servicios públicos, sino a la ruptura del consenso keynesiano de la posguerra, en favor de un recetario neoliberal basado en la inequidad, en unos bajos salarios con su correspondiente baja demanda y los consiguientes excesos de inversión. Todo ello aderezado con unos bajos impuestos o una nula tributación para los evasores corporativos, y el fomento del mayor proceso de acumulación de deuda de la historia, muy lucrativo para la banca mientras perduran las inflaciones de activos, pero nefasto para la ciudadanía cuando estallan. Y ahora se proponen el desmantelamiento del Estado del bienestar para rescatar definitivamente a un sistema bancario quebrado. Miserables.


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