Desde la heterodoxia

Olvídense aún de ver la luz al final del túnel

Tras el dato de empleo de mayo ya han surgido de nuevo voces políticas y mediáticas que auguran que lo peor de la crisis sistémica que atraviesa nuestro país ya ha pasado. Sin ánimo de ningunear lo que de positivo tiene el dato, nuestro país aún tardará en encontrar la luz al final del túnel. Las causas que nos han llevado a la situación actualno solo no se han corregido, sino que han empeorado. La deuda privada apenas se ha reducido y la pública se ha disparado, como consecuencia de errores garrafales de política económica. Además, nuestra banca sigue sin estar saneada. Olvídense, por lo tanto, de ver la luz al final del túnel.

Junto a las condiciones internas no podemos obviar el entorno exterior, que está sufriendo un rápido deterioro. Mientras la recesión europea se extiende como una epidemia desde la periferia al centro, Estados Unidos y China se están desacelerando fuertemente este segundo trimestre. Si a ello añadimos, y esto es una previsión mía que ojalá no se cumpla, que se están agotando los efectos de la política monetaria sobre los precios de los activos financieros, de manera que aumentará fuertemente la aversión al riesgo, la salud económica de nuestro país sufrirá una nueva recaída.

España sigue aumentando el volumen de su deuda  

El problema de la economía española no es la competitividad, tampoco la productividad, ni siquiera los salarios o el mercado laboral, el problema urgente es otro. Se trata del brutal volumen de deuda privada que no se va a poder pagar, y que habrá que reducir mediante quitas. Pero no solo eso. Lo que empezó siendo una brutal crisis de deuda privada, ignorada por los asesores económicos del actual Ejecutivo y del anterior, se va transformando en una crisis de deuda soberana. El volumen de deuda pública según mis estimaciones superará el 120% a finales de 2015.

Cuando se inicia la crisis, son los sectores privados los que presentan problemas de solvencia, y como consecuencia entran en una profunda recesión económica. Las familias disminuyen el consumo y tratan de recuperar ahorro, aunque no lo consiguen por los descensos en las rentas salariales. Las empresas no financieras no invierten, destruyen capital ya instalado, y despiden a trabajadores. Las entidades financieras cortan el grifo del crédito, en un contexto de incremento de la mora, y tratan de recapitalizarse a costa de los contribuyentes. Nos encontramos ante lo que se conoce técnicamente como una recesión de balances. El objetivo, por encima de todo es reducir deuda. Sin embargo, el ritmo de reducción es muy lento si se deja todo a la austeridad.

Al encontrarse la economía española en una intensa recesión de balances privados, los ingresos públicos se hunden, aumenta el déficit público y se incrementa la deuda del Estado. La relación causa-efecto es del sector privado al público, y no al revés. Esta situación se ve agravada por la implementación de una política fiscal restrictiva y por una reforma del mercado laboral cuyo único objetivo es una intensa devaluación interna vía salarios. Al final la demanda efectiva acaba hundiéndose –la demanda interna se está contrayendo alrededor del 5%-; el déficit público incrementándose –en 2012 cerró por encima del 10% del PIB-, acumulándose más volumen de deuda pública -la deuda pública a finales de 2012 supera el 90% del PIB, récord histórico, y según nuestras estimaciones rebasará el 120% en 2015.

Por lo tanto, hay que afrontar, de una vez por todas, nuestro auténtico drama: una monstruosa deuda privada y pública cuyo montante total superó a finales de 2012 el 425% del PIB, y que no se podrá pagar. Obviamente, nuestro sistema bancario, que fue quien la concedió mayoritariamente, es insolvente en su conjunto. Pero como no se reestructura ni nuestro sector bancario ni nuestra deuda, la crisis sistémica continuará.

Para que entiendan la gravedad de este problema, les adjunto el siguiente mapa, muy esclarecedor sobre la evolución temporal del volumen de endeudamiento privado y público por países. España se encuentra en una de las peores posiciones globales, y eso que está mal computado en el mismo nuestra deuda pública, ya que solo recoge la del Estado.

Deterioro del entorno exterior

Un segundo elemento que se está obviando el gobierno y sus voceros es el deterioro del entorno económico global, especialmente de Estados Unidos y China. La actividad manufacturera a nivel global se está desacelerando de manera notoria.

En ambas áreas geográficas, las dos más importantes en términos absolutos y relativos, y frente a las previsiones más optimistas del mercado, los índices de los gestores de compra de las compañías industriales se situaron por debajo de 50, lo que indica recesión. Tanto los componentes de nuevos pedidos, producción y empleo sufren un importante deterioro. Se señala como causa principal la desaceleración global y la desaceleración de la demanda interna. En el caso de Estados Unidos refleja una importante pérdida de momento económico como consecuencia de la consolidación fiscal introducida a principios de año.

Pero además existe un riesgo endógeno no contemplado en casi ninguno de los análisis y previsiones, la caída de los principales mercados financieros de riesgo - bolsa, materias primas, mercados emergentes, bonos corporativos, bonos periféricos. Ha habido un aumento de la propensión al riesgo de los inversores, en un contexto de empeoramiento de las condiciones económicas globales, de fuerte sobrevaloración de la mayor parte de los activos de riesgo, y un exceso de optimismo por parte de los inversores al sentirse protegidos por los bancos centrales. Sin embargo, según nuestros análisis, esta dinámica se está terminando, lo que equivale a un agotamiento de la actual propensión al riesgo por parte de mercado. El estallido de la actual burbuja invalidaría todas las previsiones macro actuales. Lo dicho: ¡aún queda mucho para poder ver la luz al final del túnel!


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