Desde la heterodoxia

¡Ojo con la superclase!

El devenir de los acontecimientos está siendo despiadado. El entorno económico, social, político que nos rodea es frágil, inestable, inseguro, decadente. Hay una sensación creciente de ocaso. ¿Cómo es posible que hayamos llegado hasta aquí? Tal como venimos apuntando desde estas líneas se trata de una combinación tóxica de incompetencia económica e instinto de dominio de la superclase, excelente término creado por David Rothkopf.

Podemos afirmar sin ningún rubor que las políticas económicas impuestas por las élites han fracasado estrepitosamente. La única herramienta de política económica que era absolutamente inservible en una recesión de balances, la política monetaria, es aquella que finalmente fue elegida y utilizada por superclase para hacer frente a la Gran Recesión.

Las políticas económicas impuestas por las élites han fracasado estrepitosamente

La expansión monetaria no ha incentivado la inversión empresarial privada y apenas ha facilitado el saneamiento de los balances. Por contra, una excesiva holgura monetaria sí que ha propiciado una toma de riesgos excesivos en los mercados financieros. No había, por lo tanto, ninguna disyuntiva económica entre beneficio económico y riesgos para la estabilidad financiera como consecuencia de la expansión de balances de los Bancos Centrales y la política de tipos de interés cero. Estamos a punto de sufrir en nuestras carnes el estallido de la tercera burbuja consecutiva generada por los Bancos Centrales, la madre de todas las burbujas.

Ideología e intereses de clase

La superclase acabó imponiendo su ideología en la explicación de La Gran Depresión. Legitimó la interpretación neoconservadora de Milton Friedman y Anna Jacobson Schwartz. Sin embargo, la política monetaria y su “helicóptero” jamás fueron la solución. Se niegan a reconocer aquellas herramientas que permitieron salir de la Gran Depresión: política activa de rentas, vía aumentos salariales y estabilidad laboral; política fiscal, basada la participación del Estado en proyectos de inversión masivos, con el fin último de arrastrar al sector privado cuya inversión ni estaba ni se le esperaba; y, finalmente, la política sectorial, bendita escuela de Kiel, poniendo firmes, vía ley Glass-Steagall, al sector bancario. ¿A qué almas siniestras se les ocurrió permitir que la banca hiciera lo que le diera la gana?

¿A qué almas siniestras se les ocurrió permitir que la banca hiciera lo que le diera la gana?

Solo una pequeña anécdota. Algunos economistas correveidileafirmansin rubor que la expansión monetaria y el incremento de la deuda públicason políticas keynesianas. Una de dos, o son unos cachondos mentales, o no tienen ni idea. Elijan ustedes. La expansión monetaria, repito de nuevo, obedece a la interpretación neoconservadora de Milton Friedman y su pupila Anna Jacobson Schwartzsobre las causas de La Gran Depresión. Y el incremento de la deuda pública no tiene nada que ver con el aumento del gasto social, las mejoras de condiciones de vida de la ciudadanía, o la implementación de proyectos masivos en energía, biotecnología, u otros sectores capaces de tirar de la economía. ¡Qué va! En realidad obedece a una estrategia perfectamente diseñada por aquellos que guiados por su avaricia nos llevaron hasta aquí. Ese incremento de deuda responde a una política diseñada por los nuevos Sherrifs de Nottingham, "esquilmemos a las clases medias y bajas y con lo obtenido financiemos a los Amos del Universo", es decir, oligopolios y lobbies -básicamente el bancario- que medran alrededor de los gobiernos de distinto pelaje.

Tormenta perfecta y la reacción de las élites

Occidente, y muy especialmente países como España, está a punto de experimentar la tormenta perfecta. Después de más de seis años de intensa recesión, ninguna de las causas que originaron la actual crisis sistémica, un volumen brutal de deuda y una banca insolvente, se han solucionado. Se ha vuelto a reactivar una dinámica de retroalimentación de un proceso de endeudamiento con nuevas burbujas financieras como único camino de mantenimiento de la riqueza de la superclase. Mientras que en 2008 la mayoría de la deuda era privada, los procesos de socialización de pérdidas privadas ha disparado en la actualidad el volumen de deuda pública a niveles inasumibles.

Se ha vuelto a reactivar una dinámica de retroalimentación de un proceso de endeudamiento con nuevas burbujas financieras como único camino de mantenimiento de la riqueza de la superclase

Como la mayor parte de activos financieros están sobrevalorados, solo había que esperar a que se iniciara la siguiente fase de venta masiva de los mismos. Ya ha comenzado un nuevo ciclo de aversión al riesgo en los mercados de capitales. En una primera fase, en la que estamos ahora, se produce un caída importante en los mercados financieros de riesgo activada por descensos en los precios de la materias primas industriales y la depreciación de las divisas de tipos de interés altos -caídas bursátiles entre un 15% y 20%-. En una segunda fase, tras contaminarse los frágiles balances bancarios, surgen problemas de liquidez y solvencia bancaria -implicará descensos adicionales en bolsa entre un 25% y 35%-. Ello activará la tormenta perfecta, un ciclo perverso que se retroalimentará: crisis soberana, crisis de balanza de pagos, crisis bancaria y deflación por deuda.

Deberemos estar preparados para evitar que la superclase se vuelva a reír de nosotros. Primero, habrá que exigir una reestructuración bancaria global a costa de acreedores y gerencia. La idea es impedir que sean los ahorradores a través de un impuesto confiscatorioquien acabe financiando dicho rescate. Además hay que reinstaurar la Ley Glass-Steagall, y trocear los bancos sistémicos demasiado grandes para quebrar. Segundo, de manera paralela, hay que poner sobre la mesa quitas de deuda a familias y renegociación centralizada de la deuda soberana. Por lo tanto, ¡estemos atentos, que no nos den gato por liebre!


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