Desde la heterodoxia

Obama, ponga fin a la era del apalancamiento

Barack Obama tiene una última oportunidad fugaz de darse a conocer a la posteridad como un gran presidente. Posee todas las cualidades, muchas innatas, para ello: capacidad de liderazgo, excelencia oratoria, magnífico comunicador, brillante dialéctica, generosidad frente a la indolencia de sus adversarios. Nada que ver con la mediocridad y pasividad de nuestros líderes. Sin embargo, sus primeros cuatro años pasaron sin pena ni gloria, al estar sometido a las élites extractivas a través de dos hombres de Wall Street, el otrora secretario del Tesoro Timothey Geithner, y el que fuera economista jefe de los asesores económicos de la Casablanca, Lawrence Summers. Menudos dos pájaros de mal agüero.

Si se mantiene lo que ha hecho en su primer mandato, Obama pasará a la historia como un completo fracaso, y, probablemente, peor que eso, como un presidente que tenía todas las cualidades para hacer algo grande y fracasó. Y su gente, no tanto por aquellos que financiaban sus campañas políticas, no lo merece.

Elecciones presidenciales y precipicio fiscal

En estos días, la prensa estadounidense nos bombardea con distintas historietas alrededor de las negociaciones sobre el “precipicio fiscal”. Lo hacen exactamente de la misma manera que presentaron y detallaron la carrera por la presidencia durante este último año. Pretenden hacernos creer que hay alta tensión y que se trata de importantes decisiones que hay que tomar. Ello es radicalmente falso. En realidad, no hubo un resultado reñido en la contienda presidencial. Ocurre exactamente lo mismo con el precipicio fiscal. Se trata de puro teatro, al más viejo estilo barroco español.

El partido republicano carecía de un candidato viable a la presidencia, pero sólo hubo un encuestador que se negó a engañar a las masas, Nate Silver del New York Times, y cuyas predicciones, enormemente diferentes a todas las demás, se cumplieron. Mitt Romney nunca tuvo la más mínima oportunidad real de llegar a la presidencia. Por un lado, las cifras económicas no eran lo suficientemente malas para desbancar a Obama. Por otro lado, el partido republicano y quienes les financiaban fueron engañados sistemáticamente por sus propios encuestadores, que les decían exclusivamente aquello que querían oír.

Por todo ello Barack Obama puede gobernar desde una posición de fuerza. No hay que dejar que nada ni nadie se interponga ya en su camino. Para alcanzar la grandeza de los libros de historia, tiene que usar su posición actual para ir directamente a por Wall Street. Es su única oportunidad. Así de simple. Además, si no lo hace, acabará como uno de los peores presidentes de Estados Unidos, como un hombre que permitió que su país acabara en un caos sin límites.

Ponga fin a la era del apalancamiento

No hay necesidad de negociar con Boehner y sus secuaces, políticamente acabados. Usted, señor Obama sólo tiene que dictar sus términos y condiciones. El partido Republicano no pinta nada. Usted, por encima de todo, debería terminar con la era del apalancamiento que pusieron en marcha Ronald Reagan y Margaret Thatcher, y que nos ha llevado a la mayor crisis de deuda sistémica de la historia. Detrás de sus políticas económicas, impulsadas por las élites extractivas, hay un profundo desconocimiento de cómo se mueven los ciclos capitalistas.

La edad del apalancamiento ha terminado, a pesar de todas las protestas en sentido contrario por parte de la plutocracia, y usted tiene que lidiar con el final de la misma. Hasta ahora, su respuesta ha sido jugar con aquellos que se han beneficiado de esa edad de apalancamiento. Y sí, por supuesto, lo han llevado a donde está; y, sí, es cierto, no importa lo que hayan hecho las oleadas de voluntarios que entusiastamente difundieron su mensaje por los cuatro costados; sin una cobertura televisiva incesante no hubiera podido llegar a ser elegido presidente de los Estados Unidos.

En este momento, señor Obama, ya no necesita a los ricos y poderosos para salir en la televisión. Ya es presidente en su último mandato. Por lo tanto, toca tomar una decisión, tal vez la más grande de su vida. ¿A quien va a ser fiel?

Imite a Franklin Delano Roosevelt

Franklin Delano Roosevelt, un político excepcional, cuando se enfrentó a una elección similar, tomó la elección acertada, a través de una avalancha de decisiones ejecutivas. Pero lo más importante que hizo no fue lanzar el New Deal, sino cortar las alas a la industria financiera a través de la ley Glass Steagall.

Usted, señor Obama, ya no tiene espacio fiscal o financiero para un nuevo New Deal. Pero tiene el espacio y peso para reducir el tamaño del sector financiero. Y si no lo hace, su segundo mandato acabará siendo una pesadilla y terminará descendiendo a los infiernos

Summers se ha ido, y Geithner se va. Así que todo lo que tenemos que hacer realmente es esperar a que Obama anuncie su nuevo equipo económico. Si se trata de más de lo mismo, de las mismas conexiones, Goldman y compañía, su mandato acabará muy mal. Y es ahí cuando sabremos si usted ha decidido ir con el mismo viejo y caduco argumento neoliberal que nos ha traído la crisis de la deuda, y que ha ocultado sus devastadores efectos. No se puede resolver los problemas de deuda con más deuda.

Vamos a esperar y ver. Estados Unidos tiene un presidente para los próximos cuatro años que tiene una oportunidad única para hacer lo correcto por y para su pueblo, para los que hicieron campaña y votaron por él esperando y creyendo que iba a luchar por sus causas e intereses. Ya no puede engañarlos haciéndoles creer que sus intereses son los mismos que los de los grandes bancos, se trata de argumento viejo y cansino.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba