Desde la heterodoxia

Nobel y crisis del pensamiento económico dominante

Los estadounidenses Eugene F. Fama, Lars Peter Hansen y Robert J. Shiller han obtenido el Premio Nobel de Economía 2013 por sus análisis empíricos sobre cómo se fijan los precios de las acciones y otros activos y cómo se comportan los mercados financieros. La concesión de este año pone de manifiesto una crisis muy profunda de la que apenas se discute y se habla en los medios de comunicación: el vacío intelectual y el escaso soporte empírico de la mayoría de las teorías macroeconómicas y microeconómicas que se enseñan en las facultades de Ciencias Económicas y Empresariales de todo el mundo.

La hipótesis de partida, eficiencia de los mercados, y las teorías desarrolladas por Eugene Fama además de falsas han resultado tremendamente dañinas para la inmensa mayoría de la ciudadanía. Si bien el análisis de Robert Shiller está mucho más acorde con la realidad de los datos, su contribución a la economía financiera y su bagaje teórico aún no es lo suficientemente potente como para la concesión de un Nobel. Finalmente, desde mi punto de vista, no se debería dar un Nobel de Economía a alguien por el desarrollo de técnicas matemáticas, estadísticas o econométricas que permitan la resolución de un problema económico, como es el caso de Lars Peter Hansen, en concreto para la valoración de activos financieros. Hace falta algo más.

Los Nobel olvidados y la ideología

Viendo la lista de premois Nobel de Economía concedidos a lo largo de la historia, hay hechos inconcebibles, como la ausencia de tal galardón a economistas de la talla de Nicholas Kaldor, Hyman Minsky, o Michal Kalecki entre otros. Se trata de economistas cuyas teorías vienen refrendadas por los datos empíricos y que se aplican de manera cotidiana. Éstas se utilizan para calcular los beneficios empresariales desde el lado de la contabilidad nacional, prever la inestabilidad financiera que nos ha arrastrado a la actual crisis sistémica, explicar la naturaleza endógena del dinero y la deuda o detallar cuáles son los determinantes de la inversión.

Sin duda la ideología de quienes conceden el premio Nobel está claramente sesgada. En el Nobel de este año se ha disfrazado la concesión del mismo a Eugene Fama entregándoselo también a Robert Shiller. Se trata de una diversificación de riesgos en toda regla. Mientras Eugene Fama aún a fecha de hoy sigue negando la formación de burbujas en los mercados financieros, Robert Shiller destaca la imperfección de los mismos y la generación de burbujas en su manual de divulgación Irrational Exuberance, en español Exuberancia Irracional.

La mentira de la eficiencia de los mercados

La hipótesis de eficiencia de los mercados es una pieza central en la teoría de funcionamiento y valoración de los mercados financieros por parte de la ortodoxia dominante, y Eugene Fama es frecuentemente citado como el padre de la misma, a través de su artículo de 1970 Efficient Capital Markets: A Review of Theory and Empirical Work. Si los mercados son eficientes, los recursos se colocarán automáticamente de manera óptima en línea con los objetivos a largo plazo de la sociedad. Más aún, mientras que el concepto inicial de la Economía de la Incertidumbre de Kenneth Arrow consideraba que los agentes tenían diversas opiniones sobre el futuro, y regularmente se equivocaban en sus previsiones, la Escuela de Chicago, a la que pertenecen Eugene Fama y Lars Peter Hansen, impuso el dogma de las expectativas racionales: los agentes saben y están de acuerdo sobre la distribución de probabilidad verdadera de las noticias futuras, de manera que los mercados ciegamente valoran correctamente los activos.

Detrás de ello está el origen de toda una familia de teorías que predicen que el riesgo de los mercados financieros es muy pequeño, completamente valorable y manejable. Mediante este razonamiento, se justificaban intelectualmente los extremadamente peligrosos niveles de endeudamiento y apalancamiento que han llevado al colapso de la economía, mientras que en el mundo real la mayor parte del riesgo era endógeno.

Las autoridades económicas y financieras a lo largo del mundo han utilizado estos argumentos para legitimar decisiones económicas y políticas que han acabado generando un exceso de capacidad global, desempleo, pobreza y estrés medioambiental, y que en el fondo han constituido el germen de la actual crisis económica y financiera.

Los Nobel y las recetas ofrecidas para salir de la crisis

Pero ahí no para la ignominia. Eugene Fama, con su hipótesis de eficiencia de los mercados, aún no entiende a fecha de hoy el perverso mecanismo de endeudamiento privado financiado por un colateral o inflación de activos. Y las únicas soluciones que propugnan desde su escuela, dejando todo a la eficiencia del mercado, son las medidas de ajuste fiscal y de devaluación salarial. Además de no comprender nada de la actual crisis económica, la implementación de tales medidas ha hundido aún más el crecimiento económico, vía descenso demanda efectiva, en un contexto de deflación por endeudamiento.

Es cierto, por el contrario, que Robert Shiller, en un blog reciente titulado Austeridad y desmoralización afirmaba que “el efecto inmediato del tipo de austeridad fiscal que se está practicando en la actualidad es dejar a las personas sin empleo y llenar sus vidas con nada, a excepción de llenarlas con un sentimiento de rechazo y exclusión”. De nuevo la academia sueca vuelve a diversificar el riesgo miserablemente.

En el fondo, lo que subyace es la falta de visión de la teoría económica dominante. Tal como afirmaba el filósofo y sociólogo francés Edgar Morin, "la economía, que es la ciencia social matemáticamente más avanzada, es la ciencia social humanamente más retrasada, pues ha abstraído las condiciones sociales, históricas, políticas, psicológicas y ecológicas inseparables de las actividades económicas… Quizá la incompetencia económica haya pasado a ser el problema social más importante".


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