Desde la heterodoxia

Mitos y mentiras de la actual política económica

Desde el gobierno y sus aledaños académicos y mediáticos no paran de vendernos una serie de mitos para justificar su política económica, que está resultando ser un fiasco de grandes proporciones. Inicialmente fueron las bondades de los duros ajustes fiscales, a través del concepto de austeridad expansiva; y las maravillas de la reforma del mercado laboral que mejoraría nuestra competitividad vía deflación salarial y mayor precariedad. Ahora son los emprendedores y nuestro sector exterior. De nuevo mitos, mentiras, engaños. 

El gobierno y sus asesores, al igual que las autoridades económicas y monetarias europeas, aún no han entendido lo que es una crisis por endeudamiento privado o una recesión de balances. Sin embargo algunos datos empiezan a ser preocupantes porque sugieren un agravamiento de la crisis en nuestra querida España. Si nadie lo remedia, nuestro país se encamina a una deflación por endeudamiento de consecuencias imprevisibles. 

Mitos y mentiras económicas

España se encuentra en una recesión de balances privados. Digámoslo claramente, el sector privado español presenta problemas de solvencia. La deuda de las familias, empresas, y entidades financieras se aproxima a los 3,5 billones de euros, algo más 320% del PIB, mientras que el precio del colateral que soportaba la mayor parte de la misma se ha desplomando, y los retornos y flujos de muchas de las inversiones financiadas con tales empréstitos están siendo muy inferiores a lo estimado. 

Como consecuencia, los sectores privados están en una profunda recesión económica. Las familias disminuyen el consumo y recuperan ahorro, las empresas no financieras no invierten, destruyen capital ya instalado, y despiden a trabajadores. Las entidades financieras cortan el grifo del crédito, y en un contexto de incremento de la mora y balances contaminados tratan de recapitalizarse a costa de los contribuyentes. Esto es lo que lleva pasando en nuestro país desde 2008, más de cuatro años con esta farsa. 

El menor crecimiento económico es el factor que finalmente determina el fracaso del austericidio fiscal. Tan pronto como el crecimiento cae, el descenso de los ingresos por impuestos desvía el objetivo de reducción del déficit. Si en el año 2007 la deuda de las administraciones públicas se situaba en el 41% del PIB a finales de 2012 superará el 90%. La relación causa-efecto es del sector privado al público, y no al revés.

 Pero no vayan ustedes a pensar que el gobierno y sus asesores neoclásicos se van a refrenar, que va, continúan a lo suyo. No dejan de pedir austeridad y devaluación interna, a pesar de que incluso estudios del BCE sobre el mercado laboral demuestran que estas medidas no funcionarán, pero a ellos que más le da. 

España no es Alemania

Últimamente, a través de distintos informes, se está vendiendo la idea que el sector exterior va a ser nuestra salvación. Haciéndose eco de los mismos, distintos altavoces mediáticos empiezan a utilizar otro razonamiento falaz. Los recortes salariales, los aumentos de impuestos, la reforma laboral, el empeoramiento de servicios básicos como la educación o la sanidad, tratan de replicar las recetas del otrora canciller alemán Gerard Schoerder, y que, según los voceros del gobierno, están detrás del actual crecimiento económico alemán. De nuevo, mentiras y mitos. 

Estos informes desconocen la recesión de balances que ha experimentado Alemania desde la reunificación; ignoran la composición del PIB alemán y las razones sociológicas que hay detrás de la misma; y, sobretodo, aún no han entendido el papel que las burbujas financieras e inmobiliarias del sur de Europa jugaron como catalizador del crecimiento alemán y de su peso actual como principal acreedor europeo. Además, no todos los países pueden exportar a la vez; alguien tendrá que importar y la austeridad provocará un largo periodo de desempleo que los sectores exportadores no absorberán porque la elasticidad del gasto interno es mayor que la del exterior.

Pero vayamos a los datos. El crecimiento promedio de Alemania en los últimos diez años ha sido del 1%, con un potente sector exterior, cuyas exportaciones representan más del 50% de su PIB, y cuando ya se encontraban en una fase muy avanzada de su particular recesión de balances. Entonces, cómo será posible que nuestro país crezca, con una deuda privada que apenas se reduce, al inicio de una recesión de balances, y con un sector exterior cuyas exportaciones representaban a finales de 2012 el 32% de nuestro PIB frente a cifras próximas al 30% en 2000. Sin comentarios. 

Deflación por deuda

Pero hay algo más preocupante, la dinámica de precios que nos aproxima a una deflación por endeudamiento. Nuestro IPC en enero de 2013, a impuestos constantes, registró un crecimiento interanual del 0,6%, y la inflación subyacente del 0,2%. Se trata de cifras similares a la de países como Japón, y que reflejan no una ganancia en competitividad, como algunos afirman, sino un hundimiento de nuestra demanda interna en plena recesión de balances. Si no se frena la actual política económica España se puede aproximar a una deflación por endeudamiento “a la Fisher”.

Irving Fisher describió comoel proceso de desapalancamiento que vive nuestra economía podría llevar a una deflación por deuda. La reducción o liquidación de la deuda obliga a vender los activos en una situación de dificultad o apuros, a una contracción de los depósitos, y a una desaceleración en la velocidad de circulación del dinero. Como consecuencia se produce un descenso en los niveles de precios, de manera que si no se implementan políticas económicas expansivas, se produciría aún una mayor caída en la riqueza neta de empresas y familias, precipitando bancarrotas, una reducción en la producción, comercio, y empleo, generando más pesimismo y pérdida de confianza, lo cual llevaría a una mayor desaceleración en la velocidad de circulación, y a una mayor caída de precios. Se produce, por lo tanto, aberraciones en los tipos de interés: mientras los tipos nominales caen, los tipos reales suben, de manera que la política monetaria es ineficiente, o, como pasa en la actualidad, cualquier intento de incremento en la base monetaria de la economía no tenga impactos en actividad, al descender bruscamente la velocidad de circulación del dinero. 

Aún estamosa tiempo de que las autoridades económicas y políticas, patrias y europeas, rectifiquen. En caso contrario la crisis de agravará y seguiremos sin ver la luz al final del túnel.


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