Desde la heterodoxia

Mentiras y fracaso de la reforma laboral

Los gobernantes de nuestra España se han acostumbrado a tratar a los ciudadanos como niños, a mentirnos de manera descarada. Se trata de un síntoma preocupante, característico de democracias poco maduras, donde los políticos profesionales no son responsables de lo que dicen y hacen, simplemente son jadeados por los correspondientes amigos mediáticos, y sólo responden ante ciertos grupos de presión que, por cierto, se mueven a sus anchas por ministerios y demás edificios oficiales de nuestro querido país. Con razón la ciudadanía está en una continua y agobiante desazón.

Para ello no tienen ningún rubor en manipular las cifras, interpretarlas a su manera, contar medias verdades. Ello es lo que está pasando con nuestro mercado de trabajo, y la reforma laboral aprobada por el ejecutivo actual. La inefable ministra de empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, desde que comenzó su mandato ha ofrecido una variedad de razonamientos, argumentos, y titulares lo suficientemente controvertidos como para preguntarnos, parafraseando la canción, que hace una chica como ella en un ministerio como éste.

De nuevo las mentiras de los brotes verdes

En democracias inmaduras, los gobernantes suelen tropezar dos veces en la misma piedra. Da igual el su color político. Vuelven a resbalarse. La semana pasada nuestra ministra de empleo afirmó, sin despeinarse, emulando los brotes verdes de la anterior ministra de economía, que nuestra querida España estaba saliendo de la crisis. Añadió que no era un optimismo vacío, puesto que en España se estaban viendo ya señales esperanzadoras.

Esas afirmaciones se produjeron tres días después de que saliesen los datos del paro referentes al tercer trimestre de 2012, que confirmaron que uno de cada cuatro trabajadores está en el paro y que el desempleo sigue batiendo su propio record. En términos desestacionalizados, el número de parados aumentó en 225.000 personas respecto al trimestre anterior y la tasa de paro subió al 25,2%. En los últimos cuatro trimestres, el paro ha aumentado en más de 800.000 personas, y la tasa de paro en 3,5 puntos porcentuales.

La reforma laboral y la contratación indefinida

En los dos trimestres posteriores a la aprobación de la reforma laboral del ejecutivo del PP, la destrucción de empleo y el aumento del paro se han acelerado, alcanzando la tasa de paro su récord histórico. En ese tiempo se han destruido unos 175.000 empleos, 30.000 más que el año pasado. A pesar de ello la ministra de empleo, Fátima Báñez, en un afán por defender dicha reforma, quiso sacar pecho, manipulando las cifras, es decir, mintiendo.

Afirmó que entre sus objetivos estaba la contratación indefinida, y que la destrucción de empleo indefinido se había aminorado. Para ello comparo churras con merinas. No ofreció datos procedentes de la EPA, sino de los servicios públicos de empleo. Comparó los últimos datos de contratos de 2012, en los que los indefinidos suponen el 7,8% del total de los firmados, frente a los de 2011, el 7,3%. Lo que no mencionó es que a estas alturas del año, en 2011 se habían firmado 863.301 contratos fijos y en el actual se han rubricado 777.640, casi un 10% menos.

Pero si nos ceñimos a los datos de la EPA, el aspecto más preocupante fue curiosamente la destrucción de empleo indefinido. En tres meses han caído 179.400. Ni siquiera en 2008 y 2009, los peores años del mercado laboral en lo que va de crisis, se llegó a esta cifra.

Sobre el incremento de la productividad

Los argumentos de nuestra ministra no paran allí, son mucho más “amplios”. Ante la Comisión de Empleo y Seguridad Socialrecalcóque para ser más competitivos debemos trabajar más. Parece que aún nadie le ha explicado que se es más productivo cuando se produce lo mismo o más con menos horas trabajadas. Además, lo que es más grave, no sabe ni las cifras.

En 2011 en España se trabajaron 1690 horas frente a las 1413 horas de Alemania. No señora Fátima, no somos los vagos del sur como sugieren los medios de comunicación de determinados países centrales europeos. Trabajamos más horas que en Finlandia (1.684 horas), Suecia (1.644), Reino Unido (1.625), Luxemburgo (1.601), Austria (1.600), Bélgica (1.577), Irlanda (1.543), Dinamarca (1.543), Francia (1.476) o Países Bajos (1.379). El problema es otro, nunca hemos participado en ninguna revolución industrial.

A la hora explicar el porqué ella veía síntomas de mejora de nuestra economía citó el incremento de la productividad, cuando la razón última de dicho incremento son los despidos que se han acelerado con su reforma laboral. Las empresas en un contexto de fuerte descenso de la demanda efectiva, al encontrarse con un abaratamiento del despido, lo que han hecho es obvio, acelerar los despidos. Por eso aumenta la productividad. Es lo que se denomina productividad aparente del trabajo.

Señora Fátima, para aumentar la productividad España debería estar en la tercera revolución industrial, aquella que ya han alcanzado países como Alemania y Japón, y donde en sus fábricas ya no se distingue entre mano de obra y tecnología. Pero eso no va a ser posible. Salvo nuestro sector exportador, tremendamente competitivo, el resto, la inmensa mayoría, son pequeñas empresas ligadas al consumo de bienes y servicios doméstico.

Acerca de los minijobs

El pasado 27 de diciembre Báñez afirmó que los 'minijobs' no encajaban en España. Me imagino que lo diría por el empleo a tiempo parcial, residual en nuestro país, y que además ha perdido fuelle en los dos trimestres posteriores a los cambios laborales introducidos por el actual ejecutivo. Entre abril y septiembre desaparecieron 18.000 empleos de este tipo.

Sin embargo, en materia salarial España sí que se ha alcanzado el estatus de minijobs. El nivel de explotación de los asalariados ha llegado a extremos absolutamente intolerables. Ya no basta con tener más de 5,8 millones de parados, y unos míseros salarios, donde el 58% de los trabajadores, después de impuestos y cotizaciones a la seguridad social, ingresan menos de 950 euros mensuales. Ya ni siquiera valía que los trabajadores por cuenta ajena pagaran cinco veces más de impuestos que las empresas que los contratan, tal como sucedió en 2011. ¡No! Era necesario apretar un poquito más. Y vaya si lo han conseguido.

Reforma laboral y demanda efectiva

Bajo la creencia de que los costes relativos mueven la economía, usted señora Fátima y sus correligionarios defienden, a capa y espada, una rebaja salarial como salida de la crisis. Pero se equivoca en el diagnóstico. La economía es dirigida por la demanda, no por las restricciones que dependen de la oferta y de las dotaciones existentes.

Con la reforma laboral del gobierno del PP, en nombre del internacionalismo moderno y de las mentiras de la competitividad, los trabajadores pierden la mayoría de sus derechos. La élite política y económica, con una formación académica y un bagaje intelectual en muchos casos inferior a la de sus empleados y electores, en vez de promover el talento, la innovación y el emprendimiento, ha decidido, para el futuro de nuestros hijos, otra cosa bien distinta.

La propuesta del actual ejecutivo para nuestra querida España era muy clara. Los jóvenes españoles bien formados acabarán en el exilio, y el resto de camareros y crupieres de los millones de turistas que vengan a España a tomar sol y playa. ¡Porca miseria!


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