Desde la heterodoxia

¿Mea culpa de la ortodoxia? ¡No, gracias!

Estas últimas semanas están siendo muy intensas a nivel de análisis, percepciones, datos y realidades económicas. Debo confesar que las derivaciones, consecuencias y perspectivas no pueden ser más pesimistas. Se confirma inexorablemente el ajuste de cuantas de las élites para con la ciudadanía. Queda meridianamente claro, además, la incompetencia económica de ciertos economistas bien remunerados, instituciones multilaterales, y think tanks conservadores, que validaron las actuales políticas económicas –devaluación salarial; austeridad fiscal aderezada con una brutal escalada de la deuda pública; y expansión monetaria-.

Es cierto, sin embargo, que está emergiendo un nuevo pensamiento económico en busca del paradigma perdido, concentrado básicamente en el Reino Unido pero con ramificaciones alrededor del planeta. Sin embargo, sólo un colapso total del sistema, y nos dirigimos inexorablemente hacia él, permitirá imponer este nuevo análisis e implementar medidas heterodoxas, pero siempre como último recurso.

La nueva evidencia aportada por el Banco de Inglaterra sobre la deuda de las familias, el estudio de la Reserva Federal sobre los cambios en las finanzas de las familias americanas en el período 2010-2013, junto a los análisis del profesor Amir Sufi, coautor del libroHouse of Debt, confirman algo evidente en la creencia popular. La actual crisis sistémica se ha cebado con la inmensa mayoría de la población, que ha visto descender sus rentas antes de impuestos. Por el contrario apenas ha afectado a los más ricos. Además, las deudas de las familias importan y mucho. La combinación no puede ser más explosiva, la tendencia de la economía global es de extrema debilidad.

Esta nueva evidencia ha ido aderezada a lo largo de las últimas semanas con declaraciones de mea culpa del establishment, véase el economista jefe del Fondo Monetario Internacional, Oliver Blanchard, o el secretario general de la OCDE, Ángel Gurria. Las mismas han sido condimentadas con alguna advertencia catastrófica como las del especulador Peter Schiff. Pero vayamos por partes.

Nueva evidencia del ajuste de cuentas

El estudio de la Reserva Federal“Changes in U.S. Family Finances from 2010 to 2013: Evidence from the Survey of Consumer Finances”refleja un descenso en la renta de las familiasantes de impuestos en todos los percentiles, salvo en el 10% más rico. Es decir, el 90% de las familias ha perdido renta en los últimos tres años, especialmente las rentas más bajas, mientras que los más ricos se fumaban un puro a la salud de las políticas implementadas por la ortodoxia. Estos datos se complementan con los del profesor Amir Sufi sobre la evolución de riqueza neta en el período 1992-2013 por cuartiles de distribución de la riqueza, según los cuales la gran recesión se ha cebado con la riqueza de las familias más pobres.

Estos análisis se pueden complementar con el estudio publicado estos días en el Quarterly Bulletin del tercer trimestre de este año del Banco de Inglaterra, bajo el título “Household Debt and Spending”. Básicamente muestra como el canal de la deuda de las familias explica la recesión y débil recuperación de la economía británica. ¡Es la deuda privada, estúpido!

Cada vez queda más claro que la ortodoxia neoclásica implementó dos huidas hacia adelante, que inexorablemente terminarán por reventar el actual statu quo. En la primera, la ortodoxia compensó el vaciamiento de la economía, los bajos salarios y el aumento del subempleo, a través del crédito y la deuda, que se convirtieron en la solución de corto plazo para estimular la demanda.

Mientras duró la juerga, los beneficios empresariales se multiplicaron, a la vez que se deprimían los salarios. Una vez que el colateral que alimentaba esa deuda estalla, entramos en una brutal crisis de deuda impagable y un sistema bancario quebrado. En la segunda huida hacia adelante, se subsidió y rescató mediante una brutal expansión de deuda pública,a aquellos que nos hundieron miserablemente. Sin embargo ello no se ha traducido, ni se traducirá en inversión productiva.

Mea culpa

Lo más sorprendente es el repentino mea culpa de aquellos que justificaron y avalaron las actuales políticas económicas, bajo el eufemismo de reformas estructurales. Estos economistas, si me permiten, tienen aún una mayor responsabilidad que las élites económicas y políticas. Sus afirmaciones, análisis y estudios eran utilizados como avales para justificar un empobrecimiento masivo de la población.

Resulta hilarante el cambio de rumbo de Ángel Gurría y la OCDE. Tras recomendar la austeridad expansiva y la devaluación competitiva, esas mismas instituciones dicen ahora que ya vale, dejemos de apalear a la ciudadanía, que la paliza puede haber sido excesiva. Y encima los caraduras avisan de las consecuencias de la desigualdad y de la necesidad de aumentar la productividad, ahora vía inversión y educación. Ya es tarde, no han entendido nada. ¿Acaso han analizado la evolución de los salarios reales y de la productividad?

El economista jefe del Fondo Monetario Internacional, Oliver Blanchard, ese mismo que en agosto de 2008 afirmaba que la economía global se encontraba en un estado muy saludable, ahora confiesa, en un artículo de este mes, “Where Danger Lurks”, algo así como “Donde el peligro acecha”, que la teoría económica dominante no prestó atención a esos rincones oscuros donde los mercados funcionan rematadamente mal. ¡Pues claro señor Blanchard, las hipótesis de mercados eficientes y expectativas racionales son falsas! ¡Dediquemos la ingente cantidad de papel consumido para justificarlas a otros menesteres más saludables e higiénicos!

Sin embargo, permítanme, no me fio de ellos. Además de incompetentes han avalado intereses de clase, posiblemente los suyos. Y mi olfato me dicen que siguen en ello. Como ya la senda de la deuda soberana en Occidente es insostenible y hay una brutal sobrevaloración de activos, paremos la devaluación salarial. Para las élites es necesario que la reversión a la media de la variable (Riqueza Neta/Rentas) no se produzca vía hundimiento de mercados, es decir, de su riqueza, sino generando rentas. Por eso no me fío de su mea culpa.

Quizás el único realmente sincero ha sido el especulador Peter Schiff que en una entrevista reciente a este medio dejó varias perlas: “La estrategia suicida de endeudamiento de los grandes países no tiene ninguna salida que no sea la quiebra y el impago de la deuda. Con impuestos no se puede devolver” (…) "Todo se vendrá abajo cuando el resto del mundo vea la situación financiera real de Estados Unidos, entonces se verá que el dólar no vale ni el papel en el que está impreso".


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