OPINIÓN

Tras Macron, Bruselas vuelve a las andadas

Tras respirar aliviados, desde Bruselas le quieren imponer deberes a Macron, sin entender nada. Le piden austeridad fiscal, reducción del sector público y flexibilidad laboral.

Tras Macron, Bruselas vuelve a las andadas.
Tras Macron, Bruselas vuelve a las andadas. EFE

No aprenden, vuelven a las andadas. Nos referimos a los burócratas de Bruselas. No han entendido nada de las últimas elecciones francesas, y ya le piden a Emmanuelle Macron lo imposible. Por dos razones, Francia no es Alemania, y tiene unas características económicas peculiares que le hacen resistir mejor que ningún otro país las recesiones, pero, por el contrario, crecer menos en períodos de expansión. Si Macron hiciera lo que le piden, no duraría ni un trimestre como presidente de la V República y no duden que se montaría tal tumulto que desembocaría en un período constituyente hacia la VI República. Eso sí, fuera de la esclavitud del Euro.

De cada 100 posibles votantes, 44 votaron a Macron, 22 a Marine Le Pen y 34 se abstuvieron o votaron en blanco

Pero vayamos primero a los datos demoscópicos. De cada 100 posibles votantes, 44 votaron a Macron, 22 a Marine Le Pen y 34 se abstuvieron o votaron en blanco. La segunda vuelta de las últimas elecciones presidenciales solo ofrecían dos alternativas, el social-liberalismo de Macron, vamos continuar en economía como hasta ahora; y el neofascismo de Marine Le Pen. Obviamente los franceses eligieron lo menos malo. Pero eso no implica que la ciudadanía francesa legitime aquello que se intuye que hay detrás de la hoja de ruta económica de Macron. Hay que esperar ahora a las legislativas, sin descartar en absoluto una cohabitación. Sólo un comentario, el hundimiento de la socialdemocracia tradicional. Cuando han intentado volver a los orígenes ya no eran creíbles. Hollande, Valls y el propio Macron son un ejemplo de por qué su resultado nefasto en las presidenciales. Los dos primeros, además de destrozar sin paliativos el socialismo francés, son unos traidores. Bien haría Macron de no fiarse de ellos.

La reacción de Bruselas

Tras respirar aliviados, desde Bruselas le quieren imponer deberes a Macron, sin entender nada. Le piden austeridad fiscal, reducción del sector público y flexibilidad laboral. Lo de siempre. Psicópatas en toda regla. A cambio, siguen sin decir nada sobre los superávits por cuenta corriente de países como Holanda y Alemania. Y Francia no está para contemplaciones con estos países centrales, que vía tipo de cambio infravalorado nos están sorbiendo la sangre al resto de los europeos. Aquí Macron se la juega. No puede continuar con la genuflexión y docilidad mostrada por sus dos antecesores, Sarkozy y Hollande, sin duda alguna los dos presidentes más mediocres de la V República. El perfil de Macron vuelve a recuperar algo que era usual en los presidentes de la República francesa, su exquisito nivel y formación intelectual. Pero ahora le esperan sus actos, “obras son amores”.

Es el peso del sector público francés, en una recesión de balances privados como la que hemos tenido, el que ha evitado una más intensa contracción económica

Francia es un país con una economía muy intervenida, donde el gasto público juega un papel predominante. Siempre, desde posiciones ortodoxas neoclásicas, se ha considerado al país galo como una economía en declive o decadencia. Sin embargo, y paradójicamente, es el peso del sector público francés, en una recesión de balances privados como la que hemos tenido, el que ha evitado una más que segura intensa contracción económica.

El país galo presenta una participación del gasto público sobre PIB del 56%, más de 16 puntos porcentuales por encima de España, y que no ha bajado nunca del 50% en toda la última década. En términos de déficit público no ha tenido equilibrio presupuestario desde 1974. En el punto más álgido del ciclo, el desequilibrio público alcanzó los 2,3 puntos porcentuales del PIB, reflejando las dificultades para poder cumplir con Maastricht, incluso en fases de fuerte crecimiento. A pesar de ello el volumen de deuda pública sobre PIB de España ya superó hace tiempo al de Francia. No digamos si el cálculo del PIB patrio estuviera bien hecho.

Francia mantiene un sistema de aportaciones a la Seguridad Social en niveles muy elevados que permite sostener un sistema público generalizado

Otro factor que diferencia la sostenibilidad es la evolución de la Seguridad Social, y que afectará a la deuda pública a medio y largo plazo. España ha ido reduciendo las bases de cotización, a una media del 2% anual, lo que unido a las previsiones de desempleo y envejecimiento, nos llevan a un déficit creciente a medio plazo de una cuantía superior al 1% anual. Francia mantiene un sistema de aportaciones a la Seguridad Social en niveles muy elevados que permite sostener un sistema público generalizado, con escaso peso de los sistemas de previsión privados.

Macron debería encabezar la rebelión del Sur

A diferencia de España, u otros países intervenidos o rescatados, el país galo no ha implementado duras medidas de austeridad fiscal o devaluación salarial, que al final acabaron hundiendo el crecimiento económico, y aumentando el déficit público –solo cuando se dejaron de lado, España empezó a recuperarse-. El arraigo social de las políticas públicas en Francia, que tienen su estrella en la educación, con un 21% del PIB, hacen complejo diseñar un escenario de adelgazamiento y una política de austeridad expansiva que se ha demostrado inútil y dañina. Su mercado laboral tiene sistemáticamente más protección que la mayoría de los países de la OCDE, con un salario mínimo muy alto, pero su tasa de paro es del 9.6% y nunca estuvo por encima del 10.5%. La mitad que España. Su renta per cápita ya superó la renta pre crisis en 2015, y encima, lo más sorprendente, su índice de Gini se reduce desde 2010 y hoy es equivalente al que tenía antes de la crisis. Su tasa de pobreza es menor que la de Alemania y mucho menor que la de España. Y se redujo entre 2012 y 2014. Francia es un contraejemplo frente a la austeridad.

Macron debe encabezar la rebelión del sur. Alemania y, en menor medida Holanda, violan sistemáticamente, desde 2011, los límites de excedente externo, quedando absolutamente impunes. Por el contrario no paran de exigir austeridad y devaluación salarial al resto de países, empobreciéndolos de manera sistemática, cuando si estuvieran fuera del euro el mecanismo de ajuste menos traumático sería una depreciación de sus divisas.

Somos nosotros, los europeos del sur, incluida Francia, quienes les hemos sacado las castañas del fuego a los alemanes y holandeses

Somos nosotros, los europeos del sur, incluida Francia, quienes les hemos sacado las castañas del fuego a los alemanes y holandeses, produciéndose un trasvase de renta del sur hacia el centro, especialmente en épocas de crisis. ¿Cómo? A través de un tipo de cambio que ni por asomo lo tendría Holanda, y, mucho menos Alemania, si no existiera la Unión Monetaria. Sus monedas se revalorizarían alrededor de un 30% respecto al nivel actual del euro. Y sus economías se pararían. Es hora desde los países del sur, empezando por Francia, de exigirles que inviertan esos superávits. Y ahí entra Macron. Si no lo hace, y sigue con más de lo mismo, seguirá la estela de sus antecesores y dará las alas definitivas a los neofascistas de Marine Le Pen. Estaremos atentos y ojo avizor a lo que ocurra.


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