Desde la heterodoxia

MAFO, ¿para cuándo el mea culpa?

Empieza a ser cansino, y hasta cierto punto hilarante, el análisis económico y las recetas que cuan martillo pilón suele ofrecer cada equis tiempo el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordoñez. El señor MAFO, al igual que todos aquellos neoliberales que ni olieron ni entendieron la naturaleza sistémica de la actual crisis económica, sigue a lo suyo. Afirma, sin despeinarse, que “hay que ajustar precios y salarios para incrementar la productividad, y este es el único camino a corto plazo para impulsar y recuperar la competitividad de la economía española”. Este análisis además de reflejar una insensibilidad social preocupante, simplemente es erróneo.

Su disección sobre la actual situación económica es cuando menos parcial. MAFO obvia una de las causas más evidentes de la actual crisis económica, la actitud pasiva que los órganos rectores de Banco de España y el Gobernador mantuvieron durante el insostenible crecimiento del crédito bancario, tanto en su mandato como en el del señor Caruana.

Se produjo un crecimiento desordenado del crédito bancario como consecuencia de la falta de determinación demostrada por el Gobernador para exigir a las entidades sometidas a la supervisión del organismo regulador el rigor necesario en la asunción de riesgos exigibles a gestores de recursos ajenos. Y sí señor MAFO, de aquellos barros estos lodos.

Endeudamiento privado e insolvencia bancaria

El problema de la economía española, señor MAFO, no es la competitividad, tampoco la productividad, ni siquiera los salarios o el mercado laboral, el problema urgente es otro. Se trata del brutal volumen de deuda privada que no se va a poder pagar, y que habrá que reducir mediante quitas. Y como corolario la insolvencia de la banca que a la postre fue quien concedió de manera irresponsable dicha deuda a los distintos agentes económicos.

Y es aquí donde Banco de España, y especialmente usted señor MAFO, y su antecesor, el señor Caruana, tienen una enorme responsabilidad en lo ocurrido. Por lo tanto, absténgase de ofrecernos sus recetas, sin antes hacer un acto de mea culpa.

La condición necesaria, aunque no suficiente, para realmente salir de la actual crisis sistémica pasa por buscar mecanismos de reducción de la deuda de los agentes económicos. Las familias y las empresas tienen mucha deuda, mientras el precio de sus activos se está desplomando.

Los mecanismos de reducción de la deuda, es decir, la limpieza de balances, y de reordenación del sistema financiero ya se implementaron con éxito en el pasado. Sin embargo, hasta ahora, salvo contadas excepciones, como Islandia en 2008 o Suecia en 1992, las élites políticas y financieras occidentales, entre ellas usted señor MAFO, no han querido saber nada de reordenación de la deuda, y mucho menos de rescates bancarios donde la gerencia, la propiedad, y los acreedores paguen los platos rotos. Es una cuestión de pura dignidad. De todos modos, no se preocupe señor MAFO, al final acabarán haciéndolo, pero entre medias podríamos haber evitado mucha miseria.

Los Bancos Centrales como parte del problema

Los Bancos Centrales, a través de una política monetaria excesivamente laxa, fueron parte del problema en la actual crisis económica sistémica. Por un lado, incentivaron una toma de riesgo excesivo por parte de los agentes económicos, lo que generó una sobrevaloración en activos financieros e inmobiliarios. Por otro lado, facilitaron un exceso de endeudamiento en los sectores privados, que se retroalimentaba a través de la generación de burbujas o inflaciones de activos que los propios Bancos Centrales provocaban. Las consecuencias ya las conocemos: crisis de deuda privada y pública, y un sistema financiero insolvente.

Pero donde realmente la actuación de Banco de España, y de la mayoría de los Bancos Centrales, ha sido más deplorable es en su labor de supervisión y guardián del sistema bancario. La razón es evidente: al frente de la inmensa mayoría de los bancos centrales se encuentran economistas educados en los principios neoclásicos. Parten de un prejuicio favorable respecto a los mecanismos de mercado, la libre empresa, y el “laissez-faire”. Cuánto menos regulación y supervisión mejor. Como compensación propusieron la creación de murallas chinas para asegurarse de que los problemas del pasado no se repetirían.

Sin embargo, prevaleció el poder de los incentivos económicos que dirigió el comportamiento humano hacia el autointerés y el corto plazo, y no hacia el interés propio bien entendido. Ello era especialmente grave en un momento donde había una demanda de altos rendimientos que podían obtenerse sólo a través de un alto apalancamiento y una toma de riesgo grande. Los Bancos Centrales miraron a otro lado, y cuando llegó 2008 ya era tarde.

Rescates bancarios a costa de los contribuyentes

Lo peor aún estaba por llegar. Tras ser uno de los grandes responsables de la crisis de deuda en la que estamos inmersos, y de la actual insolvencia del sistema financiero, los Bancos Centrales propugnaron rescates bancarios con dinero público, es decir, a costa de los contribuyentes. En su labor de “independencia” siempre han defendido a los acreedores, cuando las experiencias más exitosas, especialmente el rescate bancario sueco de 1992, quienes pagaron fueron la propiedad, los bonistas, y el equipo de dirección.

Eso sí, siguen bombardeándonos sobre la necesidad de reformas estructurales, cuyo objetivo último es pagar las consecuencias de su mala supervisión e intervención del sistema bancario. ¡Qué morro y qué jeta!


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