Desde la heterodoxia

Limitemos el poder de los bancos privados para crear dinero

La ortodoxia desdeñó el papel de la deuda privada en la crisis. Ergo, los distintos gobiernos, organismos internacionales, asesores, y la inmensa mayoría de los académicos, no fueron capaces de preverla, y lo que es peor, ignoraban las consecuencias sistémicas de la misma.

Como consecuencia de lo que se enseña en la Universidad, la práctica totalidad de los economistas aún no entiende cuál es el papel del dinero, la deuda, o el sistema financiero en la economía. Muchísimo menos comprenden el poder que los Estados concedieron a la banca privada para crear dinero de la nada, mediante distintas desregulaciones, tras las correspondientes presiones de los lobbies bancarios. Y de aquellos barros, estos lodos.

Es más necesario que nunca limitar el poder de la banca comercial para crear endógenamente dinero, deuda privada descomunal, e inflaciones de activos. La política monetaria de Allan Greenspan, Ben Bernanke, o Mario Draghi ha fracasado. Acabemos con todo ello antes de que la bicha termine devorándonos a todos.

El "multiplicador monetario" pierde su magia

El activismo de la política monetaria se basa en la suposición de que existe una relación predecible entre las reservas bancarias y los préstamos bancarios. El concepto generador de dinero fácil es que el Banco Central crea nuevas reservas bancarias, y los bancos las prestan. Estos préstamos se gastan, y lo obtenido es depositado en otros bancos, como cuentas corrientes. Todo lo que no es necesario mantenerlo como reservas es entonces prestado de nuevo, y gracias a la magia del dinero, préstamos y depósitos bancarios multiplican por muchas veces la inyección inicial de las reservas.

Pero esto es la teoría. A partir de los fondos monetarios, y, especialmente desde los años 90, las exigencias de reservas para la mayoría de depósitos se redujeron a cero. En la actualidad la gran mayoría de las fuentes de financiación utilizados por los bancos para crear préstamos no tienen nada que ver con las reservas bancarias. Incluso gran parte de estos préstamos eran agrupados en títulos y vendidos, por ejemplo, a un fondo de pensiones, sacándolos fuera de los libros del banco. Por lo tanto, los préstamos comerciales, industriales y de consumo ya no tienen ningún vínculo con las reservas bancarias. Desde mitad de los 90, el volumen de estos préstamos se ha disparado, mientras que las reservas bancarias disminuían.

El culto a la autorregulación

En noviembre de 1999, el Congreso de los Estados Unidos derogó la ley Glass-Steagall, la culminación de un esfuerzo de lobby de alrededor de 300 millones de dólares de la banca y las industrias de servicios financieros, encabezado en el Congreso por el senador Phil Gramm.

La ley Glass-Steagall, que separó durante mucho tiempo los bancos comerciales (que se prestan dinero) y los bancos de inversión (que organizan la venta de bonos y acciones), había sido promulgada a raíz de la Gran Depresión y estaba destinada a contener los excesos de la época, incluyendo los graves conflictos de intereses.

Quienes promovieron la derogación de la ley Glass-Seagall, propusieron la creación de murallas chinas para asegurarse de que los problemas del pasado no se repetirían. Sin embargo, la dinámica avaricia-miedo de Hyman Mynsky y su crítica a la autorregulación del sistema financiero volvió a funcionar: prevaleció el poder de los incentivos económicos que dirigió el comportamiento humano hacia la avaricia y el corto plazo.

La consecuencia más importante de la derogación de la Glass-Steagall fue indirecta: la banca comercial adoptó la cultura de la banca de inversión, en pleno apogeo. Había una demanda de altos rendimientos que podrían obtenerse sólo a través de un alto apalancamiento y una toma de riesgo grande.

Hubo otros pasos importantes en este camino desregulador. En abril de 2004 la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) permitió que los grandes bancos de inversión pudieran aumentar su ratio de deuda sobre capital (de 12:1 a 30:1 o superior) para que pudieran comprar más títulos respaldados por hipotecas, inflando la burbuja de la vivienda en el proceso.

Al adoptar todas estas medidas, las autoridades defendieron las virtudes de la autorregulación: la noción peculiar de que los bancos pueden efectivamente ser la propia policía que vigile los excesos. La realidad fue distinta, muy dura, cruel.

El papel de la deuda privada en la crisis

Cuando un banco presta dinero, crea capacidad de gasto al instaurar simultáneamente un depósito. Ese dinero adicional viene a sumarse a la capacidad de gasto del prestatario, sin reducir la capacidad de gasto de los ahorradores.

La teoría económica neoclásica, por contra, trata a los bancos como simples intermediarios entre ahorristas y prestatarios. Un empréstito aumentaría la capacidad de gasto del prestatario, pero reduciría la capacidad de gasto del ahorrador. Si el modelo bancario neoclásico fuera verdadero, entonces los efectos macroeconómicos de la deuda quedarían cancelados, como sostienen Paul Krugman y Ben Bernanke. Hay pruebas empíricas abrumadoras de que ese modelo es falso. Esas pruebas empíricas fueron exhaustivamente analizadas por economistas postkeynesianos como Hyman Minsky o Basil Moore.

En el mundo real los bancos centrales no pueden controlar la creación de dinero privado por los bancos comerciales mediante el control de las reservas. Más bien al revés, en el mundo real los bancos comerciales extienden el crédito, creando depósitos en el proceso, y luego miran las reservas.

En definitiva, el crecimiento del crédito puede expandir la demanda agregada. Entonces, en vez producirse necesariamente una equivalencia entre la demanda agregada y la oferta agregada, la demanda agregada excederá a la oferta agregada, si crece la deuda, y caerá por debajo de la oferta agregada, si cae la deuda. Por lo tanto, el volumen nominal del dinero importa, y las dinámicas bancaria y de deuda han de incluirse en los modelos macroeconómicos, en vez de ignorarlas como hace la teoría económica neoclásica.

Limitemos el poder de los bancos para generar dinero

Debemos exigir a nuestros políticos que pongan fin al poder ilimitado de la banca para generar dinero, incrementar irracionalmente la deuda y retroalimentar inflaciones de activos.

Se deben incrementar las reservas para los distintos instrumentos de financiación de los bancos privados. Debemos exigir una separación entre bancos comerciales y banca de inversión.

Es necesario limitar el papel de la aceleración de la deuda en la conducción de burbujas. Los beneficios bancarios son impulsados por el volumen de deuda. No vale con confiar en que los bancos aprenderán de la crisis y se comportarán de manera más responsable. Tienen un deseo innato de extender deuda y tratarán de convencer a sectores no bancarios para asumirla. Por lo tanto hay que romper el nexo precio de activos-deuda para frenar las burbujas. Para ello hay que reducir el atractivo de la especulación apalancada en los precios de los activos, pero sin ahogar la demanda de deuda para inversión.

El economista postkeynesiano Steve Keen propone, entre otras cosas, por ejemplo, establecer el máximo que se puede prestar para comprar una casa no en base al salario, lo que genera burbujas, sino como un múltiplo del potencial de rentas que genere la propiedad en sí misma, el alquiler. El exceso del precio sobre el préstamo sería realmente los ahorros del comprador, y un aumento en el precio de una casa significaría una caída en el apalancamiento, en lugar de un aumento en el apalancamiento, como ahora. No sería un bucle de retroalimentación negativa entre precios de la vivienda y el apalancamiento.


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