Desde la heterodoxia

¡Harto de los economistas de oferta!

Permítanme el enésimo exceso de compartir con ustedes mi hartazgo ante la enorme cantidad de tonterías y zarandajas que pueblan los “concienzudos” análisis económicos divulgados por los “mass media”. Me voy a centrar en uno de esos tópicos manoseados, muy especialmente por economistas neoclásicos. La necesidad de reformas estructurales para reactivar las inversiones productivas. Voy a ser suave, ni idea de lo que hablan.

Al final optaron por lo de siempre, crecer en base a burbujas, turismo, servicios de muy baja calidad, y todo ello con más deuda, eterna deuda

Cuando escucho a un economista hablar de reformas estructurales, les debo reconocer que se me hiela la sangre. Un ejemplo cercano, son las “reformas estructurales” emprendidas por el actual ejecutivo. Sus técnicos comerciales, tan listos ellos, pensaban que con el abaratamiento del coste de los factores productivos –devaluación salarial y menores costes financieros– se reactivaría el ciclo de inversión productiva, que atraeríamos inversión directa extranjera. La realidad es muy distinta, y al final optaron por lo de siempre, crecer en base a burbujas, turismo, servicios de muy baja calidad, y todo ello con más deuda, eterna deuda.

En este contexto, déjenme introducir una carta reciente de Laurence Fink, presidente de BlackRock, en la actualidad la mayor gestora de fondos del mundo, a los directores ejecutivos –CEOs- de las principales compañías del planeta. En primer lugar advertirles que sus ideas no son desinteresadas, simplemente tratan de proteger su negocio. El análisis subyacente de la carta es que los mercados financieros globales están sobrevalorados, que a los precios actuales los retornos ex ante a largo plazo serán negativos. Ya saben nuestra apuesta, la gran mentira de la expansión monetaria emprendida por los Bancos Centrales solo genera burbujas, desigualdades, y al final pobreza. ¿Saben ustedes que les pasará entonces a los bancos, compañías de seguros, fondos de pensiones privados, cuando estalle la burbuja actual? Ya no habrá dinero público para rescatarlos.

El presidente de BlackRock destaca la importancia de que las empresas adopten un enfoque de largo plazo para la creación de valor

La carta de Laurence Fin

En la carta, el presidente de BlackRock destaca la importancia de que las empresas adopten un enfoque de largo plazo para la creación de valor. Critica la presión incesante cortoplacista que origina la proliferación de accionistas que buscan resultados inmediatos, de corto plazo. SegúnFinkno se fomenta la inversión a largo plazo, solo la especulativa. Afirma sin rodeos que “los efectos de éste fenómeno cortoplacista son preocupantes tanto para aquellos que buscan ahorrar pensando en objetivos de largo plazo, en la jubilación y para nuestra economía en general. Ante estas presiones, los líderes corporativos han respondido con acciones que pueden ofrecer resultados inmediatos a los accionistas, tales como recompras de acciones o aumentos de dividendos, mientras que no han invertido suficientemente en innovación, mano de obra especializada o gastos de capital necesarios para sostener el crecimiento a largo plazo”. ¿Tremendo, verdad?

Para completar, en la carta se sugiere la necesidad de utilizar políticas públicas para incentivar el largo plazo. Concretamente, afirma “Creemos que los líderes gubernamentales de todo el mundo, con un esfuerzo concertado de los inversores y las empresas deben actuar para favorecer políticas públicas que fomenten el comportamiento a largo plazo. Creemos que la política fiscal de Estados Unidos, tal y como está, incentiva el comportamiento a corto plazo.” En realidad lo que detalla y propone el señor Fink supone reconocer el fracaso de la política económica actual, el fracaso del mantra de la maximización del valor de la acción, el fracaso de las políticas de oferta, el fracaso de la actual política monetaria destinada a genera inflaciones de activos, el fracaso de la política fiscal dedicada a incentivar la financiarización de la economía global. Por eso hay que decir ¡basta ya! Basta de publicitar en medios de comunicación ideas y teorías falsas, y encima sugerir que no hay alternativas.

Desde este blog hemos combatido y combatiremos la falsedad de la hipótesis de mercados eficientes, y de las expectativas racionales

Fracaso de la ortodoxia económica

En realidad esta carta pone de manifiesto el fracaso más absoluto de la ortodoxia económica dominante. Desde este blog hemos combatido y combatiremos la falsedad de la hipótesis de mercados eficientes, y de las expectativas racionales; hemos criticado y criticaremos la falacia de la maximización del valor de la acción; hemos puesto en tela de juicio la teoría monetaria neoclásica, la Ley de Say, la Curva de Laffer, las funciones de producción neoclásicas,…. Pero a su vez ofrecemos hipótesis y teorías alternativas que preveían lo que ha pasado, que explican las paradojas que se encuentran por el camino la ortodoxia. Nos referimos a la hipótesis de inestabilidad financiera de Hyman Minsky, el principio rector dominante de la demanda efectiva frente a cualquier restricción de oferta, la endogeneidad del dinero -Teoría Monetaria Endógena de Steve Keen-, los modelos de Stock-Flujo de Wynne Godley y Marc Lavoie, la curva de demanda de trabajo Postkeynesiana, la racionalidad procedimental,…

Pero aún así tenemos que soportar diariamente como se publicitan teorías e hipótesis falsas. En realidad, ideas como la maximización del valor de la acción, la fe ciega en la eficiencia de los mercados de capitales y en la perfecta racionalidad de los inversores, espolearon toda una corriente económica, política y académica que, entre otras cosas, defendió a toda costa la desregulación, las privatizaciones, la flexibilización de precios y salarios, y unos modelos de remuneración salarial de los ejecutivos absolutamente ineficientes, injustos, favoreciendo un masivo fraude contable. Las consecuencias ya las conocemos todos: la mayor crisis económica sistémica desde la Gran Depresión. ¡Pero ahí los tienen, erre que erre!


Imagen: El prestidigitador, de Hieronymus Bosch (1520)


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