Desde la heterodoxia

Frente al BCE, un sí a la propuesta de Michel Rocard

Dentro de la parálisis y mediocridad que rodea la política europea resulta estimulante escuchar propuestas cuyo objetivo último es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos europeos. Una de esas propuestas es la realizada por el otrora primer ministro francés Michel Rocard, con el objetivo de rehabilitar la capacidad de financiación de algunos estados europeos altamente endeudados, entre ellos España. Pero vayamos por partes.

Uno de los problemas que tienen las economías de los países europeos con dificultades, y particularmente la española, es la sequía de crédito a la que las están sometiendo las entidades financieras. La banca presenta un problema de solvencia, y se ha convertido en un sumidero de dinero público, frente a la actitud inoperante, y en muchos casos de connivencia, de reguladores y dirigentes políticos. Resulta imprescindible detener esta sangría de fondos hacía un sistema financiero que no cumple el papel social que tiene asignado.

La orgía de liquidez del BCE

Las inyecciones masivas de liquidez del Banco Central Europeo (BCE) simplemente sirven para mantener el actual status quo de la banca, esperando que vengan tiempos mejores que permitan recuperar el margen de los bancos y de esa manera solucionar sus problemas de solvencia.

Los masivos préstamos del BCE al sistema bancario europeo, a un coste ridículo, tienen como objetivos últimos no escritos garantizar la liquidez de las entidades financieras; refinanciar los vencimientos de bonos de las entidades, en un contexto donde los bancos tienen completamente cerrados los mercados de crédito; y permitir financiar a los Tesoros de países periféricos a través de sus sistemas bancarios privados.

Sin embargo, sigue sin solucionarse el principal problema: la insolvencia bancaria, que al final acaba arrastrando a la deuda soberana.

Los bancos no están canalizando el ahorro de manera adecuada

La mayoría de los bancos privados, en sus actuales circunstancias, no son instrumentos validos para canalizar el ahorro hacía inversiones a largo plazo. En esta disyuntiva, deberían ser instrumentos públicos los que realmente impulsen la reasignación de excedentes de capital hacia el futuro. Sin embargo la situación de distintos países europeos no lo permite.

Grecia se encuentra prácticamente en bancarrota, pendiente de una quita del al menos el 60% de su deuda. Portugal se aproxima irremediablemente a una tragedia griega. Irlanda, España e Italia están sujetas a duros ajustes presupuestarios que les llevará, si nada y nadie lo impide, a una recesión larga, profunda e intensa. Como corolario, además, no cumplirán con los objetivos presupuestarios que el principal país acreedor, Alemania, les ha impuesto.

Digámoslo claramente, la miopía alemana está ahogando a Europa en sus desequilibrios, y al final, sí todo continúa por los actuales derroteros la cosa acabará mal, muy mal.

La propuesta de Michel Rocard

La pregunta que surge es inmediata, ¿qué hacer entonces? Lo primero es rehabilitar la capacidad de generar crédito de algunos estados europeos altamente endeudados. Una solución a corto plazo en este sentido es la propuesta enunciada por el ex-primer ministro francés Michel Rocard.

Según Rocard, el BCE podría, sin ningún impedimento legal, prestar a un interés del 0,01% al Banco Europeo de Inversiones (BEI), en vez de comprar deuda pública en los mercados secundarios permitiendo que se encarezca el crédito y dando beneficios a los inversores privados que intermedian. De esta forma el BEI podría financiar al 0,015% a los estados castigados por los mercados financieros reduciendo drásticamente el coste de su deuda.

Los actuales estatutos del BCE no le autorizan a prestar a los estados miembros, pero los artículos 21.3 y 23 del estatuto del sistema europeo de bancos centrales establecen que el BCE puede prestar sin límite a los organismos públicos de crédito y a las organizaciones internacionales.

Esta propuesta permitiría que no se extienda la quita sobre la deuda griega a otros países en dificultades como Portugal, Irlanda, Italia y España. Opción que no habría que descartar en el futuro, si las cuentas de esos países quedan lastradas por las medidas de ajuste que se están imponiendo desde Berlín y París, así como por la exigencia de que sean sólo los estados nacionales quienes que avalen la deuda de sus bancos.


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