Desde la heterodoxia

Francia, mucho mejor que España

Sin duda alguna Francia ha dado la gran sorpresa positiva del crecimiento del segundo trimestre de 2013, especialmente para todos aquellos bancos de inversión de la City y de Wall Street que aún no se han enterado, o no quieren enterarse, de lo que es una recesión de balances. Bien harían éstos, en vez de hurgar en economías ajenas, en analizar mejor las propias, Estados Unidos y Reino Unido, las más vulnerables en el medio plazo, al ser las más endeudadas del mundo. Simplemente sus análisis comparando España frente a Francia, a favor del primero, eran un chiste de muy mal gusto.

Con el mayor crecimiento intertrimetral de los últimos dos años, +0,5%, Francia ha dejado atrás las cifras negativas, ya no solo en términos intertrimestrales sino también en tasas interanuales (+0,3%). A diferencia de Alemania, Francia no ha estado nunca sometida a una recesión de balances en las últimas dos décadas. Pero qué tiene de especial Francia, si lo comparamos por ejemplo con nuestro país.

Economía muy intervenida

Francia es un país con una economía muy intervenida, donde el gasto público juega un papel predominante. Siempre, desde posiciones ortodoxas neoclásicas, se ha considerado al país galo como una economía en declive o decadencia. Sin embargo, y paradójicamente, es el peso del sector público francés, en una recesión de balances privados como la actual, el que ha evitado hasta ahora una más que segura intensa contracción económica.

El país galo presenta una participación del gasto público sobre PIB del 56%, más de 16 puntos porcentuales por encima de España, y que no ha bajado nunca del 50% en toda la última década. En términos de déficit público no ha tenido equilibrio presupuestario desde 1974. En el punto más álgido del ciclo, el desequilibrio público alcanzó los 2,3 puntos porcentuales del PIB, reflejando las dificultades para poder cumplir con Maastricht, incluso en fases de fuerte crecimiento. A pesar de ello el volumen de deuda pública sobre PIB de España superará al de Francia a finales de 2013.

Si el volumen de gastos es muy superior en Francia por qué la deuda pública ha crecido mucho más en nuestro país en los últimos años. Básicamente por cuatro factores. En primer lugar, Francia se financia de manera adecuada en los mercados financieros, alcanzando los tipos de interés de los bonos soberanos mínimos históricos a lo largo de 2013. En segundo lugar, los ingresos fiscales son muy superiores en el país galo, por encima del 50% del PIB. En España se han hundido, situándose alrededor del 35%.

Otro factor que diferencia la sostenibilidad es la evolución de la Seguridad Social, y que afectará a la deuda pública a medio y largo plazo. España ha ido reduciendo las bases de cotización, a una media del 2% anual, lo que unido a las previsiones de desempleo y envejecimiento, nos llevan a un déficit creciente a medio plazo de una cuantía superior al 1% anual. Francia mantiene un sistema de aportaciones a la Seguridad Social en niveles muy elevados que permite sostener un sistema público generalizado, con escaso peso de los sistemas de previsión privados. Finalmente, el rescate del sistema bancario español se ha hecho a costa del erario público, computando como deuda y déficit público.

Al ser en el país galo la carga financiera, nominal y real, inferior al crecimiento económico, la deuda se encuentra en una senda de sostenibilidad. Por el contrario, en el caso español, los tipos de interés nominales están claramente por encima de nuestro crecimiento económico nominal, de manera que la acumulación de deuda pública no es sostenible, al no ser que se recupere la actividad económica, lo cual en el actual escenario de ajustes fiscales y salariales es imposible.

A diferencia de España u otros países intervenidos o rescatados, el país galo no ha implementado duras medidas de austeridad fiscal o salarial que al final acaban hundiendo el crecimiento económico, y aumentando el déficit público. Si hubiera optado por la austeridad fiscal, su prima de riesgo habría repuntado, se le habría forzado a una reducción del gasto público, y la economía gala habría entrado en una profunda recesión económica. El arraigo social de las políticas públicas que tienen su estrella en la educación, con un 21% del PIB, hacen complejo diseñar un escenario de adelgazamiento y una política de austeridad expansiva que se está demostrando inútil y dañina.

Pero además las finanzas privadas también son más sostenibles. En Francia los sectores privados no financieros están mucho menos endeudados que en España, tanto familias como empresas. Mientras que las familias francesas tienen una deuda sobre PIB alrededor del 55%, en nuestro país es superior al 80%. Por otro lado, las empresas no financieras francesas están mucho menos endeudadas (65% del PIB) que sus homólogas españolas (134%). Solamente la deuda del sector financiero de ambos países es muy parecida. En España alcanza el 110% del PIB, y en Francia alrededor del 100%, siendo en realidad la deuda bancaria su auténtico problema.

Francia, economía mucho más diversificada

Las economías francesas y española, lejos de poder compararse, siguen siendo muy diferentes. Francia es una economía basada en la producción y la industria, con un posicionamiento mundial muy superior a la española. Por el contrario, España es una economía basada en los servicios de bajo valor añadido, con una actividad industrial decreciente, y muy dependiente del ciclo interno y externo. Otro factor que distorsiona el análisis es la participación laboral. La tasa de población activa en Francia supera el 70%, y se mantiene muy estable, mientras que en el caso español apenas llega al 60%, con una tasa de empleo que no alcanza el 50%.

El sector exterior también presenta profundas diferencias, tanto en términos a corto plazo, como a largo plazo. Las exportaciones francesas tienen un componente de manufacturas que superan el 75%, frente a un escaso 60% español, lo que prueba la diferencia del peso de la industria en ambas economías.

La economía francesa está mucho más diversificada que la española que depende en gran parte de la evolución europea, mientras que Francia tiene un comercio exterior equilibrado entre la UE (Alemania) y el resto del mundo. En definitiva, en cualquier análisis de sostenibilidad a medio y largo plazo, Francia tiene una capacidad de crecimiento mucho más sólida que España.


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