Desde la heterodoxia

Final abrupto de la política monetaria

Los principales Bancos Centrales occidentales, capitaneados por la Reserva Federal de los Estados Unidos, vienen implementando desde el estallido de la actual crisis sistémica una política monetaria no convencional. Además de rebajar los tipos de interés oficiales prácticamente al 0% han expandido el tamaño de sus balances. Se trata de la percepción errónea de que inundando de dinero al sistema se reactivará el ciclo económico. Sin embargo, en una crisis por endeudamiento, o recesión de balances, como la actual, la política monetaria es totalmente inefectiva.

Lo peor no es que en sí misma esta política monetaria sea inefectiva a la hora de reactivar el ciclo económico real, sino que además genera efectos tremendamente perversos. A pesar de ello, la mayoría de los economistas y académicos han aplaudió y aún siguen aplaudiendo una política monetaria nociva, que nos va a llevar al mayor colapso coordinado de los mercados financieros de la historia. La razón es muy sencilla, no han entendido el papel de la deuda y la naturaleza endógena del dinero en la actual crisis sistémica. Por eso, confunden los síntomas de la expansión monetaria de los Bancos Centrales, el aumento del precio de los activos financieros e inmobiliarios, con signos de una recuperación sostenible del crecimiento económico real.

En un entorno donde el activo seguro apenas ofrece rentabilidad, se fuerza a los inversores a buscar rendimientos a toda costa, incentivando la toma de riesgos excesivos. Como consecuencia se generan tremendas inflaciones de activos –financieros e inmobiliarios- donde los precios de los mismos suben de manera irracional, apoyados en argumentos peregrinos. En este contexto, los bancos, la mayoría de ellos insolventes, asumen importantes riesgos en sus apuestas bajo la confianza de que si al final las cosas iban mal, las autoridades monetarias los rescataran, como hasta ahora ha pasado.

Los bancos centrales, elementos peligrosos

En realidad, desde la crisis de distintos países emergentes en el período 1997-1998, los Bancos Centrales, temerosos de caer en un proceso de deflación por endeudamiento, se han dedicado a gestionar el riesgo, implementando una política monetaria preventiva de estabilización que genera un tremendo problema de riesgo moral, porque al final los inversores terminan incrementando aún más su apetito por el riesgo, aumentando su apalancamiento, haciendo todavía más vulnerable a la economía global.

Desde el punto de vista de la valoración, se modifica el perfil temporal de los rendimientos de los activos mobiliarios e inmobiliarios, inflándolos hiperbólicamente. Al final estas exuberancias irracionales acaban pinchándose, pero cuando estallan, pensemos en nuestra burbuja inmobiliaria, terminan provocando recesiones-depresiones.

En la actual crisis sistémica, en vez de aprender y corregir los desequilibrios, básicamente reducir y reestructurar el tamaño del sistema bancario acorde con la economía real, se inicia de nuevo una huida hacia adelante y se acuden a las expansiones cuantitativas de los balances de los Bancos Centrales. Éstos aumentan el tamaño de sus balances considerablemente, bien financiando bancos zombis insolventes, o bien comprando en mercado secundario deuda pública o privada, y, si hiciera falta, bolsa. Los Bancos Centrales se convierten en la nueva centrifugadora del riesgo de mercado. Hemos pasado de la burbuja inmobiliaria y bancaria, a la madre de todas las burbujas. Pero estamos cerca que esta política monetaria explote a la par que se hunden los mercados financieros de riesgo.

Un final abrupto

La práctica totalidad de los activos financieros de riesgo están sobrevalorados, pero los inversores siguen estando excesivamente optimistas y complacientes. Sólo es cuestión de tiempo esperar a que se desate la siguiente fase de venta masiva de los mismos. En ese escenario emergerán todas las miserias de occidente, la descomunal deuda, privada y pública, y la insolvencia bancaria.

Como consecuencia se activará un círculo infernal que se irá retroalimentando: crisis de deuda-crisis bancaria-deflación por endeudamiento. El crecimiento económico se hundirá, la recesión se intensificará con fuerza. Solamente se salvarán aquellos países occidentales más ligados a la producción, y menos endeudados, aspectos que han ido unidos -Alemania, Austria, Países Nórdicos, Australia, o Canadá. España entrará en una triple recesión.

Al final a esta situación se ha llegado por que desde los distintos gobiernos, organismos supranacionales y autoridades monetarias se ha protegido a una gerencia bancaria insolvente y a unos acreedores profesionales que no asumieron el riesgo de sus inversiones. Para ello han contado además con la inestimable ayuda de la mayoría de los economistas y académicos.

Desde finales de los 80 hasta principios de los 2000, muchos académicos notables intentaron reescribir la historia argumentando que fue la política monetaria y no la fiscal la que permitió a los Estados Unidos salir de la Gran Depresión. Para ello utilizaron el argumento de que la oferta monetaria se incrementó significativamente desde 1933 a 1936. Sin embargo, ninguno de estos académicos se tomó la molestia de mirar que ocurrió en el lado de los activos de los balances bancarios. Si lo hubiese hecho, ahora estarían temerosos, muy temerosos.


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