Desde la heterodoxia

Exportar deflación, arma letal china para 2015

Los conflictos geopolíticos entre los distintos bloques de poder global nos han abocado a una guerra de divisas en la que ya estamos inmersos. En esta particular y sutil guerra, China encarna el bloque emergente que trata de hacer frente a la hegemonía de los Estados Unidos. Se trata de una guerra soterrada, donde cada área utiliza distintos instrumentos de política económica. La estrategia China refleja un cambio de comportamiento intrínseco notorio respecto a su actitud cooperativa en las últimas décadas. El país asiático claramente ha optado por una estrategia de confrontación más directa, encaminada en última instancia a conseguir en el medio y largo plazo un poder hegemónico global.

En su momento, en un blog que titulamos Y China se cansó del dólar, detallamos la estrategia de medio y largo plazo diseñada por las autoridades asiáticas. El objetivo último es la ruptura de una de las grandes tendencias globales de largo plazo. Nos referimos al final del dólar como moneda reserva global. Dicha ruptura viene precedida, sin embargo, por la terminación de otra tendencia relativa a los últimos 15 años, y, por lo tanto de medio plazo. Las compras masivas de deuda gubernamental estadounidense por parte de China, el principal país acreedor del mundo, se han frenado. China ha ido disminuyendo paulatinamente sus posiciones en deuda soberana estadounidense, y  ya no es el principal acreedor del Tesoro estadounidense, “trofeo” que recae en la Reserva Federal.

La acumulación de oro unido a la multitud de acuerdos de convertibilidad de divisas del gigante asiáticocon los principales Bancos Centrales del planeta son los preparativos por parte de las autoridades chinas para romper esta tendencia de largo plazo, preparar la internacionalización y convertibilidad del renmimbi, y convertirse en un tiempo razonable en la moneda básica en el comercio internacional. Sin embargo es en la estrategia de corto plazo, mucho más sutil, donde emerge la idea de confrontación directa.

Estrategia Corto Plazo: exportar deflación

En el corto plazo, las autoridades chinas definitivamente han optado por exportar deflaciónal resto del mundo. La debilidad del precio del petróleo no es solo debido a un exceso de oferta. Las materias primas en general se han visto afectadas por la debilidad económica en China, que tiene su propio problema de deflación creciente.

El Banco Central de China, a diferencia de los distintos Bancos Centrales occidentales, no ha hecho una fuerte expansión monetaria. La base monetaria y el crecimiento del crédito continúa cayendo, y los tipos de interés de mercado son casi los mismos que hace unos meses. No quieren que se repita la burbuja de crédito de 2008. En su lugar han optado por rebajar el objetivo de crecimientodel PIB, una vez alcanzada en 2014 la meta de crear 10 millones de puestos de trabajo. La desaceleración china va a continuar exportando más deflación, y eso explica, por ejemplo, por qué las expectativas de inflación de Estados Unidos continúan cayendo a pesar de los datos recientes de la economía real han sido fuertes.

La estrategia china de exportar deflación, afectará negativamente a Occidente, activando problemas y debilidades subyacentes. El primero de ellos ha sido visible en la segunda parte del año pasado. Los mercados financieros aumentaron la volatilidad, y determinados mercados de riesgos registraron pérdidas importantes. La bolsa española, por ejemplo, registró en 2014 un máximo relativo el jueves 19 de junio y desde entonces, paralelo al descenso de las materias primas, se ha ido paulatinamente desinflando. El segundo es muchísimo más perspicaz y peligroso, los tipos de interés reales podrían repuntar con fuerza. Ello definitivamente pararía la ya de por sí débil inversión productiva en Occidente. Pero ello, a su vez, afectaría de nuevo negativamente a los mercados financieros, y ambos problemas se irían retroalimentando.

Miopía élites occidentales

La estrategia de China está clara, pero la miopía de las élites occidentales ha facilitado dicha estrategia. Después de llenar de deuda privada al sistema, tras la generación de múltiples burbujas, después de socializar las pérdidas privadas vía deuda pública, resulta que no hay inversión productiva. Y esto es muy grave. Ambas dinámicas, la estrategia china y la miopía occidental, reactivarán la Inestabilidad Financiera de Hyman Minsky.

Los motores de los beneficios empresariales son los gastos de inversión, que expanden los beneficios sobre los rendimientos previos, activando un mayor apetito por el riesgo, y más inversión. Si no hay inversión nueva se contrae el retorno del stock de capital ya existente. Los departamentos de las distintas multinacionales continúan demandando retornos sobre el capital exagerados, por lo tanto no invierten, y los beneficios inexorablemente caen. Esta situación se vería exacerbada si aumentan los tipos de interés reales. Se producirían pérdidas de capital, activando otra contracción en la inversión y nuevas caídas en los mercados financieros.

Y es en este contexto donde entra en juego el Tratado de Comercio Transatlántico con los Estados Unidos. Además del objetivo último de crear una nueva divisa dominante, el eurodólar, las élites europeas pretenden con él recuperar las tasas de ganancia del capital mediante nuevas privatizaciones y liberalizaciones de servicios públicos -educación, sanidad, agua, energía, transporte…- , y continuar con duros ajustes fiscales y salariales, en su enésima vuelta de tuerca a los trabajadores europeos. Están empobreciendo a las clases trabajadoras, haciendo desaparecer paulatinamente a las clases medias, y con ello la fuente de crecimiento, estabilidad, y prosperidad de las economías capitalistas.


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