Desde la heterodoxia

Europa entrará en una profunda recesión en 2012

Discrepo profundamente de los análisis que se están haciendo sobre los resultados de la pasada cumbre de líderes europeos. Mi previsión es diametralmente la opuesta. Europa, tras los acuerdos adoptados en las dos últimas semanas, entrará en una profunda recesión en 2012. Por lo tanto, no solo se disiparán las dudas en torno a países como Italia o España sino que finalmente corren el riesgo de ser intervenidos y arrastrar a la propia Eurozona.

Europa ha optado finalmente por una política presupuestaria restrictiva como única medida frente a la actual crisis económica y financiera. Los líderes europeos se han llenado la boca de la palabra austeridad sin saber realmente sus consecuencias e implicaciones para los ciudadanos que representan. Se impone la postura alemana, país que por cierto no asumió en 2003 las multas derivadas de sus incumplimientos de los criterios de Maastricht.

Además, para acabar de rematarlo, finalmente se ha desechado una reestructuración ordenada de la deuda pública y privada, en definitiva de nuevo, como única alternativa, más austeridad, la palabra de moda.

¿A quién beneficia la austeridad? Claramente a los acreedores. Por un lado, a Alemania que quiere garantizarse la devolución del principal e intereses de su errónea política de inversiones. Por otro lado, al sistema bancario europeo totalmente moribundo, y que no quiere asumir las consecuencias de su nefasta gestión en los años de bonanza.

Para salir de esta crisis, como condición necesaria, el balance del sistema bancario europeo debe reducir su tamaño de manera notoria. Implica asumir que el valor de sus activos es tremendamente inferior al recogido en sus libros. Desde el lado del pasivo, además de accionistas, los bonistas deberían asumir el riesgo de sus inversiones y sufrir una quita. Ya lo hicieron los suecos en el año 1992 y no pasó nada. Lo volvieron a hacer los islandeses en el año 2008, y no ha pasado nada.

Sin embargo, la austeridad presupuestaria en una crisis de deuda privada como la actual, que obliga a familias y empresas a restringir consumo privado y nuevos proyectos de inversión, acabará provocando una recesión severa, profunda, intensa. Traduciéndolo en números, el crecimiento económico español para 2012 se situará en el intervalo -0,7%/-1,4%, y como consecuencia España no cumplirá con el objetivo de déficit presupuestario, que alcanzará el 5,5% del PIB, frente al 7,7% que prevemos para 2011.

Richard Koo, economista jefe de Nomura, y uno de los mayores expertos en crisis de balances, como la actual, ya lo advirtió: “Europa, irremediablemente está cavando su propia tumba. Debería limpiar balances privados, aumentar gasto público y financiarlo con su ahorro, imponiendo control de capitales”.

Willem Buiter, economista jefe de Citi y padre intelectual del rescate islandés, en su última nota semanal afirmaba: “o los gobiernos italiano y español después de muchos años de austeridad restauran la solvencia, o implementan una reestructuración ordenada de sus deudas… Los crecimientos económicos muy bajos o negativos junto a una tasa de paro creciente serán la norma en la Unión Europea, Reino Unido, Estados Unidos o Japón, al no ser que se implementen procedimientos al margen de los mercados, mediante una reestructuración de la deuda soberana, bancaria, y de las familias”.

Si este escenario de recesión finalmente se cumple, los acreedoresque son quienes han impuesto sus recetas no tendrán garantizadas sus inversiones.


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