Desde la heterodoxia

Europa, al borde del abismo

Europa se encuentra al borde del precipicio, ése que irremediablemente nos arrastraría hacia una profunda deflación por deuda. Deberíamos actuar ya, aún es posible corregir el rumbo de nuestro destino. Sin embargo, soy pesimista. Esos mismos políticos que hablaban de refundar el capitalismo, nos traicionaron, pura retórica. Finalmente cedieron e implementaron medidas de política económica que en última instancia beneficiaron a aquellos que generaron la crisis, a quienes jugaron al casino.

La actual clase política dirigente está absolutamente paralizada, petrificada. Y para lo que pretenden hacer, mejor que se queden quietos. Se está dejando llevar por esos cantos de sirena que nos empujan a un Tratado de Libre Comerciocon los Estados Unidos, otra vuelta de tuerca más a los trabajadores europeos. Es patético ver el rumbo y propuestas de la actual Comisión Europea, formada y alimentada por acuerdos tácitos entre conservadores, socialdemócratas, y liberales, pero que en última instancia actúan bajo el dictado de las grandes corporaciones.

Europa se ha convertido finalmente en un ejemplo más de Totalitarismo Invertido 'a lo Sheldon Wolin'. Recuerden, la antidemocracia y el dominio de la élite son sus rasgos básicos. Es necesario un cambio radical de políticas. Ello requiere despojarnos del dominio de la élite y recuperar la democracia, la libertad. Pero desde el lado económico implica necesariamente partir de un diagnóstico diametralmente opuesto al del consenso actual de los economistas.

Economía y Totalitarismo Invertido

El economista Thomas Piketty en su reciente visita a España, en la promoción de su libro El Capital en el Siglo XXI, hizo una afirmación contundente, “si no se hace nada en 50 años toda la riqueza del mundo pertenecerá a las grandes fortunas”. Lo fundamental son las razones que aportó, culpó de ello a un proceso de privatización descontrolado y a la crisis financiera. Ambos aspectos han aumentado la desigualdad a extremos insoportables. No se puede permitir, afirmó, “que en algunos países se privaticen servicios básicos y se cierren escuelas y hospitales para pagar a deudores privados”. En esta línea, y refiriéndose a nuestra querida España, el economista francés señaló que los pagos de intereses "superan el presupuesto de todas las universidades públicas" y eso "no parece la estrategia correcta para preparar el futuro".

Y es aquí donde debemos hacer hincapié y empezar a exigir cambios radicales. La expansión financiera que despega a partir de 1993 obedece a políticas explícitas y deliberadas. Las burbujas financieras no son sino vías para sortear artificialmente los límites de la desequilibrada distribución de la riqueza en el mundo. Las emisiones billonarias de activos financieros derivados, apalancados, sirven para sostener una expansión artificial de la demanda, que sortea la caída de la tasa de ganancia del capital y, sobre todo, facilita la financiación de un gigantesco proceso de acumulación, y la adquisición de riquezas por todo el globo a favor de unas pocas manos. Por ello cualquier ejercicio de prospectiva no debe dejar de tener en cuenta las posibles estrategias de las clases dominantes y las configuraciones históricas que dan forma operativa y real a los intereses de las elites.

Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos

A la vista de los acontecimientos, el capital piensa que aún puede darle una vuelta de tuerca al mercado global liberalizado, e incrementar la extracción de rentas especulativas. No duda en aprovechar escenarios de geoescasez energética y/o alimentaría, y diseñar, de espaldas del poder democrático, nuevas arquitecturas financieras globales. Es en este contexto donde debemos ubicar el último intento de crear un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

Dicho tratado no es en realidad un acuerdo comercial. Se trata de una serie de medidas destinadas a promover una mayor desregulaciónde ciertas protecciones económicas, financieras, de salud, trabajo, seguridad, privacidad y medio ambientales existentes aún a ambos lados del Atlántico, especialmente en Europa. Ha sido diseñado por las empresas para debilitar de manera consciente al factor trabajo y al gobierno.

Todos los argumentos puestos encima de la mesa son falsos. Los aranceles y otras barreras comerciales formales entre los Estados Unidos y la Unión Europea ya son ridículamente bajos. También son totalmente falsas esas historias de que las diferencias en las reglamentaciones nacionales de alguna manera interfieren en el comercio y por tanto en el crecimiento. Antes, cuando los trabajadores de ambas regiones cobraban salarios decentes y los banqueros no jugaban a la ruleta con la economía, las regulaciones no fueron obstáculo para un comercio en auge. Lo más probable es que el Tratado de Libre Comercio, mediante un aumento de la presión competitiva para reducir los salarios, en realidad haga disminuir el PIB de Europa.

¿Entonces por qué tanto empecinamiento? La desregulación financiera que provocó el colapso económico, las políticas de austeridad que innecesariamente lo prolongan, y la desregulación encarnada por el Tratado de Libre Comercio son parte del mismo paquete ideológico fracasado. Pero les da igual. Son las prerrogativas de clase lo que mueve a ciertos grupos de poder, y aquellos políticos que les dan cobertura, a la hora de establecer determinadas políticas. Las corporaciones y banqueros a ambos lados del Atlántico hacen mucho más dinero cuando están sujetos a menos restricciones sociales, incluso cuando la economía se encuentra estancada y decenas de millones de personas están sin trabajo. Por eso resulta más que llamativo que estas élites, que controlan medios de producción, comunicación, y partidos políticos, nos sugieran a quien tenemos que votar, y traten de propagar ese miedo que tanto les beneficia.


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