Desde la heterodoxia

Euro-BRICS, soluciones más allá de la crisis

Durante los días 23 y 24 de mayo, invitado por el think tank europeo LEAP (Laboratorio europeo de anticipación política), su centro de formación FEFAP (Fundación educación y formación para la anticipación política), y el Instituto de Estudios Europeos de la Universidad MGIMO de Moscú, la más prestigiosa de Rusia, asistí al cuarto Seminario Euro-BRICS (Brasil, Rusia, Indica, China, y Sudáfrica). Un grupo de expertos muy heterogéneo analizó, debatió, y finalmente propuso una serie de recomendaciones y soluciones prácticas para una salida cooperativa de la actual crisis sistémica.

La búsqueda de un nuevo equilibrio global post-crisisrequiere reforzar e intensificar las agendas y reuniones entre ‘Eurolandia’ y los países BRIC. En una fase de profundización de la crisis, como en la que estamos a punto de entrar, y frente a la actitud defensiva y obstruccionista de Estados Unidos y, muy especialmente, de Reino Unido, las reuniones de expertos de países Euro-BRICS en temas tan diversos como el sistema monetario y financiero, relaciones comerciales, energía y materias primas, o seguridad y gobernanza mundial, constituye un cambio importante de perspectiva a favor de una solución cooperativa tremendamente práctica de salida de la crisis hacia un mundo mejor.

Los europeos, a partir de nuestro proyecto común, con todas sus contradicciones y profundas diferencias, tenemos mucho que aportar sobre cómo, desde un punto de vista práctico, podemos solucionar conflictos de intereses integrando la heterogeneidad, especialmente ante la cautela de la posición china.

Las bases para la cumbre Euro-BRICS

Lo más importante de las series de trabajos encaminados a la preparación de una futura agenda política de la cumbre Euro-BRICS, son las lecciones previas a las recomendaciones y soluciones propuestas. Cuatro de ellas, en particular, merecen la pena y constituyen un punto de partida relevante.

En primer lugar se constató que la riqueza, variedad, y novedad de los intercambios Euro-BRICS iniciados, son discordantes con la trivialidad, uniformidad y simpleza de los intercambios tradicionales entre los europeos y cada uno de los países BRICS individualmente.

En segundo lugar se verificó la ausencia, en el núcleo de las relaciones internacionales de la última década, de un dialogo equivalente entre la red europea –multinacional, estructural e institucionalizada-, y el rápido desarrollo de la red de carácter multinacional de los países BRIC.

Prevaleció, además, el sentimiento compartido de un poder de influencia potencial en los asuntos internacionales no satisfecho hasta ahora. El diálogo directo Euro-BRICS abarcaría la mitad de la población mundial, más de 3.500 millones de habitantes, e implicaría indirectamente a cuatro continentes: Asia, América del Sur, África, y Europa.

Finalmente, reafirmamos la convergencia crítica en muchos temas relativos a la gobernanza mundial y los principales retos globales de las próximas décadas. Se trata de puntos esenciales que permitirán anticipar si nos encaminamos a un mundo mejor, o por el contrario continuamos con el caos instalado durante los últimos años.

Propuestas de reforma del sistema monetario y financiero

Como adelanto a las conclusiones finales interdisciplinares, todavía en redacción, relativas a las diferentes materias tratadas –sistema financiero y monetario, comercio internacional, energía, paz y seguridad- me gustaría introducir mis recomendaciones desde el lado del sistema monetario y financiero global.

Como condición necesaria, aunque no suficiente, se debe reducir el tamaño del sistema bancario occidental acorde a la economía real, mediante una reestructuración del mismo a costa de gerencia, propietarios y acreedores.

Adicionalmente, son necesarias otras reformas en el sistema financiero. Por un lado, se deben poner bajo supervisión pública los principales centros financieros internacionales. Por otro, se debe restablecer la Ley Glass-Steagall de separación entre banca de inversión y banca comercial. Como comentamos en el blog de la semana pasada, el jueves 16 de mayo, en el octogésimo aniversario de la introducción de la Ley Glass Steagall por el senador Carter Glass en 1933, el senador demócrata por Iowa Tom Harkin introdujo en el Senado el proyecto de Ley SB 985 para reinstituir esa misma Ley Bancaria de 1933.

Finalmente, teniendo en cuenta el impacto del ciclo de materias primas en el crecimiento económico de productores y consumidores, es necesario volver a prohibir la participación en el mercado de derivados de la energía y de productos agrícolas a aquellos especuladores que no tienen posiciones físicas alrededor de los mismos, especialmente las mesas de trading de bancos que toman posiciones propias y que hacen que los precios estén sujetos a la avaricia y miedo de los inversores. Con la energía y los productos agrícolas no se debe jugar a la ruleta.

Por otro lado, un sistema monetario internacional centrado en la economía real requiere de una nueva moneda reserva global. El método más sencillo es el de transformar los derechos especiales de giro (DEG) en este nuevo instrumento monetario global, con la participación de las monedas de las principales economías en la cesta de definición de su valor -dólar estadounidense, euro, yen, yuan, rublo ruso, real brasileño, rand sudafricano, y el oro. El objetivo deseable de la reforma del sistema monetario internacional es crear una moneda de reserva internacional que esté desconectada de naciones individuales concretas y que puede permanecer estable en el largo plazo, eliminando así las deficiencias inherentes causadas por el uso de monedas de naciones cuyo crecimiento se basa en el crédito.

Finalmente es necesaria una reforma radical de las composiciones del capital y de los órganos rectores de las principales organizaciones mundiales (FMI, Banco Mundial, OMC, Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, G-20), que debe incorporar a las nuevas potencias emergentes (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, o Méjico).

Se trata de recomendaciones muy fáciles de implementar y que pondrían las bases para que lo ocurrido en la última década no vuelva a suceder, y que la inmensa mayoría de los ciudadanos entiende y apoya. Ahora hace falta ver si realmente las actuales élites financieras y su brazo político lo aceptan, aunque solo sea por su propia supervivencia.


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