Desde la heterodoxia

Estimado Monarca, le han tergiversado la realidad

Los datos económicos de esta semana, no por esperados, han sido brutales, demoledores. El paro desbocado alcanza máximos históricos, cumpliéndose otra más de nuestras previsiones de finales de 2011. La banca patria, un sumidero sin fondo de ayudas públicas, acelera miserablemente los desahucios, cuando hace varios años que debería estar nacionalizada, siguiendo, por ejemplo, el exitoso esquema de Suecia en 1992. Y nuestros dirigentes, sin novedad, ajenos e inmunes al dolor de sus conciudadanos.

Los dos grandes partidos políticos han servido o sirven de correa de transmisión de una élite financiera insolvente que actúa cuan ave rapiña. Han sido incapaces de explicar, sin mentir, por qué debemos ayudar a los gerentes, accionistas y acreedores de un sistema bancario quebrado, a costa de nuestras pensiones, salarios, educación, sanidad, impuestos, y un largo etcétera.

Las desafortunadas palabras del rey

Sin embargo, lo peor estaba por llegar. Lo más doloroso de esta semana fueron las palabras de nuestro monarca en el extranjero, obviamente dictadas por el ejecutivo de turno. Además de ser falsas, reflejan un desapego a los problemas y a la realidad social de nuestro país. Cuando eso ocurre el régimen empieza, primero a deslegitimarse, después a tambalearse.

Nuestro Monarca no puede loar las medidas económicas del gobierno de turno, la misma semana que el paro alcanza un récord histórico, esa misma semana en que la ciudadanía horrorizada descubre una relación directa entre desahucios y suicidios. Refleja una falta de sensibilidad. Por cierto, desahucios llevados a cabo por esas mismas entidades bancarias que sobreviven con dinero de los contribuyentes, sin nada a cambio.

Nuestro Rey no puede decir, porque es falso, que “con el esfuerzo y el sacrificio de nuestros ciudadanos se está reduciendo el déficit de la balanza por cuenta corriente y la deuda pública y se está produciendo una mejora de la productividad y la competitividad”. Con perdón, quien le escribió estas palabras, además de meterle a usted en un problema, ha tergiversado la realidad de nuestra querida España.

La mejora de la balanza por cuenta corriente obedece, sobretodo, al hundimiento de nuestro consumo privado y el desplome de nuestras importaciones. La mejora de la productividad se debe a los despidos masivos a la luz de una reforma laboral inmoral. Las empresas saben que la demanda se está desplomando, ergo, aprovechando un abaratamiento del despido, aceleran los mismos a marchas forzadas.

Y estimado Monarca, cómo pueden decirle que mejora la deuda pública cuando con el gobierno actual, esa deuda, como porcentaje del PIB, crece a tasas de dos dígitos y se situará alrededor del 110% de nuestro PIB a finales de 2014. Vuelvo a repetirle, le han enmarañado nuestra realidad. De todo ello me surge una duda, ¿alguien le repasa los discursos y los comenta con usted? Si no es así, deberían hacerlo.

Fuera de nuestras fronteras el trágala no cuela

Aquí pueden engañar a la ciudadanía, anestesiarla a través de unos medios de comunicación cada día más dóciles. Pero fuera no cuela. Sirva a modo de ejemplo la presentación esta misma semana en el Ministerio de Economía del banco malo Sareb a inversores institucionales, nacionales y extranjeros. Fue todo un bochorno. No sabían, no respondían a preguntas sencillas. Además, lo que explicaban, no se aplicará porque la Troika lo impedirá

La gran sorpresa para los inversores foráneos, aunque no para nosotros, fue aquel momento en el que el ponente, sin despeinarse, explicó que el banco malo compraría los activos tóxicos a precios distintos según entidad. Me remito a los blogs de 22 de septiembre y 20 de octubre “La farsa del banco malo a la española” “El banco malo Sareb, ¿nuevo engaño del gobierno?”, respectivamente, donde comentábamos esta posibilidad.

Para la banca patria que entrara como acreedor del Sareb, es decir, a BBVA, Santander o La Caixa, se les compraría sus activos podridosa valor en libro menos provisiones. Sí fuera así, ¡menudo regalo!, sustituyen en su activo porquería de primera calidad por liquidez o bonos soberanos, y no tiene que recapitalizarse. ¡Qué maravilla, qué ejemplaridad! Por favor, dejen de insultar nuestra inteligencia cuando afirman sin rubor que todos los recortes en salarios, derechos básicos, pensiones, desempleo… son para garantizar el sistema de bienestar. No sean tan miserables.

Por el contrario, para la banca intervenida se le aplicaría el escenario estresado de la consultora Oliver Wyman en la compra de activos tóxicos, lo que implicará para las mismas ingentes necesidades de recapitalización, obviamente a costa de los contribuyentes. ¿Cómo es posible establecer dos precios distintos para un mismo activo? No se preocupen, la Troika, de paso también durante esta semana por nuestro país, ya les ha dicho que no, que todos los activos podridos se transferirán según el escenario estresado de la consultora estadounidense, por cierto, la misma que avaló el sistema bancario irlandés antes de sus quiebra.

Un ejecutivo sin rumbo

El devenir cotidiano está aflorando una de nuestras máximas, el gobierno de Rajoy en solo un año ha demostrado que carecía de una hoja de ruta para enderezar los problemas económicos y sociales que devoran nuestra querida España. Todo ha empeorado. La verborrea, la improvisación y, sobre todo, la ignorancia supina sobre los males económicos que afligen a nuestro país, son las señas de identidad del ejecutivo de Rajoy.

Las élites de nuestro país han impuesto la austeridad económica para mantener sus privilegios. Son los ciudadanos quienes están pagando en última instancia los excesos de estas castas a través de recortes salariales, aumentos de impuestos, y un deterioro sin parangón en nuestra historia reciente de los servicios públicos básicos, como la salud y la educación. Como consecuencia se está produciendo una quiebra social de tal intensidad, que al final, y como consecuencia lógica, se trasladará a una profunda conflictividad. Mientras, los parásitos responsables de la quiebra del sistema de rositas. Se trata de una pura y dura lucha de clases.

Además de los intereses de la clase dominante, son las cuestiones ideológicas las que marcan la política económica del actual gobierno. Sus ideólogos económicos se encuadran dentro del “pensamiento único” o “consenso de Washington”. Lo que ellos presentan como verdades indiscutibles, en realidad reflejan juicios de valor, alimentados por la ideología dominante, la suya, la neoliberal. ¡Y se han equivocado!


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