Desde la heterodoxia

España será la próxima Grecia

En la última semana ha comenzado a fraguarse el asalto final de los mercados financieros a nuestra querida España. Se dan todos los ingredientes necesarios para que sea la próxima Grecia.

En primer lugar, nuestro país se encuentra sumido en una profunda crisis económica de naturaleza sistémica: el sector privado, especialmente el sector financiero, es insolvente y no podrá pagar las deudas asumidas.

En segundo lugar, las actuales autoridades políticas y económicas hacen un diagnóstico erróneo sobre las razones que han provocado la crisis económica, y, como consecuencia, las recetas ofrecidas no hacen sino ahondar aún más el empobrecimiento de nuestro país.

Dinámica del ataque especulativo

Una vez quebrada Grecia hay que continuar azuzando a Europa. Y España es ahora el eslabón más débil. El objetivo es desviar la atención de un problema aún más grave: la brutal acumulación de deuda privada y pública de Estados Unidos y Reino Unido, que al igual que España finalmente no podrán pagar.

El mecanismo desde 2008 siempre es el mismo: en los medios de comunicación anglosajones se analiza de una manera cruda y realista la situación económica de un posible candidato a ser atacado, en este caso España. A continuación diversos informes desde la City de Londres desarrollan de manera impecable e implacable esa misma idea.

Paralelamente surgen rumores de mercado sobre posibles bajadas de rating, que en nuestro país además se aderezan con problemas de alguna gran entidad financiera que estos días se ha visto forzada, según dichos rumores, a deshacer su cartera de inversión de bonos.

El artículo de Wolfang Münchau

El 18 de marzo el columnista del Financial Times Wolfang Münchau publicó un artículo brillante bajo un titular provocativo “There is no Spanish siesta for the Eurozone”. En él se hace un diagnóstico sobre la situación económica España idéntico al que vengo plasmando en este blog de Vozpopuli.

España presenta un problema de insolvencia del sector privado altamente endeudado alrededor de un colateral cuyo precio se ha hundido y que además continuará cayendo. El sector financiero, que de manera irresponsable concedió esta deuda es insolvente. Como consecuencia de la insolvencia del sector privado, éste entran en una profunda recesión económica, los ingresos fiscales se hunden, aumenta el déficit público y se incrementa la deuda del Estado. Es la tesis de Wolfang Münchau, y la que yo vengo manteniendo desde 2007.

Por lo tanto, y a diferencia de lo mantiene Rajoy y compañía, España no presenta un problema de competitividad o de ineficiencia del sector público. El problema real es otro: una profunda deflación por endeudamiento privado, la peor de todas las crisis posibles.

Las declaraciones de Willem Buiter

El 21 de marzo Willem Buiter, economista jefe del Citi, hizo unas declaraciones explosivas a Bloomberg “España se ha movido realmente hacia el lago negativo del escenario y ahora se encuentra en el mayor riesgo de una reestructuración de su deuda que nunca antes”.

Willem Buiter no es un economista cualquiera, goza de credibilidad. A diferencia del análisis mediocre de la mayoría de los economistas del mercado, Willem Buiter tiene muy claro desde hace años que Occidente está sumida en una profunda crisis de deuda privada. Buiter, junto a su mujer, la economista islandesa Anne Sibert, fue el autor intelectual del rescate islandés.

A pesar de su contratación por el banco estadounidense sigue manteniendo lo mismo. El problema de la economía global es cómo reestructurar la deuda porque el mundo está ante una crisis de deuda. Solo hay dos opciones para garantizar la sostenibilidad de la deuda. O se opta por duros ajustes presupuestarios, que implicarán años de austeridad, crecimientos económicos negativos, e incremento del paro, o, por el contrario, se reestructura la deuda, pública y privada.

Rumores de rebajas de rating y otros

Para terminar el coctel explosivo, durante la semana surgieron rumores de mercado sobre posibles bajadas de rating a nuestro país, que además se aderezaron con posibles problemas de alguna gran entidad financiera, que estos días, según la rumorología, se ha visto forzada a deshacer su cartera de inversión de deuda.

Mi previsión es que si en las siguientes sesiones la prima de riesgo de España se dispara por encima de los 400 puntos básicos no hay que descartar que, cuan aves de rapiña, las agencias de rating anglosajonas acaben rebajando la calidad crediticia de nuestro país en dos escalones.

Otra política económica es posible

España puede y debe evitar que nos intervengan. Pero para ello hay que cambiar radicalmente la actual política económica, y acabar con los prejuicios ideológicos de quienes nos gobiernan.

Bajo nuestro análisis, que es muy similar al de Buiter o al de Munchau, España necesita llevar a cabo un saneamiento de su sistema financiero insolvente a costa de su gerencia, propietarios y acreedores. Además, de manera paralela, debe implementar una restructuración de la deuda privada, es decir, deberá aplicar quitas de deuda. Se trata de una condición necesaria, aunque no suficiente.

La política fiscal, como antídoto frente a la contracción del sector privado tiene que ser expansiva. Es más necesario que nunca un programa de inversión pública centrado en energía, transporte, educación, investigación y desarrollo, e infraestructuras de tratamiento del agua. Pero además, y frente a la opinión de la mayoría de los economistas, hay que incrementar el gasto social con el fin de mitigar los efectos de la crisis sistémica sobre los grupos más débiles. Y si hiciera falta, que lo hará, Europa debería establecer un control de capitales.

Si no cambiamos la dirección de la actual política económica tanto de España como de la Unión Europea no les quepa ninguna duda que España será la siguiente Grecia.


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