OPINIÓN

España: pan y circo

La siguiente crisis bancaria se resolverá de la misma manera, a costa de la ciudadanía. ¡No hemos aprendido nada!

España: pan y circo.
España: pan y circo. EFE

España, eterna función teatral, al más puro estilo del Barroco y de la novela picaresca. Despiste, distracción, sobreactuación, fuegos de artificio. Nada es lo que aparenta. Continúa el circo mediático alrededor del “procés”. Ya verán que obra teatral más sublime nos deparará la noche electoral del 21D, donde el pícaro Puigdemont se va a “jartar” de reír. Y mientras tanto, lo relevante para la vida de los ciudadanos de la Villa y Corte pasa desapercibido. Me refiero, de nuevo, a aquello que nos debería importar y preocupar, no al pan y circo que nos ofrecen a diario quienes juegan con nuestro devenir futuro.

Aristóbulo de Juan que con el rigor e independencia que le caracteriza, apretó donde más duele, acusando al supervisor y a los gobiernos de "no querer ver la crisis" y encarecer la solución

Todo ello viene a colación de la comisión de investigación de la crisis bancaria en el Congreso de los diputados, que está siendo realmente muy jugosa. Ya comentamos en su momento la denuncia clara y contundente del secretario de la Asociación de Inspectores del Banco de España, José Antonio Delgado: “la banca ha capturado al supervisor”. Ahora debemos añadir la intervención de Aristóbulo de Juan que con el rigor e independencia que le caracteriza, apretó donde más duele, acusando al supervisor y a los gobiernos de "no querer ver la crisis" y encarecer la solución.

Los bancos grandes son un “peligro serio”

Aristóbulo denunció en el Congreso "la fuerte aversión de las autoridades a las intervenciones de entidades, para evitar la mala imagen". En este sentido señaló que la orientación que recibían los inspectores era la de “asesorar en vez de identificar los problemas de solvencia y de gestión y exigir su pronta corrección”. Todo ello se tradujo en una tolerancia regulatoria en la valoración de los activos de las entidades financieras, antes y después de la crisis. “Se pensaba que la crisis inmobiliaria se arreglaba en un año o dos, algo que no ha ocurrido desde los romanos”, remató Aristóbulo.

¿Por qué, después de diez años, la banca sigue teniendo activos tóxicos?

Pero dijo muchas más cosas. A fecha de hoy existe una autocomplacencia preocupante sobre el sistema financiero. ¿Por qué, después de diez años, la banca sigue teniendo activos tóxicos? Porque no se han provisionado correctamente, no por falta de pericia, sino porque hacerlo supondría admitir unas pérdidas que las entidades no están dispuestas a admitir. De nuevo la apariencia, el teatro Barroco, tal como recalcó el mismo Aristóbulo, “hacer inspecciones in situ caso a caso hasta identificar la salud de la entidad no es la prioridad, sino mantener el estado durmiente de que todo va bien”. Tanta autocomplacencia puede desembocar en una nueva crisis bancaria.

Pero además de comentar actuaciones concretas, como las resoluciones del Banco de Valencia, Banco Popular, o la “delicada situación de la SAREB”, señaló algo que los mass media patrios callan. Según De Juan, los bancos grandes o sistémicos no son la solución. Todo lo contrario, son un auténtico peligro. En opinión del otrora director general del Banco de España, “las entidades sistémicas son muy difíciles de gestionar, prácticamente imposibles de supervisar y no pueden ser resueltas aunque su situación sea insostenible”. En Román-Paladín, son un peligro para nuestra salud.

Los intereses privados y espurios

El problema de la mala supervisión de nuestro sistema financiero no hay que buscarlo ni en el cuerpo de inspección de Banco de España ni en la labor de la inmensa mayoría de los trabajadores de dicha institución. Fueron intereses privados y espurios, con la complicidad del poder político de turno, ajenos a la actividad de los funcionarios del regulador, quienes guiaron el fiasco de la intervención las cajas de ahorro, así como el diseño de instrumentos como la SAREB. Dejemos que sean los funcionarios públicos del regulador quienes diagnostiquen cómo se encuentra el paciente, y, si hiciera falta, que propongan las correspondientes recetas, incluida la nacionalización de las entidades insolventes.

El diagnóstico de la salud de nuestro sistema financiero estuvo sometido a la presión de los propios banqueros patrios y a la vanidad de los políticos de turno

El diagnóstico de la salud de nuestro sistema financiero estuvo sometido a la presión de los propios banqueros patrios y a la vanidad de los políticos de turno. La propia banca fue incapaz de ver lo obvio, la mayor burbuja inmobiliaria de la historia, esa misma banca que no quería hoy hablar de controles ex ante del crédito. Los políticos de turno vivían muy bien bajo la ola de la burbuja e hicieron oídos sordos a ciertas llamadas a la prudencia. Dichas voces pretendían ir desinflando paulatinamente la misma, aunque fuera a costa de un crecimiento menor, pero más saludable. La idea era muy sencilla que corra la juerga y que le estallé al siguiente. Y obviamente, como corolario, que la acaben pagando los incautos ciudadanos.

Para rematar la faena, el diseño de cómo hacer frente al problema correspondió a consultoras privadas que tenían conflictos de intereses con el propio sistema financiero que debía ser intervenido. Mientras, los trabajadores e inspectores de la institución reguladora atónitos ante semejante espectáculo. Con lo fácil que hubiese sido oír a las voces que tienen en su propia casa, uno de ellas el mismo Aristóbulo de Juan, otrora director general de Banco de España y uno de los muñidores del rescate y gestión de la crisis bancaria de los 80.

Conclusiones

Aristóbulo es una más de esas voces libres que, desde el campo que él domina, nos dicen que las cosas no funcionan en nuestra querida España. Ya saben nuestra interpretación, como consecuencia del Totalitarismo Invertido patrio, la banca insolvente se rescató tarde y mal, y en su inmensa mayoría a costa de contribuyentes y de sus clientes -empresas a las que se les cerró el crédito-, para regalarlas después a la competencia. Y en eso tiene mucha culpa los gobiernos que lo permitieron, y el regulador. Pero además, tal como señala Aristóbulo, hay un aspecto adicional muy sutil y peligroso, que apenas se comenta, y donde el regulador ha sido parte del problema, espoleado por la propia patronal bancaria: la búsqueda de “campeones nacionales”, con el consiguiente subsidio a la banca sistémica.

Al final, la ausencia de controles ex ante del crédito, el mirar para otro lado, un diagnóstico y diseño externo del problema absolutamente “naive” y erróneo, lo hemos acabado pagando los ciudadanos. Desahucios, deuda pública, desempleo... Y no les quepa ninguna duda, que bajo el paraguas del Teatro Barroco Patrio, la siguiente crisis bancaria se resolverá de la misma manera, a costa de la ciudadanía. ¡No hemos aprendido nada! Mejor dicho sí que han aprendido aquellos que nos desgobiernan: pan y circo.


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