OPINIÓN

España, o la necesidad de una refundación del Estado

La dinámica de los próximos días nos dirá si al final todo acaba como un relato de novela negra, o, por contra, es el guion de una novela de nuestro realismo social.

España, o la necesidad de una refundación del Estado.
España, o la necesidad de una refundación del Estado. Gtres

En nuestro país nada cambia, sigue la inercia de la dinámica que se inició con la excusa de la Gran Recesión. Todo a peor. Nos metieron la mano en el bolsillo y algunos no se dieron ni cuenta. Pero es que esa mano aún sigue hurgando en nuestros bolsillos. El Régimen del 78, en plena faena, no se inmuta, sigue a lo suyo. De vez en cuando notas de teatro Barroco, hay que aparentar que se hace algo a favor de una ciudadanía desnortada. Pero de fondo, nada destacado. Se mantienen e incluso se mejoran los privilegios de los de siempre, base de una desigualdad creciente. Lo último, el coste del rescate bancario y la genuflexión ante un sector cuya concentración promete darnos tardes épicas y trágicas; lo penúltimo, el rescate a otros sectores privados; lo antepenúltimo, el recibo de la luz o como los grandes rentistas de nuestro país, monopolios y oligopolios varios, nos sorben la renta. Y detrás, el apoyo inquebrantable del brazo político del régimen. Pero no se engañen, tiene pies de barro, y caerá.

El olor a nauseabundo entre estas élites catalanas es exactamente de la misma intensidad del que emana de las alcantarillas del poder en el resto de España. El ADN es el mismo

Sin embargo, de repente, boom, las notas de distracción del Barroco se transforman en nubarrones oscuros, capaces de activar un proceso de autodestrucción patrio. Y surgen así rasgos característicos de un realismo sombrío, trágico, negro. Nos referimos al “procés” o como las élites de Cataluña, a partir de unos agravios económicos inventados (de ello ya hablaremos en otro blog), con la inestimable colaboración del actual partido en el gobierno de España, que nunca ha dudado en usar de manera irresponsable el tema catalán para sacar votos en el resto de nuestro país, inicia una huida hacia adelante en toda regla. Y para ello no duda en activar los sentimientos identitarios presentes en una parte de la población catalana. Sin embargo, no se engañen, el olor a nauseabundo entre estas élites catalanas es exactamente de la misma intensidad del que emana de las alcantarillas del poder en el resto de España. El ADN es el mismo.

Un proceso constituyente

Pero en su huida hacia adelante no dudan en arrastrar, ya no solo a sus conciudadanos catalanes sino también al resto de la ciudadanía patria. Trágico. Si quieren un referéndum, deberá ser pactado, dentro de la ley, para lo cual es necesario un cambio constitucional que deberán avalar todos los españoles. Si hubiera mujeres y hombres justos y valientes en los respectivos ejecutivos y legislativos lo que tocaría es un proceso constituyente que cambiaran todos los vicios engendrados en las últimas décadas por un Totalitarismo Invertido patrio asfixiante. Sin duda esa refundación del Estado debe modificar las manipulaciones y engaños presentes en ciertos relatos, desde la historia de aquí y allá, hasta los cálculos de las balanzas fiscales por parte de los independentistas catalanes, o del PIB español o de lo que nos costará definitivamente el rescate bancario.

El problema de Cataluña y del resto de España es el de una desigualdad profundamente desestabilizadora, autodestructiva

En el trasfondo de todo, el problema de Cataluña y del resto de España es el de una desigualdad profundamente desestabilizadora, autodestructiva, que no deja de aumentar aquí y allá. Las desigualdades son fruto de ciertos privilegios que aportan beneficios, riqueza y poder. Esos privilegios se han ganado en base a favores, a la actuación de lobbies, de rentistas, con la connivencia del entramado institucional. Al distorsionar la asignación de recursos para el beneficio de algunos, la búsqueda de rentas no sólo fomenta la desigualdad, sino que también ahoga el crecimiento. La búsqueda de rentas que ahogan el crecimiento toma muchas formas, desde transferencias ocultas, pasando por subsidios del gobierno a grupos de presión, leyes que favorecen los oligopolios y una aplicación laxa de leyes de competencia.

Como me comenta un buen amigo, lector de este blog “Los problemas que afectan a la clase trabajadora tanto en Cataluña como en el resto de España, derivan de un injusto sistema económico basado en la especulación y el control de vastos sectores de la economía por oligopolios, como los bancos, y monopolios como las eléctricas y otros, así como por un sistema fiscal que castiga a los productores de riqueza y premia a los que viven del trabajo ajeno y se apropian de la plusvalía del suelo creada por el progreso social, violando la letra y el espíritu de nuestra Constitución. La única forma de mejorar la situación de los que viven de su trabajo, tanto en Cataluña como en el resto de España, es modificando este sistema. No se logrará con la independencia de Cataluña ni con la retórica de quienes la promueven distrayendo al pueblo de las verdaderas soluciones que pueden conducir a su liberación y malgastando tiempo y energías sin atacar la verdadera raíz de los problemas”.

Aquellos que aspiren a dirigir la España democrática, incluida Cataluña, tienen la obligación de someter a la consideración del pueblo español sus proyectos para refundar el Estado. No queda otra

La dinámica de los próximos días nos dirá si al final todo acaba como un relato de novela negra, o, por contra, es el guion de una novela de nuestro realismo social. Recordemos que dicho movimiento literario español de mediados del siglo XX denunciaba la realidad socioeconómica y política del país, y trataba de actuar como revulsivo frente al orden establecido. Y ello pasa por una refundación del Estado. Una vez terminada la resolución del “procés”, esperemos que sin grandes sobresaltos, aquellos que aspiren a dirigir la España democrática, incluida Cataluña, tienen la obligación de someter a la consideración del pueblo español sus proyectos para refundar el Estado. No queda otra.

Mientras tanto todo sigue igual. Hemos conocido la enésima broma de quienes nos desgobiernan. EL rescate bancario que no nos iba a costar nada, para empezar abrir la boca, al menos 100.000 millones de euros a costa de los contribuyente (acabarán siendo muchos más).


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