Desde la heterodoxia

España entra en deflación por deuda

El IPC de julio de 2013 confirma algo de lo que veníamos avisando en los últimos meses: España entra en deflación. El peligro real para la economía española es un descenso de los precios inducido por un montante total de deuda pública y privada que no se va a poder pagar. Se conoce como deflación por endeudamiento. Olvídense, por lo tanto, de la mejoría de los mercados financieros en los últimos dos meses, que no obedece a ninguna recuperación real de los fundamentales patrios, y que tiene que ver con los ciclos de aversión-propensión al riesgo en los mercados financieros inducidos por la política monetaria de ciertos bancos centrales, especialmente la Reserva Federal de los Estados Unidos. Pero de eso ya hablaremos.

Del análisis del IPC de julio se pueden sacar dos conclusiones muy interesantes. Por un lado, a impuestos constantes, la tasa de variación interanual del IPC se sitúa ya en territorio negativo, concretamente -0,2%. Si ajustamos a impuestos y subvenciones constantes aún caería más respecto a hace un año, -0,3%. Por otro lado, y relacionado con lo anterior, los productos que más repuntan son aquellos fijados o bien por las Administraciones Públicas en forma de impuestos o tasas; o por grupos oligopolísticos que cuentan con la connivencia de las autoridades, cuyas multas irrisorias les compensa el seguir pactando precios a costa de la ciudadanía.

Una ojeada a los datos de julio

La tasa de variación anual del IPC en el mes de julio fue del 1,8%, tres décimas por debajo del dato del mes anterior. De la misma manera, la tasa anual de la inflación subyacente disminuyó tres décimas hasta el 1,7%. Las variaciones intermensual de los índices general y subyacente fueron respectivamente del -0,5% y –1,0%. Pero gran parte de este incremento interanual obedece a las subidas de impuestos indirectos, que se trasladan en su totalidad, como por ejemplo impuestos a bebidas y tabacos; o en un porcentaje, como en el caso del IVA, dependiendo de la situación de la demanda interna y del grado de oligopolio existente en los distintos sectores económicos.

El INE nos ofrece cada mes cómo hubiesen quedado las principales rúbricas del IPC a impuestos constantes, es decir, si no se hubiesen producido tales subidas de impuestos. En julio de 2013, las tasas de variación interanuales del IPC general a impuestos constantes se situó enterritorio negativo, -0,2%, y la inflación subyacente en -0,3%, con descensos intermensuales, respectivamente de -0,5% y -1,0%. Por lo tanto, con estos datos se prevé que a partir del dato de septiembre de 2013, teniendo en cuenta que la subida del IVA se aplicó con fecha 1 de septiembre de 2012, la inflación en nuestro país entraría en territorio negativo como ya lo está por ejemplo la de Grecia, -0,7%. Estas cifras reflejan no una ganancia en competitividad, como algunos afirman, sino un hundimiento puro y duro de nuestra demanda interna en plena recesión de balances.

Si profundizamos un poquito más en los datos sacamos otra conclusión que agudizaría aún más la idea de deflación. Gran parte de la subida de la inflación obedece también al repunte del precio de determinados servicios públicos. Hay varios ejemplos, el índice de precios de la rúbrica enseñanza registra un crecimientos interanual del 10,4%, el transporte urbano del 4,7%. Por lo tanto, las administraciones públicas además de subirnos los impuestos no están encareciendo el precio de los servicios públicos, lo que unido al descenso salarial tan deseado por algunos ignorantes, acaba hundiendo la renta de las familias, de manera que ya no solo es que no se consuma, sino que la necesidad de reducir deuda con caídas de renta se traduce en descensos en las tasas de ahorro. Todo un desastre.

Finalmente resulta muy llamativo como en nuestro país la subida del IVA y otros impuestos especiales se ha trasladado a precios y no a márgenes. La razón es muy clara: la estructura productiva está dominada por auténticos oligopolios y monopsonios que se dedican a chupar las rentas de las clases trabajadoras y de los auténticos emprendedores. Solo desde la connivencia entre estos sectores y las autoridades se puede entender la creación de un único súper regulador, llamado Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, que atenta claramente contra el derecho comunitario.

La deflación por deuda de Irving Fisher

Para entender estas dinámicas y las consecuencias negativas de las mismas deberíamos acudir al economista de la Gran Depresión Irving Fisher y su Teoría de Deflación por Deuda. De ser un monetarista recalcitrante se pasó a la heterodoxia, y acabó repudiando todo lo que conlleva la teoría monetaria. Fue además uno de los primeros en empezar a entender la naturaleza endógena de los ciclos económicos, junto a economistas de la talla de Nicholas Kaldor.

Irving Fisher describió como este proceso de desapalancamiento o reducción de deuda podría llevar a una deflación por deuda: la liquidación de la deuda obliga a vender los activos en una situación de dificultad o apuros, a una contracción de los depósitos, y a una desaceleración en la velocidad de circulación del dinero. Como consecuencia se produce un descenso en los niveles de precios, de manera que si no se implementan políticas económicas expansivas, se produciría aún una mayor caída en la riqueza neta de empresas y familias, precipitando bancarrotas, una reducción en la producción, comercio, y empleo, generando más pesimismo y pérdida de confianza, lo cual llevaría a una mayor desaceleración en la velocidad de circulación, y a una mayor caída de precios. Se producen, por lo tanto, aberraciones en los tipos de interés: mientras los tipos nominales caen, los tipos reales suben, de manera que la política monetaria es ineficiente o, como pasa en la actualidad, cualquier intento de incremento en la base monetaria de la economía no tiene impactos en actividad, al descender bruscamente la velocidad de circulación del dinero.

Este esquema explica perfectamente la actual crisis económica y el colapso del sistema bancario de nuestro país. Por eso, si no queremos profundizar en la deflación por deuda que se encuentra en sus etapas incipientes, es necesario no retrasar más las auténticas reformas estructurales, una reducción y reordenación de nuestro sistema bancario a costa de acreedores, unido a una reestructuración de parte de la deuda de las familias.


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