Desde la heterodoxia

España, capitalismo de amiguetes

España, además de un brutal endeudamiento privado y público, que no se va a poder pagar, presenta otros graves problemas. Uno de ellos ha salido a la luz recientemente gracias al Banco Central Europeo. Al analizar la situación de los países que han necesitado ayudas de la Unión Europea, el regulador concluye que algunos sectores de la economía española no están abiertos a la competencia, de manera que el ajuste lo están pagando tanto sus empleados, con salarios menores, como sus clientes, con precios mayores.

Se trata de una característica intrínseca a la economía española. Si analizamos la composición del Ibex 35, la situación es para echarse a llorar. Predominan antiguos monopolios naturales, básicamente empresas eléctricas, petroleras, y del sector de telecomunicaciones. Junto a ellos, el sector de la construcción, ligado al BOE, y el bancario, insolvente. De empresas tecnológicas e industriales abiertas al mundo global, sectores que realmente exporten aportando e incrementando nuestro valor añadido, nada de nada.

Pensemos, por ejemplo, en nuestro principal sector exportador, el automovilístico. El valor añadido que genera es muy pequeño, porque importan casi todos los componentes necesarios para la fabricación del coche, de manera que nuestras fábricas se dedican meramente a ensamblar. La razón es muy sencilla, la mano de obra es cualificada y muy barata, pero nada más.

Vinculaciones poder empresarial y político

Esta situación se agrava durante una crisis económica sistémica como la actual. Las élites gerenciales de estos oligopolios están íntimamente relacionadas con la clase política gobernante, la vinculada a los dos grandes partidos políticos, estableciéndose relaciones y vinculaciones de poder bochornosas.

El último escándalo es el intento del actual ejecutivo de unificar en uno todos los organismos reguladores, después de que una de las susodichas empresas, del sector de telecomunicaciones, correspondiente a un antiguo monopolio natural, “ofreciera” al gobierno la propuesta de unificación, siguiendo un “powerpoint” realizado por una de esas consultoras que saben de todo pero que no tienen ni idea de nada.

Para que nos hagamos una idea de hasta donde hemos llegado, la vicepresidenta de la Comisión, Neelie Kroes, envió una carta el pasado febrero exigiendo cambios a la propuesta legislativa de unificación de los reguladores. Textualmente Kroes afirmaba “La propuesta legislativa infringe la letra y el espíritu del derecho europeo en materia de telecomunicaciones. La Comisión no tendrá más opción que abrir un procedimiento de infracción si la legislación se adopta sin cambios sustanciales relativos a la independencia y las funciones del regulador”.

Otro ejemplo de actuación de las élites fue la colocación de preferentes por parte de diversas entidades financieras ya nacionalizadas. Las acciones preferentes se ofrecieron a inversores profesionales que en su mayoría se negaron a comprar. El gobierno y las élites financieras decidieron que si el mercado profesional no las compraba, no quedaba más remedio que venderlas a los ahorradores patrios a través de los bancos locales, ofreciéndose bajo el calificativo de productos de bajo riesgo.

Mercados oligopolistas y los objetivos de las empresas

De todos modos de qué se sorprende el Banco Central Europeo. Pero, ¿es que no saben cuáles son las características básicas del actual capitalismo de amiguetes que rige en la mayoría de economías capitalistas, y muy especialmente la nuestra?

Adam Smith, padre del liberalismo, afirmaba que el egoísmo llevaría a la economía al equilibrio y al progreso, pero añadía dos condiciones que casi siempre tienden a olvidarse. Por un lado, la necesidad de un mercado libre donde las élites no tuvieran poder, y, donde se evitaran las situaciones de oligopolio. Por otro lado, como señalaba el propio Adam Smith, en el corto plazo el egoísmo genera una destrucción que afecta a la vida de las personas.

Sin embargo, estos conceptos han sido distorsionados, no por accidente, sino intencionadamente, por parte de las élites gerenciales dominantes, para acomodar posiciones de conveniencia para determinados grupos. Hoy  en día el neoliberalismo se asocia con la idea opuesta a lo que Adam Smith defendía. Así surge el intervencionismo del mercado en nombre del no intervencionismo. En la práctica, el libre mercado, tal como lo entienden estos grupos de poder, no es otra cosa que intervenir el mercado por medio de lobbies, comprando voluntades políticas, para que subsidien a determinados grupos con dinero estatal -véanse, por ejemplo, los rescates bancarios-. Entonces, puestos a exigir, piden que el gobierno no interfiera para proteger al ciudadano en situaciones límites como la actual. Corrompen el gobierno y luego piden un gobierno pequeño.  

La crisis actual, no es más que el producto de un capitalismo desenfrenado y sin control, donde el concepto de egoísmo de Adam Smith se ha convertido en una avaricia sin límites que ha impulsado la aparición de tremendas burbujas económicas, cuyo estallido estamos sufriendo en nuestras carnes.

En realidad las empresas operan en mercados de competencia imperfecta, sobre todo en mercados oligopolistas. Para sobrevivir la empresa debe ser capaz de dominar su entorno, ejerciendo un control sobre la entrada de empresas rivales, sobre sus proveedores, sobre sus fuentes de crédito, sobre el futuro de la industria, y sobre la legislación del gobierno. Para ello hay que disponer de poder, que sólo se consigue con un gran volumen de negocios y una gran cuota de mercado. Para aumentar su tamaño y su parte de mercado debe crecer.

Bajo este análisis, los precios no son fijados por el mercado, y son las empresas quienes fijan los precios, de manera que éstos no vacían en general los mercados, y no tienen como objetivo igualar oferta y demanda. En aquellos países, como el nuestro, donde los monopolios naturales campan a sus anchas, y el poder negociador de los empresarios en relación a los trabajadores es excesivo, los precios suben y los salarios bajan, así de sencillo


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