Desde la heterodoxia

España se asoma a la deflación

En un blog reciente alertaba cómo la actual crisis sistémica estaba a punto de entrar en una nueva fase de profundización de la misma, en una depresión económica que se conoce como deflación por endeudamiento. Para ello ponía un ejemplo práctico: ¿qué puede pasar por la cabeza de alguien que, tras cuatro años de crisis, pone ahora a la venta su casa o apartamento, en la playa o en la montaña? Simple y llanamente la necesidad forzosa de reducir su deuda a toda costa. Los desahucios, en sí mismos, constituyen la cara más execrable de este proceso.

En una recesión de balances privados como en la que estamos inmersos, y de la que aún no se han enterado en Moncloa, el descenso del colateral y los elevados niveles de endeudamiento fuerza a las familias a disminuir el consumo y tratar de recuperar, si pueden, ahorro. Pero como no se generan rentas, resulta imposible incrementar ese ahorro. A su vez, las empresas no financieras no invierten y destruyen el capital ya instalado. Resulta aterrador el último dato disponible de utilización de la capacidad productiva de nuestra economía, correspondiente al primer trimestre de 2013, y que no llega siquiera a un miserable 69%, concretamente 68,9%.

La deuda total no se podrá pagar

Con estos datos cómo van a invertir y contratar trabajadores las empresas españolas. Olvídense de inútiles reformas laborales, ajustes presupuestarios, y de sandeces similares. Afronten, de una vez por todas, nuestro auténtico drama: una monstruosa deuda privada y pública cuyo montante total supera al 406% del PIB, y que no se podrá pagar. En este contexto, obviamente, nuestro sistema bancario, que fue quien la concedió mayoritariamente, es insolvente en su conjunto.

Se trata de ideas muy sencillas que el ejecutivo actual, o cualquiera que estuviera en su lugar, porque se les paga por ello, deberían conocer. Pero me temo, viendo estupefacto la verborrea de Rajoy, Cospedal, Bañez y compañía -menuda tropa-, que ni siquiera les han dado unas teóricas de dos tardes.

La situación empieza a ser preocupante. Si analizamos la evolución de los precios observamos cómo nos estamos aproximando a una deflación por endeudamiento y aquí nadie se entera. Nuestro IPC en marzo de 2013 a impuestos constantes, registró un crecimiento interanual del 0,4%, y la inflación subyacente del 0,3%. Estas cifras reflejan no una ganancia en competitividad, como algunos afirman, sino un hundimiento puro y duro de nuestra demanda interna en plena recesión de balances. Si no se frena la actual política económica España se encamina a una deflación por endeudamiento.

Por cierto, resulta llamativo cómo en nuestro país la subida del IVA y otros impuestos especiales se ha trasladado a precios y no a márgenes. La razón es muy clara: la estructura productiva está dominada por auténticos oligopolios y monopsonios que se dedican a chupar las rentas de las clases trabajadoras y de los auténticos emprendedores. Ahora entenderán ustedes por qué el actual ejecutivo se plegó a estos oligopolios para crear el súper regulador llamado Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia.

El Banco de Japón y la política monetaria de Ben Bernake

Pero qué se está haciendo fuera. ¿Existe una percepción real de que el principal riesgo de la economía es la deflación? La respuesta es sí. Desde Estados Unidos, pasando por Reino Unido, y ahora de nuevo Japón se ha optado por la política monetaria para hacer frente a la deflación. Si bien se reconoce implícitamente que el auténtico riesgo de la economía global es la deflación, cosa que en Europa y en España aún no se han enterado, la solución propuesta es inefectiva.

El Banco de Japón, siguiendo la estela de la Reserva Federal de los Estados Unidos, ha llevado a cabo en las últimas semanas una serie de movimientos que ha cogido por sorpresa a parte de los inversores. No sólo ha inyectado al sistema una determinada cantidad de dinero, sino que directamente ha duplicado la base monetaria. Forma parte de una estrategia bautizada como "Abenomics", que engloba el pensamiento que defiende el primer ministro nipón y cuyo objetivo pasa por llevar la inflación al 2% anual para así levantar la alicaída economía del país del Sol naciente. Se une así a la Reserva Federal y al Banco de Inglaterra en su intento de reactivar el ciclo económico aumentando el tamaño del balance de su Banco Central.

El padre intelectual de esta política monetaria es el actual presidente de la Reserva Federal, colocado a tal efecto por las élites. En el año 2002 la FED incorporó en su consejo de gobierno a Ben Bernake, un académico reputado al que se consideraba un experto en la lucha contra la deflación por endeudamiento. El Banco Central estadounidense, desde el estallido de la burbuja tecnológica, y especialmente desde el 2008, con el estallido de la burbuja inmobiliaria y las quiebras bancarias, viene aplicando la hoja de ruta de Bernanke recogida en su discurso ante el Club Nacional de Economistas, el 21 de noviembre de 2002:Deflation: making sure it doesn’t happen here.” Se trata de la percepción errónea de que inundando de dinero al sistema se reactivará el ciclo económico.

La Teoría Monetaria de Milton Friedman es falsa. Lo estamos comprobado ex-post. El principal efecto de un cambio en la base monetaria, como consecuencia de la expansión cuantitativa del balance de la FED, es cambiar la velocidad monetaria y los tipos de interés a corto plazo. Sin embargo, una vez que los tipos de interés a corto plazo caen a cero, las expansiones adicionales en la base monetaria simplemente inducen un colapso proporcional en la velocidad de circulación del dinero, y la economía entra en la trampa de la liquidez. Por eso Japón volverá a fracasar.

Esta política monetaria, a su vez, es tremendamente injusta, ya que de la generación de burbujas o creación temporal de riqueza sólo se benefician las clases de renta más alta, abriéndose aún más la brecha entre ricos y pobres. Y es justamente el mantenimiento del status quo de las élites la razón por la que no se afronta la única reforma estructural necesaria. Nos referimos a la reestructuración y reducción del sistema financiero y bancario occidentala un tamaño más acorde con la economía real, obviamente a costa de gerencia, accionistas y acreedores, y que conlleve además una importante quita de la deuda las economías.

Solo si se reestructura el sistema bancario y se redujera su tamaño acorde con la economía real, serían los más ricos y poderosos los grandes perdedores. Ni lo han tolerado ni lo tolerarán. En su lugar, han diseñado una estructura de ahorro para la economía en la que su riqueza se mantiene, así como las instituciones que la controlan, y lo ha hecho a nuestra costa.

Por lo que nos toca, esto mismo está pasando en nuestra querida España. Mientras que se rescata con dinero público a una casta financiera y política quebrada, se somete a la ciudadanía al mayor empobrecimiento de los últimos cuarenta años.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba