Desde la heterodoxia

Empecemos reformando la banca

Las élites dominantes hace ya muchos años que se quitaron cínica y descaradamente la careta. Tratan simplemente de ganar tiempo, que esto no colapse, que no les estalle a ellos. No dudan de movernos de burbuja en burbuja, de inflación de activos en inflación de activos, pero, y ahí está el quid de la cuestión, protegiendo su riqueza. Por contra, el resto de la ciudadanía se va empobreciendo a marchas aceleradas. Sin embargo, las burbujas estallan y la actual también lo hará. Veremos cómo reaccionarán entonces las autoridades políticas. Mucho me temo que tratarán de hacer más de lo mismo, proteger a quienes montan y organizan los desmanes. Puro Totalitarismo Invertido. Pero esta vez no podrán.

Lo que ellos llaman reformas estructurales no son más que instrumentos destinados a continuar alimentando la mayor concentración de poder económico, político y mediático de los últimos cuarenta años

Las auténticas políticas reformistas fueron abandonadas en el baúl de los recuerdos. Todo lo que ellos llaman reformas estructurales no son más que instrumentos destinados a continuar alimentando la mayor concentración de poder económico, político y mediático de los últimos cuarenta años. Pervierten la realidad, no dudan en financiar y apoyar a quienes desde una apariencia técnica justifican sus tropelías. ¡Ay de aquellos que disfrazan de ciencia económica lo que en realidad es pura ideología! Los resultados ya los conocemos. Digámoslo suavemente, dejan mucho que desear. Hemos de plantar cara, técnicamente, a tanta falacia, tanta maldad, tanta desidia, tanta incapacidad, tanta invención.

Reformar el sistema bancario

Es necesario, ante la que se nos avecina, dejar claros ciertos principios básicos. Primero, hay que reformar el sistema bancario global, europeo y español. Ante cualquier nueva quiebra bancaria, la deben pagar sus acreedores. Éstos sufrirán el correspondiente corte de pelo, según un orden de prelación, conforme se fuera deshaciendo el valor de sus activos. Los contribuyentes deben de dejar de financiar errores de gestión privados. Y ya está bien de amenazarnos con riesgos sistémicos.  Para hacer frente a los mismos habrá  que aplicar otras reformas estructurales.

Se trata de imponer el modelo bancario sueco para hacer frente a los problemas de solvencia bancaria como consecuencia de una crisis de deuda provocada por el estallido de la burbuja inmobiliaria

Se trata, en definitiva, de imponer el modelo bancario sueco para hacer frente a los problemas de solvencia bancaria como consecuencia de una crisis de deuda provocada por el estallido de una burbuja financiera o inmobiliaria. Las pérdidas se reconocen hoy. La implementación del modelo sueco permitiría reducir la deuda de cada prestatario a un nivel donde éste pueda permitirse el lujo de hacer frente a los pagos de la misma, pero a su vez el importe de las pérdidas asociadas a dichos préstamos se limita de forma que no suponga la creación de capital para el prestatario.

Bajo este escenario se podrá introducir en nuestra legislación lo que en derecho anglosajón se denomina régimen de la segunda oportunidad para personas físicas y jurídicas. Obviamente llevará asociada la dación en pago. Pero tengamos en cuenta que ello implicará que el crédito se ralentizará de manera notoria. No pasa nada. Hay soluciones factibles. Desde el lado de las empresas, obviamente la necesidad de incrementar el recurso a los fondos propios, vital, fundamental, supondrá un gran alivio. Además, se promoverá el desarrollo de fuentes de financiación alternativas. Desde el lado de las familias, frente a la propiedad de la vivienda, hay que promover el alquiler. Hablaremos de ello después.

De manera paralela, como los ciclos de apalancamiento existen, es necesario un control de la expansión del crédito ex ante en lugar de castigar a los deudores a posteriori. Algunos países ya se han puesto manos a la obra. Irlanda restringe la concesión de préstamos hipotecarios a un porcentaje de su valor, bajo un estricto control del supervisor, y pone límites a la cuantía de los préstamos hipotecarios en función del salario. Siendo un poco más agresivos, y con el fin de evitar retroalimentar ciclos de apalancamiento y nuevas burbujas inmobiliarias, se podría conceder el préstamo ya no en función del salario sino del alquiler. El objetivo es muy claro, transformar la vivienda en un bien de uso, y no de inversión, y, porque no decirlo, hundir definitivamente el precio de la vivienda. Para ello es necesario impulsar, siguiendo los modelos de los países nórdicos y centrales, un parque de viviendas públicas de alquiler.

Separación real entre banca comercial y de inversión

Hay que promover una separación real entre la banca comercial y banca de inversión. Aquí, en nuestra querida España, la banca comercial está ganando muchísimo dinero con operaciones de inversión y sus clientes están desamparados. Muchos de esos productos son tratados además como si fueran bienes de consumo. Nuestro país debería desarrollar una regulación similar a La Ley de Servicios Financieros del Reino Unido elaborada a partir del Informe Vickers y de las críticas al mismo.

Las entidades británicas deben establecer antes de 2019 un anillo de protección en torno a su negocio comercial (cuentas corrientes y de ahorro, hipotecas, préstamos a particulares y empresas…), que tendrá estatus legal propio y se gestionará de forma independiente a otras actividades más arriesgadas del banco, como las inversiones. Las autoridades reguladoras forzarán la "separación" de los bancos que no aíslen adecuadamente las actividades de banca de inversión de las de banca comercial. Otras propuestas son la Regla Volker como parte crucial de la Ley de Reforma Financiera de Estados Unidos, también conocida como Dodd-Frank, que en principio trataba de limitar el tamaño de los bancos y restringir sus actividades de riesgo. ¿Y en Europa? Nada de nada, el Informe Liikanen para la Unión Europea, encefalograma plano.

Finalmente, en el caso de nuestro país, al igual que ha ocurrido en la mayoría de países occidentales, la actual crisis sistémica paradójicamente ha producido una mayor concentración del sistema bancario. Ciertos bancos han alcanzado un tamaño excesivamente grande y constituyen un auténtico riesgo sistémico para la economía global. Además, aprovechándose del riesgo moral de que son “demasiado grandes para quebrar”, están siendo subsidiados por los contribuyentes de las distintas naciones. Es necesario acabar con ello. Se debe estudiar la necesidad de imponer límites en nuestro país a la concentración de depósitos, préstamos u otros indicadores bancarios, en definitiva al tamaño de los bancos.

Estas son auténticas reformas estructurales. Lo que se ha hecho hasta ahora, el rescate bancario, la devaluación interna, el deterioro de los servicios básicos, la reforma laboral, el fortalecimiento de los oligopolios, y un largo etcétera, tiende en realidad a acelerar más aún la concentración de poder -económico, político y mediático-. Además, empeora la competitividad de nuestra economía y aumenta la corrupción sistémica. Una aclaración final, deberemos, a su vez, reprimir ciertas tentaciones de subsidiar determinados precios.  


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