Desde la heterodoxia

Draghi, Guindos, y Lagarde se equivocan

Escuchando las declaraciones de Mario Draghi, Luis de Guindos, o Christine Lagarde en la cumbre de Davos no dejo de salir de mi asombro. Demuestran hasta qué punto no han entendido nada de la actual crisis sistémica. ¿Cómo se puede afirmar que en el segundo semestre de 2013 se iniciará la recuperación perdida, cuando todos los elementos que provocaron la actual crisis económica no solo no se han corregido sino que han empeorado? La deuda total, privada y pública, no se ha reducido, bien al revés no deja de escalar posiciones, y la banca occidental sigue siendo un muerto viviente, zombi en el argot cinematográfico. ¿Cómo se puede seguir engañando a los ciudadanos?

La razón es que todos ellos se han equivocado en su análisis económico y en sus propuestas o recetas para salir de la crisis. La realidad es que no han entendido lo que es una recesión de balances, y han implementado la mezcla de políticas económicas (austeridad fiscal, expansión monetaria, y deflación salarial) más autodestructiva de la historia. De ello ya hemos hablado largo y tendido.

Como botón de muestra de la intensificación del deterioro económico valgan dos datos. El PIB de nuestra querida España ha profundizado su caída en el último trimestre del año al contraerse entre un 0,6% y un 0,8%, lo que supone en términos anualizados descensos entre el 2,5% y 3%. En ese mismo período, la actividad económica de Reino Unido, tras la ilusión del tercer trimestre, ha caído un 0,4% intertrimestral, bastante más de lo esperado por el mercado. Ahora se entiende la huida hacia delante de David Cameron promoviendo un referéndum sobre la posición de Reino Unido en la zona Euro. Pura distracción. ¡Qué manía tienen algunos políticos de convocar referéndums para tapar su nefasta gestión!

Alemania y países emergentes repatriando oro

Sin embargo, están pasando desapercibidos ciertos movimientos en los mercados de capitales que sugieren todo lo contrario, el temor a un recrudecimiento de la crisis económica vía guerra de divisas. Alemania, Rusia, y otros países emergentes están repatriando el oro, cuyo índice físico ha tocado máximos históricos. Lo que refleja es una brutal desconfianza en un sistema monetario global descontrolado.

Desde este blog siempre hemos defendido que la resolución de la actual crisis económica, de carácter sistémico, exigirá, entre otras cosas, una nueva moneda reserva mundial que supere al dólar. Ello permitirá sacar a la luz una guerra soterrada que se viene produciendo en los últimos años en el tablero mundial, especialmente en los organismos multilaterales, y de consecuencias imprevisibles. Nos referimos a la guerra de divisas.

El problema actual de Occidente es el brutal endeudamiento privado alrededor de una serie de activos cuyos precios en los últimos años no han hecho nada más que caer. Como consecuencia, el sistema bancario, que de manera irresponsable concedió dicha deuda, es insolvente. En este contexto los sectores privados entran en una profunda recesión económica: las familias disminuyen el consumo y recuperan ahorro; las empresas no financieras no invierten, destruyen capital ya instalado, y despiden a trabajadores; y las entidades financieras cortan el grifo del crédito, en un contexto de incremento de la mora, y tratan de recapitalizarse a costa de los contribuyentes. Los ingresos públicos se hunden, aumenta el déficit público y se incrementa la deuda del Estado. La relación causa-efecto es la del sector privado al sector público. Nos encontramos en una recesión de balances.

Para compensar el desapalancamiento del sector privado, algunos países, entre ellos el nuestro, buscan que los estímulos para la demanda doméstica procedan de las exportaciones, es decir, incrementar contribución externa para la recuperación de la demanda. Pero, para ello se necesita un mayor gasto agregado de las economías emergentes o de aquellos países occidentales con fuerte ahorro neto, como Alemania, que puedan crecer más vía componentes autónomos. Y aquí surge un problema, los países BRIC y Alemania implícitamente, ante los desequilibrios galopantes de Estados Unidos o Reino Unido, reclaman una nueva moneda reserva supranacional que supere al dólar, con el fin de balancear el mundo.

La creación de una moneda supranacional reduciría el impacto de una devaluación del dólar, y es lo que los países BRIC empiezan a reclamar cada día con mayor intensidad. Por el contrario, Estados Unidos, no quiere abandonar el papel del dólar como moneda reserva, ya que tendría problemas de refinanciación de su deuda.

Nos encontramos, dentro del desapalancamiento que está viviendo la economía global, ante un riesgo más de naturaleza endógena (su distribución de probabilidad no es conocida), de consecuencias imprevisibles, y que apenas es considerado por el establishment económico y político dominante: una renegociación de la deuda de los Estados Unidos y una crisis del dólar.

Hacia una nueva moneda reserva

El método más simple sería transformar los derechos especiales de giro (DEG) en este nuevo instrumento monetario mundial, manteniendo las divisas de las principales economías mundiales en la cesta de definición de su valor: dólar estadounidense, Euro, yen japonés, yuan chino, real brasileño, rublo, divisa de los países del Golfo (si emergiera para entonces), rand sudafricano, y tal vez el oro que vuelve a ser de hecho una divisa-refugio. Se trata de refundar el sistema monetario mundial sobre la economía real, para salir de las divisas “financieras” como libra esterlina o franco suizo. Problemas técnicos no existen. Hay experiencia en las instituciones internacionales para efectuar en uno o dos años todo el trabajo necesario para la creación de tal divisa. La dificultad estriba únicamente en que el G20 tenga una decidida voluntad política para establecer un calendario para crear y lanzar esta nueva divisa.

Esta voluntad y la gravitación necesaria y suficiente para concretarla en actos existen potencialmente en un subgrupo del G20 compuesto por Eurolandia, los BRICS y otros países emergentes. La creciente confrontación entre, por un lado, Eurolandia y, por otro, Wall Street y la City van a crear las condiciones perfectas de una convergencia Eurolandia-BRICS sobre dicha agenda.

Sin un “patrón fiable”, no hay sistema económico y financiero estable. Es por esto que esta prioridad es estratégica. Sin ella, nada significativo o sostenible puede hacerse ya que toda medida se encuentra pervertida por un patrón, el del dólar, devenido frágil, elástico e imprevisible. Sin embargo, mucho me temo que no habrá acuerdo, y que al final se producirá una guerra de divisas, con sus consecuencias nada halagüeñas para la economía global. Por eso, disculpen mi insistencia, no comprendo la falta de visión de Draghi, Guindos, o Lagarde, salvo que representen, en realidad, a los principales establecimientos financieros mundiales, aquellos que se niegan a revisar el actual sistema monetario, y que en última instancia deberían someterse bajo un control público, parcial o completo ya. Pero de eso, ya hablaremos.


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