Desde la heterodoxia

Discrepo, España se asoma al abismo

España ha sido utilizada como un conejillo de indias por las élites que nos llevaron al abismo más profundo de nuestra historia reciente. Bajo el eufemismo de “reformas estructurales” se ha multiplicado como nunca la pobreza y miseria de nuestros compatriotas, a través de una reducción salarial y precariedad laboral extrema. Lo peor es que nuestros políticos lo saben, conocen los datos extraídos de los informes y análisis de Caritas. Sin embargo, sus únicos comentarios son “por favor tengan caridad cristiana y no lo publiquen, no vayan a desanimar al personal”. ¡Qué cinismo!

Detrás de este empobrecimiento se encuentra la masiva destrucción de empleo. Se han eliminado la friolera de más de 1.300 millones de horas trabajadas desde el inicio de la crisis. Una vez que se aumenta el trabajo a tiempo parcial y la temporalidad, la única medida correcta para analizar la evolución del empleo son las horas trabajadas. Y esto será así mientras el Instituto Nacional de Estadística (INE) no publique distintas medidas de tasa de paro que reflejen tal precarización. Desde estas líneas ya propusimos que imitaran al Bureau of Labour Statistics de los Estados Unidos. Los economistas que analizan la economía estadounidense suelen utilizar una medida de tasa de paro muy conocida por sus siglas, U6, o "unemploment 6", que refleja mejor la realidad del mercado laboral.

Deuda soberana y deuda externa neta

Para rematar el panorama, bajo Rajoy “el austero” se ha incrementado la deuda soberana a la tasa de crecimiento más alta de nuestra historia democrática. Si atendemos a las Cuentas Financieras de Banco de España, el montante de deuda de las administraciones públicas supera en realidad los 1,3 billones de euros, lo que supondría un incremento de más de 520.000 millones de euros, en solo dos años y tres meses -el último dato disponible corresponde a final del primer trimestre de 2014-. Detrás de esta brutal expansión de la deuda pública no se pretende sostener el empleo, los ingresos, las pensiones, la seguridad de una vivienda, tener unos estándares salariales mínimos, o el derecho a una educación digna como elemento de mejora social. Casi la mitad corresponde a incrementos de deuda pública para financiar a terceros. Se está protegiendo y rescatando la riqueza de unos pocos.

Además, tras el "repentino" e intenso empeoramiento de nuestro sector exterior durante los últimos trimestres, se ha incrementado la deuda externa neta de nuestra querida España hasta alcanzar un nuevo récord histórico, nada más ni nada menos que 1,021 billones de euros, el 99,8% del PIB. Aún no hemos salido de la crisis y una nueva crisis de balanza de pagos se cierne sobre nuestra economía.

Sector bancario y Seguridad Social

Sin embargo, la situación de fondo todavía es más compleja y estructuralmente más negativa. Quien ha financiado en su inmensa mayoría el repunte de la deuda pública es aquel sector que a su vez ha sido financiado a través de la misma, el bancario, que ahora deberá provisionar más capital tras las pruebas de resistencia que se publicarán en las siguientes semanas. Ello les ha “forzado” a reducir algo sus tenencias en deuda soberana patria. Si se produce un aumento de la aversión al riesgo además de una crisis de deuda soberana tendremos una crisis bancaria.

Pero los problemas se acumulan. La precariedad en el empleo, casi un 22% del mismo es a tiempo parcial o media jornada, está dejando a la Seguridad Social con un déficit crónico que supera el 1% anual, lo que sin duda está afectando al funcionamiento presente y futuro e incorpora un riesgo que puede poner en peligro la viabilidad. Con una demografía regresiva, con una emigración de jóvenes en edad fértil cada vez más numerosa, y sin política de familia y conciliación, España se aboga a un envejecimiento que pondrá en riesgo las pensiones futuras, si no hay un cambio en las cotizaciones sociales al alza. En este contexto, el Gobierno está vaciando la hucha de las pensiones, el fondo de reserva de la Seguridad Social, que por cierto tiene invertido el 97% de su dinero en deuda soberana patria -en el año 2008 representaba el 57%- incumpliendo los criterios de diversificación y de calidad crediticia.

Los mercados financieros y el FMI

Lo único que ha mantenido a flote nuestra economía es la llegada de flujos de inversión extranjeros concentrados en operaciones especulativas debido al bajo precio del activo correspondiente, bajo el paraguas de la “seguridad” aportada por los bancos centrales. Dicho de otro modo, la tremenda propensión al riesgo de los mercados financieros, variable no controlada por los gobiernos, es lo que ha evitado hasta ahora el derrumbe. Sin embargo, el aumento de la aversión al riesgo en los mercados financieros que ya se ha iniciado, es el detonante que nos llevará al abismo, si bien la razón fundamental es el fracaso de las medidas de política económica implementadas por la ortodoxia bajo un diagnóstico incorrecto.

Bajo este panorama el análisis del Fondo Monetario Internacional (FMI) en su último informe para la economía española no deja de ser esquizofrénico. Incapaces de prever nada porque simplemente su visión sobre cómo funciona el sistema capitalista es falsa, insisten, persisten y perseveran en las mismas políticas. Detrás de ello hay un instinto de supervivencia de la clase dominante, la gerencia bancaria, representada en el FMI por su cúpula.


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