Desde la heterodoxia

Dijsselbloem: llegó la hora de las quitas

Con las declaraciones de Dijsselbloem, aquellos que mandan empiezan a asumir lo que se tenía que haber hecho en 2008: ¡no se puede rescatar con dinero público a bancos privados!  Desde este blog he mantenido una crítica constante de todas las políticas que emanan de Bruselas, pero en las declaraciones del actual presidente del Eurogrupo hay algo, que bien implementado, debería merecer nuestra atención.

La política económica diseñada en Europa para afrontar la actual crisis económica toca a su fin. Pensaban que extrayendo rentas a la ciudadanía, a través de restricciones fiscales y salariales, unido a una mejoría del sector exterior, podrían recomponer la insolvencia bancaria. Pero de eso nada de nada.

Y, por qué ahora. Simple y llanamente porque el destrozo ya no afecta solamente a los países periféricos, se está trasladando a las economías centrales: la holandesa, la alemana, la finlandesa, la austriaca… Echen una ojeada a sus PIB en 2012, y a las previsiones para 2013. Recesión y desempleo extendiéndose como la pólvora. Y en Alemania elecciones en otoño.

Se acabó la fiesta y el subsidio a banqueros. Punto y final. Que la gerencia de los bancos y sus acreedores apechuguen con los destrozos que generaron. Es la hora de las quitas. Pero debe hacerse de manera inteligente, según un orden de prelación, como se tenía que haber hecho en 2008: en primer lugar, en los bancos intervenidos, se debe echar a toda su gerencia a la calle; segundo, se debe exprimir hasta la última gota a sus accionistas; si no es suficiente, que no lo será, se debe continuar con los bonistas junior y senior. Si se hace así, aunque sea tarde, en España no haría falta, en principio, tocar depósitos. Pero, por favor, olvídense de las garantías de los 100.000 euros porque solamente los puede asegurar la manguera de la liquidez del Banco Central Europeo, y ya hemos visto como se las gastan.

Terminar con los bancos demasiado grandes para quebrar

Si ustedes invierten en un fondo de inversión, en una acción, o en un bono corporativo, y cae el precio, asumen las pérdidas, y punto. Se trata del riesgo de mercado. Todos los participes en el mercado lo entienden y asumen el riesgo que toman.

Sin embargo desde 2002, tras la crisis bursátil de las tecnológicas y, especialmente, a partir de 2008, con el subsidio implícito otorgado por los gobiernos y bancos centrales a los bancos, las élites empezaron a trasladar el riesgo al balance bancario. Si las apuestas salen mal, aplicando el principio “demasiado grande para quebrar”, no pasa nada, ya me rescatarán. Los bancos centrales compraban deuda bancaria en mercado secundario, y/o inyectaban la manguera de liquidez para ganar tiempo. Además, como se protegía implícitamente a bonistas senior y a depositantes, todos contentos.

Sin embargo en Europa se han generado auténticos monstruos: bancos demasiado grandes para quebrar. En la mayoría de los países de Europa un incumplimiento de deuda soberana o del gobierno, no tendría un impacto tan grande como un contagio de los riesgos del sector financiero. Por ejemplo, utilizando datos de JP Morgan, en Suiza, los activos de los dos principales bancos, UBS y Credit Suisse, solos representan casi el 600% del PIB del país; en Bélgica, Dexia supone el 180% del PIB; en Francia, BNP Paribas, Credit Agricole, Société Générale representan el 237% del PIB; en Alemania sólo el Deutsche Bank equivale al 84% de su PIB; en Italia, Unicredito, Intesa Sanpaolo el 101%; en  Países Bajos, Fortis el 155%; en España sólo el Banco Santander el 92%; y, pásmense, en Reino Unido, RBS, Barclays, y HSBC el 337%. Comparen estos datos con los cinco mejores bancos de los Estados Unidos: JP Morgan, Citigroup, Bank of America, Wells Fargo y Fannie sólo equivalen al 56% del PIB.

Porque recuerden lo que Dijsselbloem acaba de decir: "los países donde el sector bancario tiene mucho peso deben mirar como reestructurarlo, es decir, como, reducir su tamaño", en otras palabras, un desapalancamiento forzado. Y el impacto total de la "renormalización" significará aproximadamente unos 6 billones de euros. ¿Quién lo aportará? Los Estados no, se acabó. Al final saldrán de los bolsillos de sus acreedores, primero accionistas, después bonistas, y, si hiciera falta, depositantes. En definitiva de los ahorradores.

Es la hora de las quitas

Desde este blog hemos hecho hincapié hasta la extenuación, en que lo más urgente para una reactivación económica en el largo plazo pasa por una reordenación y reducción del tamaño del sistema bancario patrio y global, que además conlleve una disminución de la deuda privada y pública existente, y donde los acreedores sufran la correspondiente quita. Parece que este proceso, aunque tarde, está a punto de empezar. Si se hace bien sólo debería afectar a aquellas élites que diseñaron una estructura de ahorro para la economía en la que su riqueza se mantenía, así como las instituciones que la controlan. En caso contrario, como hasta ahora, se hará a nuestra costa.

Pero además son necesarias nuevas herramientas. Se debe restablecer la ley Glass-Steagall, donde se separe claramente los bancos comerciales de los bancos de inversión. Hay que limitar el tamaño y el apalancamiento de los bancos, como porcentaje del PIB de un país. Y, por cierto, hay que poner coto a los salarios de una gerencia que guiada por la avaricia nos ha llevado hasta aquí. En un momento como el actual, donde los beneficios bancarios los determinan los bancos centrales, el salario de los Botín y compañía debería ser inferior al del gobernador del Banco de España.


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