Desde la heterodoxia

Diagnóstico y propuestas para evitar una depresión económica

La mayoría de los análisis que se están haciendo sobre la economía española presentan dos clarísimas deficiencias. En primer lugar, hacen un diagnóstico erróneo sobre las razones que han provocado la actual crisis económica. En segundo lugar, y derivado de lo anterior, las recetas ofrecidas no hacen sino ahondar aún más el empobrecimiento de nuestro país.

Los gobernantes actuales achacan los males de la economía española a la ineficiencia del sector público y a una baja productividad del factor trabajo, que deberá compensarse vía salarios más bajos. En base a este diagnóstico aplican el recetario de la Teoría Neoclásica dominante, bajo el cual se educaron. Consiste en un cóctel peligroso para la salud de los españoles: política fiscal restrictiva, política monetaria expansiva (papel del BCE), y deflación de salarios.

Como consecuencia la economía española se ve abocada en los próximos años a una depresión económica, que en términos técnicos se conoce como deflación por endeudamiento. Frente a este análisis, desde mi punto de vista, pretendo ofrecer un diagnóstico distinto, y unas propuestas diferentes para salir de la crisis.

Diagnóstico

Primero.- En España el sector privado presenta problemas de solvencia. La deuda de las familias, empresas, y entidades financieras supera el 320% del PIB, y el precio del colateral que soportaba la mayor parte de la misma se ha desplomado.

Segundo.-La banca española, que de manera irresponsable concedió dicha deuda, es insolvente. Cuando tanto se habla de ineficacia del sector público, ¿es posible una mayor ineficiencia que el comportamiento de bancos, cajas de ahorro, y empresas inmobiliarias en los últimos 10 años?

Tercero.- Los sectores privados están en una profunda recesión económica. Como consecuencia del descenso del colateral, y los elevados niveles de endeudamiento, las familias disminuyen el consumo y recuperan ahorro, las empresas no financieras no invierten, destruyen capital ya instalado, y despiden a trabajadores. Las entidades financieras cortan el grifo del crédito, en un contexto de incremento de la mora, y tratan de recapitalizarse a costa de los contribuyentes.

Cuarto.- Los ingresos públicos se hunden, aumenta el déficit público y se incrementa la deuda del Estado. Si en el año 2007 la deuda de las administraciones públicas se situaba en el 41% del PIB en el último dato disponible, tercer trimestre de 2011 alcanzaba el 73%. Observamos como la relación causa-efecto es del sector privado al público, y no al revés.

Quinto.- España es un país fiscalmente desarmado. Las sucesivas exenciones y deducciones en el impuesto de Sociedades, la eliminación de Patrimonio o Sucesiones, y el escaso control sobre el fraude, nos hace ser enormemente vulnerables a los cambios de ciclo. Los tipos efectivos de las grandes empresas son ridículos, alrededor del 10%-15%. Una máxima del sistema fiscal español es la carencia de equidad, que se deja notar cada vez más en el acceso a ciertos servicios públicos en igualdad de oportunidades.

Propuestas

Primera.- Saneamiento del sistema financiero insolvente a costa de gerencia, propietarios y acreedores. La banca presenta un problema de solvencia, y se ha convertido en un sumidero de dinero público, frente a la actitud inoperante, y en muchos casos de connivencia, de reguladores y dirigentes políticos. Resulta imprescindible detener esta sangría de fondos hacía un sistema financiero que no cumple el papel social que tiene asignado.

Por lo tanto, es más necesario que nunca, a través de un banco malo, que la gerencia, los propietarios y los acreedores paguen los platos rotos. Y después de ello, si hace falta, que el Estado entre como accionista. Siempre que se ha hecho así, las cosas han vuelto a la normalidad con relativa rapidez. Véanse los ejemplos de Islandia en 2008 o Suecia en 1992.

Segundo.- Restructuración de la deuda privada: quitas de deuda. El gobierno podría, a la vez que sanea el sistema financiero reducir el valor facial de ciertas hipotecas a un nivel que los propietarios de casas pudieran permitírselo, evitando ejecuciones masivas de las mismas. Ello reduciría la deuda de las familias. Los mecanismos de reducción de la deuda, la limpieza de balances, y de reordenación del sistema financiero ya se implementaron con éxito en el pasado.

Tercero.- Incrementar el gasto social. Paralelamente a la restructuración bancaria se debería aumentar el gasto social para mitigar los efectos sobre los grupos más débiles, e introducir restricciones de capital. Desde 2008 lo ha implementado con éxito Islandia

Cuarto.- Programa de infraestructuras paneuropeo. Es necesario a nivel paneuropeo un programa de inversión pública centrado en energía, transporte, educación, investigación y desarrollo e infraestructuras de tratamiento del agua.

Quinto.- Control de capitales. El aumento del gasto social y la parte que nos toque del programa de infraestructuras incrementará el déficit público, que se debería financiar en un entorno de inestabilidad en los mercados de capitales. A finales de 2011 uno de los mayores expertos de crisis de balances, el economista jefe del banco de inversión japonés Nomura, Richard Koo, en una conferencia impartida en Madrid, habló sin ambages de la necesidad de incrementar el gasto público en un escenario de crisis de balances privados, que se podría financiar perfectamente con el ahorro interno. Y también comentó que la Unión Europea debería establecer si hiciera falta control de capitales. Ante la reacción de cierta audiencia neoliberal no se anduvo con rodeos, “si quieren suicidarse allá ustedes”.

Sexto.- Eliminar todas las deducciones y exenciones fiscales. Los distintos lobbies en España con los sucesivos gobiernos conseguían deducciones y exenciones que acababan siendo permanentes. El valor añadido de las grandes empresas en nuestro país, y el empleo que generan es ridículo. Algo parecido pasa por ejemplo con las deducciones fiscales a la vivienda que lo único que hizo fue inflar más la burbuja. Por lo tanto, se deberían eliminar todas las exenciones y deducciones fiscales existentes.

Si les digo la verdad no espero que ninguna de mis propuestas tenga eco, ni siquiera que mi diagnóstico sea tenido en cuenta. Supondría reconocer que las “verdades indiscutibles”, bajo las que se educaron las actuales élites económicas y políticas, en realidad no representan nada más que juicios metodológicos previos de carácter ideológico.


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