OPINIÓN

Desmontando el régimen neoliberal (IV)

Los ciudadanos se tambalean viendo como pierden sus puestos de trabajo, como desaparece la estabilidad de los mismos y se esfuman sus ingresos, mientras que la economía se inclina hacia la inestabilidad y el estancamiento.

Desmontando el régimen neoliberal (IV).
Desmontando el régimen neoliberal (IV). Craig Cloutier

El régimen neoliberal hizo una apuesta decidida por flexibilizar los mercados laborales, controlar y reducir los salarios. Bajo estos mimbres, como era de esperar, ha sido incapaz de evitar el aumento de las desigualdades, la pobreza y las crisis de deuda y producción que en realidad activó. La libertad económica es indispensable, pero no tal como la ha pregonado el liberalismo dominante. Y sin duda el mayor de sus errores ha sido el desprecio a la clase trabajadora, ésa que ahora se rebela votando populismo.

La doctrina liberal dominante se ha entremezclado con las teorías que arrojan sobre las leyes de la naturaleza la responsabilidad de la miseria de las clases trabajadoras

Los defensores a ultranza del liberalismo, aquellos que se alzan contra el papel del Estado en la economía, no solo no han manifestado especial interés hacia el bienestar de las clases trabajadoras ni deseo de elevar sus salarios, sino que han negado toda justicia al empleo de los poderes gubernamentales con ese propósito. La doctrina liberal dominante se ha entremezclado con las teorías que arrojan sobre las leyes de la naturaleza la responsabilidad de la miseria de las clases trabajadoras, y fomentan una profunda indiferencia y culpabilidad hacia sus padecimientos. Por ello los liberales condenan la intervención gubernamental respecto de las horas de trabajo, del tipo de los salarios, del empleo de las mujeres, de la acción de los sindicatos, proclamando que la ley de la oferta y la demanda es el único regulador verdadero y justo. Han ignorado de manera sistemática la monstruosa injusticia de la distribución actual de la renta y la riqueza.

Por todo ello, en el blog de hoy desmontaremos el cuarto pilar del neoliberalismo que James Montier, y Philip Pilkington identifican en su artículo “The Deep Causes of Secular Stagnation and the Rise of Populism”. Nos referimos a la búsqueda de mercados laborales flexibles con la disrupción de sindicatos y trabajadores.

Los mercados laborales flexibles no producen resultados óptimos

Los principales economistas nos dicen que los mercados laborales flexibles producen resultados óptimos. Nos piden que veamos el mercado de trabajo como lo haríamos con el mercado de manzanas o plátanos. Se nos dice que el mercado de las manzanas y los plátanos funciona mejor cuando podemos regatear el precio porque, si podemos, la oferta y la demanda de manzanas alcanzarán un equilibrio agradable y ordenado. Se nos dice entonces que el mercado del trabajo funciona de la misma manera.

Cuando la tasa de sindicalización en los Estados Unidos y en el resto de los países occidentales estaba en niveles relativamente altos, había tasas muy bajas de desempleo y cuando se encontraba en niveles muy bajos, había tasas muy altas de desempleo

En el mercado de trabajo, bajo este razonamiento, hay un precio del trabajo -el salario- y también hay una cantidad de trabajo -el número de personas dispuestas y capaces de trabajar. Mayores salarios conducen a que más personas deseen trabajar. Los empleadores determinan qué tipo de salario funciona para ellos y lo ofrecen en el mercado. A los trabajadores se les da la opción de si quieren trabajar para ese salario y el número de horas que están dispuestos a trabajar. El salario entonces se ajusta para satisfacer a todos los involucrados y el mercado de trabajo alcanza un equilibrio ordenado equilibrio -es decir, el mercado se vacía. Esta es la visión ortodoxa de un mercado de trabajo flexible. Por contra, bajo esa visión ortodoxa, un mercado de trabajo inflexible es aquel en el que no se permite ajustar el salario. Esto se suele producir porque los sindicatos organizan a los trabajadores y exigen un salario que los empleadores no quieren pagar. Ello conduce a un salario demasiado alto para que se produzca el equilibrio de mercado y se genera desempleo.

El problema con esta teoría es que no está apoyada por la evidencia. Si la teoría fuera correcta, entonces cabría esperar que la tasa de sindicalización de los trabajadores se correlacionara positivamente con la tasa de desempleo. Pero este no es el caso en absoluto. De hecho, cuando la tasa de sindicalización en los Estados Unidos y en el resto de los países occidentales estaba en niveles relativamente altos, había tasas muy bajas de desempleo y cuando se encontraba en niveles muy bajos, había tasas muy altas de desempleo. Me remito a los gráficos de Montier y Pilkington en “The Deep Causes of Secular Stagnation and the Rise of Populism”. Uno de esos gráficos es un diagrama de dispersión donde se establecen los promedios a 10 años de la tasa de desempleo y la densidad sindical de 33 países entre 1960 y 2010. Viendo este gráfico se observa que la relación entre la densidad sindical y la tasa de desempleo es negativa, lo que implica que una mayor densidad sindical se correlaciona con una menor tasa de desempleo. ¡Lo contrario de lo que la teoría predice!

Las mentiras sobre el salario mínimo

Otro componente del dogma de la flexibilidad del mercado de trabajo es que no debe haber salario mínimo. El argumento contra el salario mínimo es idéntico al argumento contra los sindicatos: el salario mínimo constituye una barrera arbitraria para los trabajadores y los empleadores que forman los acuerdos sobre lo que debe ser el salario. Pero de nuevo la historia no encaja con los hechos. Si esto fuera cierto, entonces cuanto más alto fuera el salario mínimo (relativo al salario medio), más personas se verán desempleadas. Pero cuando volvemos a los datos nos encontramos con que este no es el caso. Los gráficos de Montier y Pilkington son de nuevo clarividentes. Uno de esos gráficos, otra vez, es un diagrama de dispersión donde se representa los promedios a 10 años del salario mínimo y las tasas de desempleo de 25 países diferentes entre 1960 y 2010. Si la teoría fuera cierta, se esperaría una fuerte relación positiva, indicando que los países con salarios mínimos más altos tenderían a tener un mayor desempleo. Pero tal relación no se observa.

El neoliberalismo es un proyecto llamado desastre, que no podría ser peor para la política y la economía

En los últimos blogs hemos ido desmontando los pilares del neoliberalismo. Son meras falacias económicas. La evidencia se acumula y pone de manifiesto que la teoría generalmente aceptada y divulgada como verdades ineludibles simplemente es falsa. Como explicitan Montier y Pilkington, el neoliberalismo es un proyecto llamado desastre, que no podría ser peor para la política y/o la economía. Las políticas que prescriben son profundamente disfuncionales y distópicas. Los ciudadanos se tambalean viendo como pierden sus puestos de trabajo, como desaparece la estabilidad de los mismos -miedo y disciplina- y se esfuman sus ingresos, mientras que la economía se inclina hacia la inestabilidad y el estancamiento. Es un proyecto que beneficia a unos pocos a expensas de la mayoría. Y obviamente el populismo es la respuesta al neoliberalismo.


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