Desde la heterodoxia

Democracia, desigualdades y prerrogativas de clase

En España, cada día que pasa, en cada suspiro que tomamos, en cada ocurrencia de nuestras autoridades económicas y políticas, se oye un sonido zumbón. Es un ruido molesto para nuestros oídos que además se burla inmisericordemente de nosotros. Se trata de la trituradora donde los que mandan de verdad han decidido deshacer el contrato social. La línea entre la democracia y un orden social tenebroso es mucho más delgada de lo que pensamos.

Estamos muy cerca, prácticamente al borde del precipicio, de que nuestra democracia sea definitivamente hurtada por una clase mercenaria. Tenemos que recuperar la soberanía de los ciudadanos, nuestros viejos ideales, tantas veces pisoteados y vilipendiados por esos que osan decir que nos representan. Hay que recuperar la responsabilidad colectiva para crear un país donde todos puedan tener una oportunidad justa para una vida digna. La actual crisis sistémica ha traído penurias, privaciones, y un nivel de sufrimiento innecesario para una multitud cada día mayor, especialmente para las familias y grupos sociales más vulnerables.

Las desigualdades y cómo corregirlas

La Fundación BBVA, en colaboración con el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, en el informe anual sobre crecimiento y competitividad alerta de que las desigualdades han aumentado con la crisis, y que han afectado más a los que menos ganan porque en ellos se ha cebado la destrucción de empleo y por eso, añade, que hay que tener especial cuidado en que el futuro crecimiento sea "incluyente".

Hasta aquí perfecto. Pero cuando llegan las recomendaciones de los denominados “expertos”, se me hiela la sangre. Para hacer frente a la pobreza el director del informe, el catedrático de la Universidad de ValenciaFrancisco Pérez, concluía que la prioridad es recuperar puestos de trabajo frente a la posibilidad de subir salarios para apoyar el consumo. Afirmaba, sin despeinarse, que los salarios de los universitarios españoles son un 32% más bajos que la media de la zona Euro, algo que es una ¡ventaja competitiva! Concretamente decía que: "Existe un potencial de producción en nuestro país a menor coste que puede reforzar la capacidad de competir en los mercados y de atraer inversión”. ¡Toma ya!

¡Qué tropa! ¡Cuánta caradura! Estos académicos a partir de hechos constatables, como el aumento sin paragón en nuestra historia reciente de la pobreza, son incapaces de defender algo elemental, unos salarios que garantice que aquellos que trabajen tengan una vida digna para ellos y sus familias. Los salarios no son los culpables del paro. Lo son, sin embargo, la brutal acumulación de deuda privada en torno a un colateral que acabó hundiéndose y una banca insolvente. Ante todo estamos ante una crisis de deuda y bancaria que algunos tratan de disfrazar como una crisis de competitividad.

Incompetencia económica y prerrogativas de clase

Al igual que sus correligionarios del servicio de estudios del BBVA, cuyo informe recogido bajo el título “¿Puede la moderación salarial reducir los desequilibrios económicos?” ya analizamos en su momento, los autores del estudio anual sobre crecimiento y competitividad implícitamente sugieren que con unos salarios bajos podrá comenzarse una especie de círculo virtuoso por el que el aumento del empleo daría lugar al incremento de rentas salariales y del PIB. Y una vez que crezcamos disminuirán las desigualdades. Y todos seremos felices y comeremos perdices. Se trata de estudios donde las hipótesis de partida utilizadas son falsas, y por lo tanto los resultados obtenidos profundamente erróneos

La relación negativa entre salarios reales y empleo conforma en realidad una correlación espuria. En economías que crecen vía deuda, alrededor de una burbuja inmobiliaria, los salarios reales caen y el empleo aumenta. Pero no se trata de una relación causa-efecto. Por eso, las recomendaciones de la ortodoxia, la disminución del salario real, llevará en realidad a una subida del margen de beneficios por unidad vendida, pero la masa de beneficios totales no cambia en modo alguno, mientras que la renta nacional, ventas y empleo global disminuirán. La propuesta de recortes salariales acabaría siendo contraproducente, aceleraría la espiral deflacionista, hundiría definitivamente al sector bancario, y nos llevaría a una crisis de deuda soberana. Un colapso total.

¿Por qué después de tanta evidencia en contra se continúan recomendando las mismas recetas? Sólo caben dos respuestas, la incompetencia estructural, o el instinto de clase. En realidad hay una mezcla de las dos hipótesis, pero el empecinamiento en la implementación de políticas fracasadas hace que nos decantemos finalmente por la segunda.

Se ha rediseñado una nueva política económica bajo los eufemismos de austeridad fiscal expansiva y devaluación interna. Mediante ella, ciertas élites capitalistas, con la ayuda entusiasta de sus apéndices políticos, quieren recuperar sus tasas de gananciaa base de sacrificios de los trabajadores y de espaldas a las aspiraciones de las poblaciones del resto del mundo. ¿Se lo vamos a permitir?


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